II
A la mañana siguiente, antes de salir el sol, Andrés se ponía en marcha y caminó toda la mañana de un tirón. El carril que lo llevaría a la meta de ese día cruzaba un campo de árboles frutales, el cual le daba al paisaje una vista espectacular. Los diversos colores de las frutas, que se exhibían entre las hojas verdes de las ramas, eran dignos de admiración. El campo estaba solitario, nadie se veía por los alrededores.
De pronto sintió el deseo de coger una manzana que había caído al suelo y que tenía buena vista. Entró en el bancal y se agachó para coger la fruta.
-Deja esa manzana en el suelo.
Andrés se estremeció y dio un respingo, debido a la voz que acababa de escuchar, dejando caer la manzana al suelo. Se incorporó y dirigió su mirada hacia el lugar de donde provenía el sonido.
-Perdone, señor, es que la he visto tan apetecible que he sentido el deseo de clavarle el diente. Como estaba en el suelo, pensé…
-Pensaste que… No, hombre, no, coge una manzana del árbol… Bueno, una o dos…Coge todas las que quieras y come, que son para eso.
-Muchas gracias, señor, yo solo quiero una.
El hombre cogió una bolsa y le puso en ella 10 ó 12 manzanas.
-Toma, come las que quieras. ¿Vas muy lejos?
-Voy a Los Tres Robles.
-¿A Los Tres Robles? Irás en coche, ¿verdad?
-No, señor, voy andando.
-¿Andando? Tú estás loco, hombre, si eso está muy lejos de aquí para ir a pie.
-Ya lo sé, ya. ¿Qué le debo por las manzanas?
-Qué me vas a deber, si te las he regalado yo. Nada, que tengas buen viaje y te vaya bien.
-Muchísimas gracias, señor, que Dios se lo pague.
El joven se alejó a paso firme y ligero, con el propósito de llegar lo antes posible al lugar de su destino, cosa que logró sin dificultad alguna.
1 comentario:
Hola, amigos y amigas.
Os dejo un capítulo mas del correcaminos. A ver las aventuras que le pasan a lo largo de su viaje y que nos contará. Esperemos que no se arrepienta, jaja y llegue al final.
Os dejo abrazos para todos y todas rellenos de gratitud.
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