VIII
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Llegó a Villa Verde de los Lagos. Cruzó el pueblo y buscó un lugar tranquilo a la orilla de un arroyo para lavarse y comer bajo las sombras de los arbustos.
-Pepita, ¿tú estás viendo lo que yo veo?
-¿Qué ves, María?
Dos mujeres de mediana edad, miraban hacia el riachuelo.
-Mira, allí, en aquellas sombras.
-Ah, sí, hay algo que brilla, ¿verdad? Parece una… Parece una luz, ¿o qué es eso?
-Vamos a ver lo que es.
-Sí, vamos.
Una mochila, ropa doblada y una foto en un marco de sobremesa reposaba en las sombras y entre algún rayo de sol, que al contacto con el cristal del cuadro, brillaba como una luz intensa.
Las mujeres miraron a su alrededor y no vieron a nadie. María se acercó y cogió la foto, sin darse cuenta que era observada desde el otro lado de los arbustos.
Andrés se bañaba desnudo en las aguas que corrían tras los matorrales de la orilla, cuando oyó que alguien se acercaba. Miró por entre la espesura verde haciendo un hueco con las manos para dejar ver lo que había al otro lado e interrumpió su lavado para no hacer ruido.
-¡Qué guapa! –exclamó María.
-Deja eso donde estaba.
La voz de un hombre sonó inesperadamente haciendo que María diera un respingo tan grande que estuvo a punto de que se le cayera el cuadro. La mujer lo soltó con cuidado mientras miraba hacia donde provenía la voz, sin saber qué decir para disculparse. Solo le dio tiempo para verle el rostro que emergía de las cristalinas aguas y, acto seguido, las dos mujeres reanudaron su camino, riendo y haciendo comentarios sobre lo ocurrido.
-¿Quién será ese hombre y por qué llevará esa fotografía?
-Algún chiflado, seguro, porque para viajar con una mochila y un cuadro de una mujer no se puede estar muy cuerdo, aunque hay que reconocer que la joven es guapísima.
-Podría ser su madre…
-¿Su madre? Pero si es una chica joven.
-Sí, es joven pero yo creo que esa fotografía no es reciente. Podría ser que esté muerta porque si te has dado cuenta, el fondo de la foto es un cielo con estrellas, y eso quiere decir que está en el cielo. Además, se parece mucho a él.
-¡No digas tonterías! ¡Cómo vas a decir que se parece si ni siquiera le hemos visto la cara!
-Serás tú, yo sí se la he visto. Es muy joven y guapo.
Los comentarios corrieron de boca en boca por todo el pueblo, tomando fuerza en su variedad para todos los gustos.
“Dicen que en el arroyo hay un joven loco, que viaja con una fotografía de su madre muerta”.
“Ha perdido la razón después de perder a su madre”.
“No tiene casa y por eso va de un lado a otro con una mochila y una fotografía de una mujer muy guapa”.
“María, la hija del panadero, lo ha visto con sus propios ojos. Dice que es muy guapo, que se parece a su madre, pero que se le nota mucho que está chiflado”.
”Es un peligro que una persona en estas condiciones viva en el arroyo. Puede coger a alguna muchacha y hacerle daño, hay que denunciarlo antes que sea demasiado tarde”.
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Piedad Martos Lorente