jueves, 14 de febrero de 2019

HOY TE QUIERO MÁS QUE AYER Y MENOS QUE MAÑANA

MISIVA AL CIELO

 

Ángeles y Serafines,

llevad esta misiva

a esa alma que se fue

y que fue el amor de mi vida.

Fue el ángel de mi guarda,

el que me amó sin condiciones,

el que me decía: "te quiero"

con simpáticas expresiones.

 

El que le brillaban los ojos

cuando los míos buscaba,

el que me daba su brazo

para que en él me apoyara.

El que velaba mis pasos

alejándome del peligro,

como el que vela los sueños

en la infancia de un niño.

 

Ángeles y Serafines,

llevad mi carta al cielo,

para que sepa mi ángel

lo mucho que lo quiero.

Que nunca olvide mi cariño

como yo tampoco olvido el suyo,

lo llevo siempre conmigo

en el lugar más profundo.

 

En ella le doy las gracias

por lo que significó para mí,

por quererme como me quiso

y por hacerme feliz.

Por venir a mi encuentro

con el corazón en la mano,

por las bonitas palabras

que brotaban de sus labios.

 

Ángeles y Serafines

llevad mi misiva al cielo,

que hoy quiero decirle

lo mucho que lo quiero.

 

Piedad Martos Lorente

 

jueves, 31 de enero de 2019

desempolvando cuentos y relatos

 

EL NIÑO DE LA CARA TRISTE

 

Érase una vez, un niño llamado Lucas, que vivía en un bonito palacio con todas las comodidades y valiosos juguetes que complacían sus caprichos. El palacio estaba rodeado de un hermoso jardín que embellecía el lugar, donde Lucas podía jugar y contemplar tanta belleza al mismo tiempo que disfrutaba de la naturaleza. Pero a pesar de todo de lo que poseía, Lucas estaba siempre triste y amargado, no era feliz, por eso le llamaban "el niño de la cara triste".

Un día, enfurecido consigo mismo, Lucas daba patadas a las bellísimas flores que adornaban el jardín como si ellas fueran culpables de su amargura. De pronto oyó una voz que le decía:

-¿Por qué golpeas las flores? ¿Te han hecho algo?

El niño volvió la mirada hacia donde venía la voz y se encontró frente a una imagen que surgía de un destello de luz desconocida para él, pero era la más hermosa que había visto jamás y lo miraba fijamente a los ojos. Lucas sintió como aquella mirada profundizaba dentro de su alma y sintió vergüenza de su comportamiento. La voz volvió a preguntar:

-No has contestado a mi pregunta, dime, ¿por qué golpeas las flores? ¿Qué te han hecho?

-Nada -contestó áspero y punzante como las espinas del rosal que estaba golpeando-. Nada de lo que tengo me hace feliz, las flores no sirven para nada y mis juguetes no me gustan.

Ella contestó dulcemente:

-Sí, mi querido niño, las flores sirven para embellecer y perfumar el lugar donde se hallan, además de distraer la mirada de aquellos que saben contemplar la belleza que la naturaleza pone a nuestro alcance.

En ese momento, un niño de su misma edad pasaba por la calle frente a los jardines del palacio, que con la mirada en alto y un bastón blanco en la mano que le ayudaba a detectar los obstáculos, intentaba dirigir sus pasos hacia su destino. La voz continuó hablando.

-Levanta la cabeza y mira al cielo, contempla el azul que lo envuelve y esas nubes blancas que parecen figuras de algodón movidas por la brisa. ¿No crees que ese niño tiene más motivos que tú para estar triste? Él no puede mirar al cielo, tocar las nubes... Ni tan siquiera puede contemplar este jardín y, sin embargo, en sus labios lleva la sonrisa marcada.

Entonces, Lucas agachó la cabeza y se volvió hacia su bicicleta y otros juguetes que aguardaban para ser utilizados en sus juegos, pero en un arrebato de enfado, el niño pisaba con furia todo cuanto encontraba a su paso.

La voz volvió a preguntar:

-¿Por qué rompes los juguetes? ¿No has pensado en la cantidad de niños que hay en el mundo que serían felices con tan solo un juguete como los tuyos?

Arrepentido se agachó para ordenar los juguetes pisoteados y, por el rabillo del ojo, vio cómo, desde la calle era observado por un grupito de niños que vestían ropas de baja calidad sin apartar la vista de la imagen que, sin proponérselo, Lucas estaba ofreciendo a los viandantes.

De pronto sintió dentro de sí un malestar que no podía explicar, ¿vergüenza?, ¿angustia?, ¿arrepentimiento?.  No sabía lo que era, pero, sin pensarlo dos veces, tomó los juguetes del suelo y los repartió entre los niños que aún seguían con la mirada fija en sus movimientos. Los niños gritaron de alegría al tiempo que reían sin parar agradeciendo a Lucas su gesto tan generoso. Saltaban y reían una y otra vez, hasta el punto que contagiaron al donante y su cara ya no era triste, sino todo lo contrario, en ella se dibujaba la sonrisa y el placer que le causaba ver a los otros niños felices y contentos. Entonces se volvió hacia la bella figura que también sonreía satisfecha por su trabajo y le preguntó:

-¿Quién eres? ¿Por qué has venido?

-Soy un hada buena y he venido a ayudarte a ser feliz, no podía verte triste, pero ya me voy.

Y diciendo esto, desapareció confundiéndose con los rayos del sol.

El niño contempló las flores del jardín, el cielo azul y las nubes blancas y oyó cantar a los pajarillos. Fue en ese instante cuando supo ver la hermosura del paisaje que lo rodeaba, al tiempo que exclamaba:

¡Qué bellas son las flores del jardín! ¡Cuánta hermosura! Perdóname, señor, por no haber sabido ver la grandeza de todo lo que me rodea.

 

Al día siguiente, el niño del bastón volvió a pasar por la puerta del palacio. Lucas lo vio desde su ventana y corrió a la calle hasta alcanzarlo.

-¡Hola, me llamo Lucas! ¿Y tú?

-Hola, Lucas. Yo me llamo Ángelo.

-¿Quieres que te acompañe?

-Bueno, si tú quieres...

 

Y así fue como los dos niños se hicieron amigos, Lucas acompañaba todos los días a Ángelo, le explicaba como era el cielo, las nubes, las estrellas y la luna, las montañas y todos los paisajes que los rodeaban. Lo llevó al palacio y le enseñó su habitación y sus juguetes los cuales compartió con él regalándole parte de ellos. Le explicó lo triste que estaba antes de ver el hada y cuando tenía más juguetes, pero desde que repartió  gran parte de ellos se sentía muy feliz y había aprendido a apreciar lo afortunado que era con poder ver los paisajes y describírselos a Ángelo.

 

Piedad Martos Lorente.

 

Febrero de 2012.

jueves, 10 de enero de 2019

DESPUÉS DE FIESTAS...

Espero y deseo que hayáis tenido felices fiestas y mejor año.
 
También os quiero dar las gracias a todos y a todas por vuestros comentarios y visitas constantes, que me ayudan a seguir adelante. No os nombro uno por uno porque no quiero dejarme a nadie sin agradecer el bien que me hacéis. Son muchos nombres y no me quiero olvidar de ninguno, pero sí os puedo asegurar que os llevo en el corazón.
 
Os dejo mis abrazos y cariño junto a este relato.
 
 

-Bueno, ya han pasado todas las fiestas, comenta Aurora a su nieta Alba, que le escucha atentamente.

Ahora cierras los ojos para descansar del barullo de todos estos días y, cuando te das cuenta, te despiertas al son de las chirigotas de Cádiz y ves frente a ti disfraces y más disfraces. Y es que… ¡estamos en carnaval!

Después, cierras otra vez los ojos y cuando los vuelves a abrir, oyes las saetas de Sevilla. Nazarenos… Penitentes… ¡estamos en Semana Santa!

Otra vez cierras los ojos y cuando los abres te encuentras en vacaciones… playa… mosquitos… calor… y… ¡estamos en verano!

Te relajas, cierras los ojos y cuando los abres de nuevo, ves a la castañera y, frente a ti, un manto colorido por diversas flores… ramos, y… visitas al cementerio… y es que estamos en la festividad de todos los santos.

Cierras los ojos y antes que te des cuenta te despierta el olor de los turrones, polvorones y mazapanes. Zambombas… panderetas… ¡Dios mío, volvemos a estar en Navidad!

Y así, en un cerrar y abrir de ojos, se nos ha ido otro año más.

 

-Abuela, no exageres, que por lo menos has cerrado y abiertos los ojos cinco veces, jejeje. Pues a mí, el año  no me parece tan corto, sino larguísimo.

-Claro, cuando tengas mis años ya me dirás…

-Abuela, y ¿cómo te lo diré? Jajaja.

-Yo sé bien lo que me digo. No estaré aquí para que me lo digas, pero te acordarás de esta conversación y dirás: ¡qué razón tenía mi abuela!

¡Los años pasan volando!

 

Piedad Martos Lorente

 

10 de enero de 2019

lunes, 31 de diciembre de 2018

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Adiós dos mil dieciocho.

 

Hoy podría hacer un balance

de tus trescientos sesenta y cinco días,

pero destacaría la tristeza

por encima de las alegrías.

Y es que la alegría es redonda

y la tristeza cuadrada,

por eso, la tristeza se queda

y la alegría se marcha.

 

Para todos pido alegría

salud y felicidad,

que es el deseo que lanzo

con lazo de amistad.

Quiero que viva la ilusión

en este nuevo año,

que siembre paz y amor

y sepamos cultivarlo.

Que todos nos demos la mano

y valoremos la vida,

porque todos somos hermanos

con derecho a vivirla.

 

Que muera la violencia

la venganza y el rencor,

y viva la bondad

que nace del corazón.

 

¡Feliz dos mil diecinueve!

 

Piedad Martos Lorente

 

martes, 18 de diciembre de 2018

¡FELIZ NAVIDAD Y PROSPERO AÑO!

Adoremos a Jesús

En el día de su nacimiento,

En el mundo reine la paz

Y en los corazones, el buen comportamiento.

 

 

Queridos amigos.

Intento distraer la mente escribiendo algún relato divertido, pero por mucho que lo intento, solo florece la tristeza que en los últimos meses me acompaña.

Supongo que igual que yo, habrá muchas personas, sobre todo en estas fechas tan señaladas, que tendrán un vacío en su corazón. Son etapas de la vida que hay que vivirlas.

No por eso me faltan deseos. Por lo cual, estoy aquí con uno de ellos. , os deseo que tengáis felices fiestas 2018-2019. Que el que tenga jóvenes en casa que disfrute de su presencia, porque la juventud es vida y alegría.

 

¡Feliz Navidad para todo el mundo!

 

 

SIN TI NO HAY ILUSIÓN

 

Qué tristes son los días sin ti

Y que poco me importan las fiestas,

Ya no hay ilusión por la que vivir

Ni celebración que me quite las penas.

 

Ya no hay cuidados ni preocupaciones

Que ocupen mi vida diaria,

Solo hay vacío en mi corazón

Y tristeza en mi alma.

 

Ya no tengo a quien cuidar

Ni a quien velar sus sueños,

Solo tengo deseos

Y bonitos recuerdos.

 

Deseos de abrazarte,

De tenerte junto a mí,

De sentir tus caricias

Haciéndome feliz.

 

Qué tristes son los días sin ti

Y que poco me importan las fiestas,

Sin tu presencia me siento morir

Porque sin ti, todo es tristeza.

 

Piedad Martos Lorente

 

18 de diciembre de 2018

 

 

jueves, 29 de noviembre de 2018

PENSANDO EN TI

Un diecinueve te conocí y un veintinueve te perdí, por eso, desde el treinta al veintinueve pienso en ti.
 
 

FLECHAZO A PRIMERA VISTA

 

Recuerdos me vienen a la mente

de aquel día de verano,

cuando cruzamos un saludo

y nos dimos la mano.

 

Tus ojos miraron los míos

y una sonrisa brotó de tus labios,

el amor se despertó

y dos corazones palpitaron.

 

Deseaban  ser uno para el otro,

unirse en cuerpo y alma,

quererse hasta la muerte

después de una vida larga.

 

Nos quisimos y respetamos,

nos amamos con el corazón,

y ahora que la muerte nos ha separado

se muere de dolor.

 

Tengo el corazón herido

y me sangra lentamente,

te busco en el pasado

porque ya no hay presente.

 

Tampoco habrá futuro

ni esperanza que pueda volver,

aquel día de verano

cuando nos vimos por primera vez.

 

En mi mente guardo tu imagen

y en mi corazón tus palabras,

en mi cuerpo tus caricias

y tu bondad en mi alma.

 

Porque fuiste luz en mi vida,

ángel de mi guarda,

guía para mis pasos

y el amor que ahora me falta.

 

Por eso busco el pasado

y aquel día de verano,

cuando cruzamos un saludo

y nos dimos la mano.

 

Piedad Martos Lorente

 

domingo, 18 de noviembre de 2018

MIS CESTOS Y CANASTOS

Estos son mis trabajos, que nada tienen que ver con el texto que le acompaña.
Con él solo pretendo sacar una sonrisa de donde esté escondida... si lo consigo estaré satisfecha.
 
 

LA GITANILLA CANASTERA

 

En cualquier rincón del Sur podríamos encontrar un escenario para esta escena, que bien podría ser del pasado siglo.

 

Una gitanilla, con gracia y salero, va pregonando por las calles de cualquier pueblo: "Canastos vendoooo".

 

Gitana: Anda, payo, cómprame un cesto, que mira qué bonicos son. De mimbre fina y pelá, que le puedes regalar a esa muchachita que te tiene perdíos los sentíos. Acércate, hombre, y tócalo, que no te voy a comer. Mira qué cosa más bonica. Con esto camelas tú a la mujer de tus sueños en menos que canta un gallo. Le pones unas rosas y…

 

Payo: ¿Cuánto quieres?

 

Gitana: Lo que vale, mi alma. Cinco mil pesetas, ni una más ni una menos.

 

Payo: ¿cinco mil pesetas? ¿Tengo yo cara de billete…? ¿O es que lo has tejido con varillas de oro?

 

Gitana: Ea. Mira cómo tengo mis manos… no querrás que te lo regale.

 

Payo: Mira las mías. Yo también tengo callos y precisamente no son de tocar las palmas.

 

(El joven le da la espalda y se retira. La gitanilla le sigue).

 

Gitana: Payooo… No seas tan desairoso, anda, hombre, cómprame un canasto, que puedan comer mi churumbeles.

 

Payo: Déjame en paz, vete por ahí donde yo no te vea, y cuando nazcan tus churumbeles, entonces te compraré el canasto.

 

Gitana: Maldita sea mi suerte… Mira, te lo dejo en cuatro mil pesetas…

 

Payo: No insistas.

 

(La gitanilla le sigue intentando vender sus trabajos que lleva enganchados en los brazos).

 

Gitana: Qué poca gracia tienes, payo. Parece que huyas del diablo… te lo dejo por tres mil pesetas… dos mil pesetas…

 

(El joven sigue andando sin hacerle caso).

 

Gitana: mil pesetas… quinientas pesetas…Tu madre se quedó descansando cuando te parió… No he visto un joven más esaborío que tú. Ojala te quedes más arrugao que un higo seco.

 

Payo: Toma, quinientas pesetas y vete donde yo no te vea, antes que me convierta en un higo seco y me quieras comer.

 

Gitana: Payooo, me faltan cuatro mil quinientas peseetas…

 

Piedad Martos Lorente