viernes, 17 de agosto de 2018

DE MI LIBRO AVENTURAS EN LA NOCHE

DESAFÍO DE COLORINA

 

Esbelta y sonriente, Colorina, una rata de mediana edad, fortota ella y de semblante simpático y agraciado, avanzaba por la calle principal atraída por el fuerte y apetitoso olor que desprendían los variados quesos expuestos en la tienda de la esquina, regentada por Crispi, un gato guapo, blanco y negro y, con un gran bigote que le hacía ser interesante y respetuoso.

 

Decidida a saborear tan ricos manjares, Colorina empujó lentamente la puerta del comercio para no hacer ruido y, sigilosa, se plantó delante de la estantería donde se exhibía el delicioso comestible, pero la campanilla que colgaba de la puerta para anunciar la llegada de posibles clientes sonó inesperadamente haciendo que Crispi, que en esos momentos ordenaba los cajones de detrás del mostrador, dejara sus quehaceres para atender a su nuevo cliente. Cuál fue su sorpresa al comprobar que la visitante no era otra que Colorina, conocida en todo el barrio por su astucia y por ser desafiante con los más atrevidos. Se decía de ella que ningún gato había podido derrotarla. Crispi sonrió, al tiempo que se le inflaban los bigotes y afilaba las uñas en el saco que colgaba del mostrador, mientras pensaba para sí: "Ahora vamos a ver quién derrota a quién, jajaja, me voy a divertir un rato".

 

A punto estaba de empezar el espectáculo aunque sin espectadores, se lamentaba él, cuando ella percibió a través de su sexto sentido que en aquellos momentos era observada y que algo iba a ocurrir. Su intuición hizo mirar con recelo y su mirada se cruzó con la de Crispi que, frente a ella, con el rabo empinado y los ojos chispeantes de alegría, tomaba posición de ataque. Ella gritó con todas sus fuerzas: "¡Ay, socorro!", y de un salto se plantó en medio de la calle. Corrió hacia el jardín que había al otro lado de la calzada desapareciendo acto seguido entre las plantas verdes. Crispi corrió tras ella sin éxito y, malhumorado por su fracaso, volvió a la tienda pues no podía desatender el negocio.

 

Oculta bajo el espeso follaje del jardín, Colorina esperaba las sombras de la noche para salir de su escondite sin miedo a ser perseguida por el comerciante o cualquier otro gato. Mientras llegaba la noche, pensaba en el queso que no pudo comer haciéndosele la boca agua y cómo hacer para comerlo gratis sin que su dueño lo advirtiera.

De vez en cuando asomaba su menudita cabeza por entre las hojas de su escondite, asegurándose de que no hubiera testigos en la calle ni en la tienda, pues todas las precauciones que tomara eran pocas ya que Crispi estaba dispuesto a todo por tal de derrotarla y presumir ante sus amigos de tal hazaña.

 

Una vez comprobado que la zona estaba en calma y que reinaba el silencio, que la tienda se hallaba bañada por la oscuridad de la noche, se preparó para su aventura al tiempo que sonreía pensando en su nueva idea. Se disfrazó de ardilla y, como un relámpago, corrió hacia un agujero descubierto unas horas antes en la parte trasera del edificio,  que le conduciría al comercio de tan sabrosos manjares.

Cruzó la oscura trastienda sin dificultad, guiada por su fino olfato, hasta llegar a la meta con el deseo de saciar su estómago hambriento, con la sorpresa inesperada de encontrar los quesos guardados bajo llave. Olfateó y buscó alguna abertura del mueble por donde poder sacar el alimento, pero el hueco hallado era tan menudito que era imposible poder introducir sus patas, así que decidió agrandarlo aserrando la madera con sus dientes afilados.

 

Crispi dormía plácidamente enroscado sobre su lecho cuando algo le hizo despertar. Olfateó y aguzó el oído al tiempo que se ponía en pie. Pero Colorina ya se había dado cuenta que había sido descubierta y corrió hacia el lado opuesto para disimular ante el comerciante.

 

-¡Cielo santo! ¿Qué ven mis ojos? Ni estoy dormido ni estoy borracho para pensar que lo que veo es fruto de un sueño y, sin embargo, me parece que estoy soñando. ¡Una ardilla en mi comercio! ¿De dónde has caído? ¿Por dónde has entrado? Yo no tengo pinos y el local está cerrado. Pero qué extraño es todo esto, nunca pensé que un ser de tu raza, a deshoras de la noche, visitara mi casa y, en vez de oler a pino, huela a rata.

-¿Me estás diciendo que huelo a rata? ¡Qué horror! ¡Con el asco que me dan! Son repugnantes y asquerosas y con ellas me tienes comparada. Cuando caí del pino, sacudida por el viento, me vi desamparada y había perdido el conocimiento. Aturdida, mareada y, doliéndome todo el cuerpo, huí del peligro que me aguardaba. Como una pelota rodé hasta caer por un agujero y, cuando del mareo desperté, me hallé donde ahora me encuentro.

-¿No serás Colorina y me estás tomando el pelo?

-¿Colorina? ¿Quién es Colorina?

-La rata más lista de todo el pueblo.

-¡Otra vez me comparas con ella! ¿A caso no se me ve que soy más bella?

-Sí, claro, pero es que ella...

-Ella, ¿qué es ella?

-Muy astuta, según dicen. Se ríe de todos y luego los deja con un par de narices.

-Pues qué pena que en la oscuridad no me puedas contemplar, verías que yo soy yo, la reina del pinar.

-Sí, pero no entiendo cómo has podido llegar hasta aquí.

-Ya te lo he dicho, fue un accidente. Tan grande fue el golpe que me dí en la frente, que ni yo comprendo como llegué. Pienso que por el impulso de la caída como una piña rodé. Por cierto, ¿no tendrías unos piñoncitos que alivien mi estómago y me saque de este mareíto?

-¿Piñones? ¡Cómo voy a tener piñones si mi casa es una quesería!

-¡Y qué sé yo, yo solo quería...! Me encuentro tan mal, ¿no tienes nada que pueda tomar?

-Ya te lo he dicho, solo tengo queso.

-Queso, nunca lo he comido, pero dicen que sabe a beso.

-¿Quieres probarlo?

-Ay, no sé, pero dame algo. Estoy muy malita, me duele el estómago y me tiembla la colita.

-Toma, prueba este, es lo único que puedo ofrecerte."Por cierto. No me has dicho cuál es tu nombre.

-¿Mi nombre? Ay, qué horror, no recuerdo cómo me llamo, el golpe en la cabeza me ha desequilibrado. A ver si como un poco y mi mente vuelve a su estado.

-¿Te gusta?

-No está mal... a ver, dame un poco más. Ahora dame de este, de aquel y de este otro...

-Oye, no te pases.

-Pero si es que me das muy poco.

-¿No dices que nunca has comido?

-No, por eso he venido.

-¿Por eso? ¡Yo no te entiendo!

-Cómo vas a entender a una accidentada, que ni siquiera recuerda cómo se llama.

-Con lo que has comido supongo que te encontrarás mejor.

-Sí, mi amor.

-Ay, señor. ¡Tú estás loca, nos acabamos de conocer y tus palabras me provocan.

-Anda, gatito, dame un beso, que se me vaya el sabor del queso. He comido tanto que no puedo ni respirar y, por mucho que me esfuerce, mi nombre es imposible recordar.

-¡Tu estás loca! ¡Me pides un beso de mi boca!

-Tómame en tus brazos, acaríciame y dame un abrazo.

 

Crispi la abrazó con ternura mientras Colorina reía sin pena ninguna.

 

-Crispi, querido amigo, ¿me darías un trozo de queso para comer por el camino en mi viaje de regreso?

-¿Qué otra cosa podría hacer? Todo sea por la amistad, nos acabamos de conocer... Toma, de uno te doy la mitad.

-Gracias, eres muy bondadoso. Ahora me voy que me espera mi esposo.

-¿Cómo? ¿Estás casada y me has pedido un beso?

-Es que estaba mareada y no sabía lo que era eso.

-Y ahora, ¿te encuentras mejor?

-Eso parece, mi amor.

-¿Por qué me llamas "mi amor?" Tú estás casada y perteneces a otro corazón, aunque si me quieres escuchar... Si tu marido te aborrece y te deja, yo te ofrezco mi hogar y viviríamos en pareja.

-¡Vivir juntos, qué alegría, Tú y yo en esta quesería! Nada me haría tanta ilusión, esta noche me lo pienso y mañana te doy la contestación.

-Espero que sea buena, pues de ti me he enamorado. Eres tan dulce y tan bella...

-¡Y eso que todavía no me has probado!

 

Colorina reía con guasa y picardía y, con la panza llena y el queso entre las manos, a Crispi le decía:

-Querido, ¿me abres la puerta? Quiero retirarme, pues me siento indispuesta desde que me caí esta tarde.

-¿Quieres que te acompañe?

-Oh, no, muchas gracias, eres muy galante. Prefiero ir sola, ¿qué dirían si alguien me viera salir contigo a estas horas?

-Tienes razón, que pases buena noche y, recuerda, espero tu contestación.

 

Cuando Colorina se vio en la calle bien alimentada, arrastrando medio queso, su risa estalló en carcajada.

 

-Jajajajaja, Crispi, he recobrado la memoria, ¿quieres saber cómo me llamo? Soy Colorina y te he gastado una broma.

 

Y diciendo esto dobló la esquina con el queso a la arrastra la mal de divertida.

 

Crispi, con el rabo entre las patas y el rostro lleno de rabia, al descubrir que había sido engañado, sin poderlo remediar, al suelo calló desmallado.

 

 

Tenedlo en cuenta, ¡las apariencias engañan!

 

Piedad Martos Lorente.

 

(Enero 2012)

viernes, 27 de julio de 2018

CUATRO SEMANAS DESPUÉS

TE BUSQUÉ

 

Vives en mi pensamiento

por eso, donde te busco te encuentro.

 

Te busqué en las olas del mar

y en cada una de ellas estabas tú.

Te busqué en las huellas de la arena

y en ellas estabas tú.

Te busqué en la montaña

y en la montaña estabas tú.

 

Te busqué en la sombra de un árbol,

en el agua del río,

en el perfume de una flor,

en el abrazo de un amigo…

y allí estabas tú.

 

Te busqué en los rayos del sol

y en ellos estabas tú.

Te busqué en las estrellas del firmamento

y allí estabas tú.

 

En cualquier lugar del universo

brilla un rayito de luz,

que ilumina mi corazón

porque en él, vives tú.

 

En cualquier rincón del hogar

Hay un hermoso recuerdo,

donde crece el amor

que me lleva a tu encuentro

para abrazar el vacío

que dejó tu cuerpo.

 

Piedad Martos Lorente

 

27 de julio de 2018

lunes, 9 de julio de 2018

DESPUÉS DE UNA SEMANA

 

 

Amigas, amigos y familia. Después de una semana sigo sin encontrar las palabras suficientes para agradecer a todos y a todas el cariño que estoy recibiendo.

Me siento profundamente agradecida, y cómo no, apoyada  por vuestras palabras y muestras de cariño que me estáis dando, no solo por este medio, sino por teléfono y personalmente.

Intento salir adelante en compañía de la familia y con el amor de todos. Sé que es una etapa dura y larga pero aprenderé a vivir de nuevo sin su compañía, pero sí con su recuerdo.

Seguiré escribiendo como lo he hecho hasta ahora.

Gracias, muchas gracias a todos y todas

 

 

LA ESPERA

 

Espero que llegue la luz del alba

por ver si brilla la tuya,

y unir nuestros rayos

como se une el sol y la luna.

Sentirme iluminada

por las niñas de tus ojos,

que son los luceros de tu cara

para mí, los más hermosos.

 

Espero que llegue el atardecer

por ver si con él llegas tú,

para fundirme en tus brazos

como en la noche se funde la luz.

Sentir el calor de tu cuerpo

y las caricias de tus manos,

apoyar mi cara en tu pecho

mientras me dices: "cariño, te amo."

 

Espero que llegue la noche

por ver los astros del firmamento,

y pedirle a las estrellas

que iluminen tu pensamiento.

 

Espero… siempre espero

que llegue un nuevo día,

por ver despierta tu mente

y en tu rostro, la alegría.

Espejo donde mirarme

y reflejar la mía,

porque si tú eres feliz

se acaba mi agonía.

 

Piedad Martos Lorente

 

23 de marzo de 2018

 

lunes, 2 de julio de 2018

NO PUDO SER

 

Hoy te despido con mucha pena y dolor, pero con la satisfacción de haberte podido cuidar hasta el último aliento de tu vida.

A lo largo de los once años que ha durado tu enfermedad, mi vida ha sido un deseo tras otro deseo, pero todos con el mismo fin: verte curado.

 

No ha podido ser, pero aun así, doy gracias a Dios por haberme dado fuerzas para seguir cuidándote hasta el final.

 

SI TÚ VOLVIERAS A SER TÚ

 

Si tu mente despertara

como despierta la aurora,

y sus rayos penetraran

en la intimidad de nuestra alcoba…

Mi corazón, gozoso de alegría

entre risas y llanto,

a dios, gracias daría

por tan deseado milagro.

 

Si tus piernas dormidas

al paso despertaran,

y así, como las mías andan

ellas caminaran…

Bailaríamos agarrados

con tu mano en mi cintura,

en una noche romántica

bajo la luz de la luna.

 

Si la palabra perdida

a tus labios regresara,

y, en el candor de tu sonrisa

frases formularan…

Los míos, gozosos de alegría

entre risa y llanto,

al cielo exclamarían

con voz en alto.

Gracias, Dios mío

por tu gracia divina,

que me devuelves la alegría

cuando la tenía perdida.

 

Porque si tu cuerpo despertara

y volviera a la normalidad,

nuestras almas abrazadas

reirían de felicidad.

 

Piedad Martos Lorente

domingo, 17 de junio de 2018

OTRA FACETA DE MI VIDA

Creo haber explicado varias veces anécdotas y casos de mi vida, que muchos de ustedes ya deben conocer si van siguiendo mis publicaciones.

 

Como ya he dicho en otras ocasiones, perdí la vista cuando aún no sabía leer en un libro ni sabía escribir. Es decir. Estaba aprendiendo con la ayuda de un maestro, que mis padres pusieron a mi disposición ya que en el lugar donde vivíamos no había escuela. Pero el destino me apartó de la única oportunidad que tenía para aprender.

Las circunstancias de la época, la falta de medios económicos, pero sobre todo, la falta de información hizo que nunca pudiera asistir a un colegio adecuado a mis necesidades para mi enseñanza, por lo que nunca pude leer un libro.

Con cincuenta y tres años aprendí el método Braille. Un método formidable y maravilloso para mí, pues con él me abrí camino para mi autonomía personal y cómo no, para llegar a donde no pude en mi infancia y mi juventud: leer y escribir.

Primero escribí con la Perkins que es la máquina de Braille, y después con el ordenador adaptado. He escrito cuentos y relatos sin más enseñanza ni conocimientos que los que me ha dado la naturaleza. Y he leído más de setenta libros.

Entre los que más me han gustado, por nombrar algunos , están estos:

 

Donde el corazón te lleve.

Don Quijote de la Mancha.

La salvaje.

La catedral del mar.

El código da vichin.

No hay un amor más grande.

El largo viaje a casa.

Los pilares de la tierra.

La mano de Fátima.

Te daré la tierra.

El tiempo entre costuras.

Y ahora acabo de leer "Palmeras en la nieve" de Luz Gabás.

 

Así que, entre leer y escribir, mato el tiempo libre antes que él me mate a mí por aburrimiento.

 

QUISIERA SER…

 

Quiero ser pilar para tu apoyo,

luz en tu oscuridad,

la mano que coja la tuya

y refugio para tu soledad.

 

Quiero ser alegría y esperanza,

consuelo para el desánimo,

oídos para escuchar

y sonrisa para tus labios.

 

Quiero ser alivio para tu inquietud,

olvido para tu desesperación,

amistad en la distancia

y abrir la puerta de tu corazón.

 

Piedad Martos Lorente

 

17 de junio de 2018

domingo, 3 de junio de 2018

DE MI LIBRO "ENTRE MAGIA Y FANTASÍA"

El enanito Quique el Mandarín

 

 

Quique era tan pequeño tan pequeño, que parecía una mandarina andando.

Por eso, en la ciudad todos le llamaban «El Mandarín». Los niños de su barrio se

reían siempre de él, no le dejaban jugar con ellos, le decían que era pequeño y

feo, que no servía para nada y hacían burla de su estatura.

 

Un día Mandarín, triste y apenado, decidió salir de la ciudad. Empezó a andar sin saber dónde ir y sin darse cuenta se encontró al pie de una montaña casi desierta. Estaba muy cansado y tenía mucha sed. Anduvo un poco más y llegó a un arroyo por el cual pasaba el agua pura y cristalina que bajaba de la montaña.

Se acercó a la orilla, se lavó las manos y la cara para refrescarse y bebió de ella. Después se sentó sobre la hierba verde, estaba agotado por el cansancio.

Por unos instantes cerró los ojos y recordó a los niños de su barrio, pero este recuerdo le entristecía y le hacía llorar. Una voz le hizo estremecerse.

–¿Por qué lloras? –preguntó la voz desconocida.

–¡Eh! ¿Quién eres? –exclamó y preguntó Mandarín a su vez un poco asustado.

No te asustes. Soy un hada buena. Pero dime ¿Por qué estás triste?

–Soy pequeño y feo, no sirvo para nada y los niños me rechazan.

–No llores, que la grandeza no se mide con la estatura ni la belleza está en el

físico. Algún día serás muy grande y esos niños que hoy te rechazan serán tus

amigos –decía el hada con dulzura.

 

–¿Qué debo hacer? –preguntó Mandarín.

–Lo que te dicte el corazón –contestó el hada al tiempo que desaparecía.

Mandarín reanudó su camino sin rumbo y un poco más allá vio una casita, se dirigió a ella, la curiosidad le atraía. Empujó la puerta lentamente y de pronto oyó una voz algo cansada que preguntaba al ver la silueta de Mandarín.

–¿Quién anda ahí? ¿Quién eres tú?

–Perdone señor, soy Mandarín.

–¿Mandarín? Pasa, pasa.

Mandarín se acercó despacio y temeroso hacia el anciano que estaba acostado en la cama.

–Acércate, jovencito, que no te voy a hacer nada. Estoy enfermo, ¿sabes?

Pero tú me vas a ayudar, parece que has caído del cielo.

–¿En qué le puedo ayudar señor?

–Mira, ¿Ves esa botella? Tiene agua de hierbas medicinales, coge un vaso,

llénalo de esa agua y me lo das. Eso me pondrá bien.

Mandarín hace lo que le pide el anciano. Este coge el vaso y se lo toma en dos tragos; después lo devuelve vacío a Mandarín diciéndole:

–Gracias hijo, esto es medicina santa, en dos o tres días estaré bien. Dime

muchachito, ¿Por qué te has ido de la ciudad? –pregunta el anciano enfermo.

–Soy pequeño y feo, en el barrio se ríen de mí, dicen que no sirvo para nada.

–No les creas, no les hagas caso. ¿Sabes cómo me llaman a mí? El viejo Cascarrabias. ¿Y sabes por qué? Porque no les dejo tirar basura en el campo.

Se tiene que saber respetar la naturaleza, las basuras se tiran en los basureros.

Yo ya soy viejo –continúa el anciano hablando–, apenas tengo fuerzas para trabajar las tierras que me dan el alimento, las otras ya no puedo cuidarlas, pero tampoco quiero que tiren basura en ellas. El que traiga una botella, una bolsa o una lata que se la vuelva a llevar a su casa. Dime Mandarín, ¿Y tus padres saben que te has ido?

–Mi madre murió hace unos meses y mi padre no lo conocí.

–Lo siento muchacho. ¿Sabes Mandarín lo que más me preocupa? –Prosigue el anciano– que cuando no pueda trabajar nada, nadie querrá hacerlo por mí, nadie quiere trabajar las tierras y todos vivimos gracias a ellas.

Mandarín asiente con la cabeza sin decir palabra. El viejo Cascarrabias habla y habla sin parar.

 

–Escúchame muchachito, ¿A ti te gustaría trabajar en mis tierras?

–¡Ohh, no! –contesta Mandarín sorprendido– yo no sé trabajar, no sirvo para ello.

–Y dale otra vez con que no sirves. Tú sirves para todo lo que tú quieras hacer.

Si eres pequeño y no alcanzas pones una escalera y lo que no sepas hacer ya te enseñaré yo.

Mandarín aprendió a trabajar la tierra, a ordeñar la vaca, a cuidar los conejos y las gallinas y también a cocinar. El viejo Cascarrabias le tenía mucho cariño y se sentía muy acompañado con él.

Sembró flores de todos los colores y plantas olorosas alrededor de la casa,

plantó árboles en la montaña y limpió toda la suciedad. Trabajaba desde el amanecer hasta el anochecer sin descansar, pero se sentía muy feliz porque había hecho de un lugar casi desierto el paisaje más hermoso de todos los lugares.

Había convertido la montaña en un verdadero paraíso cubierto de verde y alegres colores. El aire extendía su perfume por todo el valle.

 

La noticia llegó a la ciudad y a los chicos de su barrio que decían:

–¿Sabéis lo que dice la gente? Que Mandarín vive con el viejo Cascarrabias

y ha convertido la montaña en un paraíso.

–Jajajaja –reían todos a la vez–. Mandarín no sirve para nada –decía uno de ellos.

–¿Queréis que vayamos a verlo y nos reímos más? –Decía otro.

–Sí, sí vamos –contestaron todos.

Cuando la pandilla llegó al pie de la montaña quedaron todos boquiabiertos al contemplar tanta belleza.

–¡Ohh! ¡Es verdad! –exclamaron todos a una– ¡Qué maravilla! –y todos juntos gritaban– ¡Mandaríiiin...! ¡Mandaríiiin...!

Mandarín, al oír los gritos salió a la calle y ellos lo recibieron con un aplauso al tiempo que vitoreaban: «Mandarín campeón, Mandarín campeón, pequeño de estatura y grande de corazón.

 

Piedad Martos Lorente

 

(octubre 2004)

domingo, 20 de mayo de 2018

LA RATITA MODERNA

LA RATITA Y SUS PRETENDIENTES

 

Hace muchos años

hubo una ratita

que, al barrer su escalerita,

un dinerito encontró.

 

-¡Qué suerte tengo!- exclamó.

 

Con aquella moneda

se compró dos palmos

de fina seda.

Escogió el color rosa

y lo lució en el cuello

para estar más hermosa.

 

Ante ella desfilaron

un montón de pretendientes,

que al verla tan bella

se declararon de repente.

Pasó un meloso gallo

que le pidió matrimonio,

pero ella, tan presumida,

le pareció ver al demonio.

Así, que de allí lo echó sin más,

y, aunque el gallo

quería conversación,

ella no lo quiso escuchar.

Le cantó el quiquiriquí

y la rata le gritó:

¡vete de aquí!

 

También pasó

un pato enamorado,

elegante y guapo,

que le dijo: Rata hermosa,

¿quieres ser del pato, esposa?

 

-Pato, eres muy patoso,

no me gustas por esposo.

 

Después llegó un cerdito,

que aunque parecía limpito,

ella se horrorizó

y, con voz en grito,

así exclamó

cuando él matrimonio

le pidió.

 

-¡Si me casara contigo

siendo tan fina,

me llamarían

"cochina"!

 

Un pony también

de ella se enamoró,

y es que la bella rata

a todos conquistó.

 

-Ratita, ¿te quieres casar conmigo?

 

-¿Cómo me voy a casar contigo,

si pareces un gigante?

Yo tan pequeña

y tú tan grande…

no haríamos buena pareja,

así que agacha las orejas,

te das media vuelta  

y me dejas.

 

La ratita, con astucia

y conocimiento,

despidió a todos sus pretendientes

en un momento.

Estaba dudosa por la elección,

pues entre todos sus enamorados

tenía que escoger el mejor.

 

Por fin llegó el gatito,

dulce y cariñoso,

y sin dudar un instante

lo escogió por esposo.

Se casaron e invitaron

a sus pretendientes.

Estos les felicitaron

y les desearon buena suerte.

Al quedarse solos en su casita,

el gato miraba a la ratita,

alegre y sonriente,

deseoso de clavarle el diente.

 

-Ay, gatito mío,

¿siempre me vas a querer?

 

-Siempre, ratita mía…

¡te voy a comer!

 

El gato, fingiéndole amor,

la abraza y le muerde,

¡qué horror!

Mas de pronto,

la rata despertó su sentido,

dándose cuenta del error

que había cometido.

Lucha por escapar de sus garras,

pide socorro,

huye desesperada

y se esconde en un pozo.

El gato la persigue

dispuesto a todo,

se relame los bigotes

mirando al fondo.

Pega un salto, y…

 

-¡Alto! -dos guardias

lo cogen preso

mientras él grita:

-¡Solo le di un beso!

 

El felino malvado fue castigado

por el delito cometido,

mientras la rata se recuperaba

del susto recibido.

La pobre ratita,

después del desengaño,

se encerró en su casita

y en ella vivió

más de cincuenta años.

 

Un día, cansada de la soledad,

se miró en el espejo

y pensó en la felicidad.

 

-Tengo que hacer algo…

así no puedo seguir,

todavía me siento joven

y con ganas de vivir.

Me voy a modernizar,

quiero estar a la moda,

tal vez me compre un móvil,

eso que tanto mola.

 

La ratita que, además de presumida,

era inteligente,

se sentó en su escalerita

y conversó con la gente.

Conoció a un perrito,

gracioso y simpático,

que acababa de participar

en una exhibición de campeonatos.

Éste, al verla tan dispuesta y presumida,

entabló conversación,

y casi sin darse cuenta,

de ella se enamoró.

 

-Hola, linda rata,

¿qué haces tú por aquí?

 

-Esta es mi casa y espero

que alguien me haga feliz.

 

-Estoy cansado,

¿me puedo sentar a tu lado?

 

-Bueno, si te portas bien…

 

-Claro que sí.

Yo no te voy a comer.

 

¡Ay, qué horror, la ratita recordó

aquel espantoso día,

cuando su esposo le mordió

y pensaba que se moría!

No sabe qué decir.

Lo mira de reojo,

pero lo ve tan hermoso

que se pone a reír.

 

-Ratita, qué guapa eres,

¿me das un beso

y te demuestro mis quereres?

 

-¿Un beso? Y… tú,

¿qué me darás a mí?

 

-Pues eso, un beso...

Y un queso.

 

-¿Un queso…?

Tú estás loco,

un queso

es muy poco.

 

-Entonces, ¿qué quieres?

 

-Bueno… yo te doy un beso

y tú me traes un queso.

Pero quiero algo más.

 

-¿Qué?

 

-Un móvil para poder chatear.

 

-Un móvil…

¿y te casarías conmigo?

 

-No.

Solo serás mi amigo.

Casarse ya no se lleva,

está pasado de moda,

Así, que nos divertimos

y luego, me voy a mi casa sola.

 

-Pero…

 

-No hay peros que valgan.

Si quieres un beso,

ya sabes lo que vale eso.

Me regalas un móvil y punto,

y a lo mejor, algún día

podemos salir juntos.

 

-Ay, ratita, es que eres tan bonita,

que yo quiero casarme contigo.

Tú serías muy feliz

si yo fuera tu marido.

 

-No insistas,

ahora nadie se casa,

nos divertimos y después,

cada uno a su casa.

Tú me traes el móvil

que quiero ver

lo que hay en Internet.

Tener amigos virtuales,

esos que te dicen:

ratita, tú sí que vales.

 

-Eso te lo estoy diciendo yo,

¿es que no te das cuenta?"

 

-Anda, ve a por el móvil

que me voy a abrir una cuenta.

 

La ratita quedó maravillada

cuando vio lo que salía en la pantalla.

Imágenes, textos,

y una fotografía de un ratón

muy compuesto.

La ratita, sin dudarlo dos segundos,

le pidió amistad,

cosa que desagradó al perrito

y éste se puso a ladrar.

 

-Guau, guau.

¡Qué fracaso!

Yo te regalo el móvil y tú,

ni me haces caso.

 

-¿Regalado?

No digas eso,

el móvil me ha costado

un beso.

Y no digas

que no tengo razón,

mira qué guapo

es este ratón.

 

-¿A ver quién es?

Ah, sí, es el ratón

que recoge los dientes

y luego hace regalos

a sus clientes.

 

-¿Lo conoces?

 

-Sí, aunque nunca

lo he visto por aquí.

Dicen que anda muy ocupado

y no se deja ver,

siempre sale de noche

y regresa al amanecer.

 

-Le voy a escribir un mensaje

para decirle lo hermoso

que es su paisaje.

 

El perro, decepcionado,

se da media vuelta,

se despide de su amiga,

pero ésta ni se da cuenta.

No escucha nada ni a nadie ve,

solo el móvil que le acompaña

y el ratón de Internet.

 

Piedad Martos Lorente

 

(20 de enero de 2018)