jueves, 29 de noviembre de 2018

PENSANDO EN TI

Un diecinueve te conocí y un veintinueve te perdí, por eso, desde el treinta al veintinueve pienso en ti.
 
 

FLECHAZO A PRIMERA VISTA

 

Recuerdos me vienen a la mente

de aquel día de verano,

cuando cruzamos un saludo

y nos dimos la mano.

 

Tus ojos miraron los míos

y una sonrisa brotó de tus labios,

el amor se despertó

y dos corazones palpitaron.

 

Deseaban  ser uno para el otro,

unirse en cuerpo y alma,

quererse hasta la muerte

después de una vida larga.

 

Nos quisimos y respetamos,

nos amamos con el corazón,

y ahora que la muerte nos ha separado

se muere de dolor.

 

Tengo el corazón herido

y me sangra lentamente,

te busco en el pasado

porque ya no hay presente.

 

Tampoco habrá futuro

ni esperanza que pueda volver,

aquel día de verano

cuando nos vimos por primera vez.

 

En mi mente guardo tu imagen

y en mi corazón tus palabras,

en mi cuerpo tus caricias

y tu bondad en mi alma.

 

Porque fuiste luz en mi vida,

ángel de mi guarda,

guía para mis pasos

y el amor que ahora me falta.

 

Por eso busco el pasado

y aquel día de verano,

cuando cruzamos un saludo

y nos dimos la mano.

 

Piedad Martos Lorente

 

domingo, 18 de noviembre de 2018

MIS CESTOS Y CANASTOS

Estos son mis trabajos, que nada tienen que ver con el texto que le acompaña.
Con él solo pretendo sacar una sonrisa de donde esté escondida... si lo consigo estaré satisfecha.
 
 

LA GITANILLA CANASTERA

 

En cualquier rincón del Sur podríamos encontrar un escenario para esta escena, que bien podría ser del pasado siglo.

 

Una gitanilla, con gracia y salero, va pregonando por las calles de cualquier pueblo: "Canastos vendoooo".

 

Gitana: Anda, payo, cómprame un cesto, que mira qué bonicos son. De mimbre fina y pelá, que le puedes regalar a esa muchachita que te tiene perdíos los sentíos. Acércate, hombre, y tócalo, que no te voy a comer. Mira qué cosa más bonica. Con esto camelas tú a la mujer de tus sueños en menos que canta un gallo. Le pones unas rosas y…

 

Payo: ¿Cuánto quieres?

 

Gitana: Lo que vale, mi alma. Cinco mil pesetas, ni una más ni una menos.

 

Payo: ¿cinco mil pesetas? ¿Tengo yo cara de billete…? ¿O es que lo has tejido con varillas de oro?

 

Gitana: Ea. Mira cómo tengo mis manos… no querrás que te lo regale.

 

Payo: Mira las mías. Yo también tengo callos y precisamente no son de tocar las palmas.

 

(El joven le da la espalda y se retira. La gitanilla le sigue).

 

Gitana: Payooo… No seas tan desairoso, anda, hombre, cómprame un canasto, que puedan comer mi churumbeles.

 

Payo: Déjame en paz, vete por ahí donde yo no te vea, y cuando nazcan tus churumbeles, entonces te compraré el canasto.

 

Gitana: Maldita sea mi suerte… Mira, te lo dejo en cuatro mil pesetas…

 

Payo: No insistas.

 

(La gitanilla le sigue intentando vender sus trabajos que lleva enganchados en los brazos).

 

Gitana: Qué poca gracia tienes, payo. Parece que huyas del diablo… te lo dejo por tres mil pesetas… dos mil pesetas…

 

(El joven sigue andando sin hacerle caso).

 

Gitana: mil pesetas… quinientas pesetas…Tu madre se quedó descansando cuando te parió… No he visto un joven más esaborío que tú. Ojala te quedes más arrugao que un higo seco.

 

Payo: Toma, quinientas pesetas y vete donde yo no te vea, antes que me convierta en un higo seco y me quieras comer.

 

Gitana: Payooo, me faltan cuatro mil quinientas peseetas…

 

Piedad Martos Lorente

 

 

domingo, 4 de noviembre de 2018

POR LOS MAYORES Y...

Buenos días y feliz domingo.

Os deseo que disfrutéis de él y de estas letras que en forma de homenaje van dedicadas a esas personas mayores, que nunca tuvieron la oportunidad de estudiar y, aún así luchan por superarse.

 

 

LA ANCIANITA

 

Érase una vez

una anciana incomprendida,

que siempre quiso aprender

para defenderse por la vida.

 

Para ella no hubo escuelas

ni carrera universitaria,

para ella hubo obligaciones

que ocupaban su vida diaria.

 

Con esfuerzo y voluntad

aprendió lo justo y necesario,

para firmar un documento

y leer las cartas de su amado.

Con él formó una familia

que la colmó de felicidad,

al florecer la semilla

que el amor supo sembrar.

 

Después se fue a la ciudad

dejando a tras el pasado,

en unas tierras desiertas

de un lugar muy lejano.

 

Con afán y entereza

trabajaba noche y día,

cuidando de los suyos

con ilusión y alegría.

 

Los años pasaron

sin la oportunidad de estudiar,

y lo que tanto deseaba

se iba quedando a tras.

Sentía pena y preocupación

no saber ortografía,

ni ciencia e historia

ni tampoco geografía.

 

Las nuevas generaciones

a las que nada les faltó,

tuvieron estudios superiores

descanso y diversión.

 

Por eso, al explicar la ancianita

las batallas de su juventud,

la miran con risitas

pensando que está Tururú.

 

Al escribir un mensaje

con esfuerzo de superación,

si cambia una letra por otra…

¡Madre mía, ya la lió!

 

Los que lo tuvieron fácil

no comprenden su esfuerzo,

y con risitas comentan"

"¡Mujer, con lo sencillo que es esto!"

 

ella se pregunta:

"¿Si yo, por escrito te mando un beso,

y en lugar de be escribo uve

el cariño pierde su efecto?

No. Tú sabes muy bien lo que quiero decir

porque para eso has estudiado,

yo aprendí con mis labores

en las tierras y en el campo.

Aprendí a querer y a respetar,

a hablar con el corazón,

a cuidar y a trabajar

siempre con educación.

No sé escribir

pero sé cómo son mis sentimientos,

quiero el bien para todos

aunque escriba incorrecto.

 

Tú que tanto sabes

te voy a dar mi lección,

aprende los valores de la vida

que están en peligro de extinción".

 

 

Piedad Martos Lorente.

 

 

viernes, 19 de octubre de 2018

NO ES UNA QUEJA, SINO UNA SUGERENCIA

Buenos días y feliz fin de semana.

 

Hoy me voy a dirigir a la RENFE con todos mis respetos, por si mi propuesta llegara a sus oídos, cosa que no sucederá. No es una queja, pero sí una sugerencia. Y estoy segura que todas las personas mayores y con discapacidad que viajen en el tren TALGO estarán de acuerdo conmigo.

Para subir en este tren, hay una separación del Ander al tren impresionante, que tienes que estirar la pierna tanto como da de sí para poder entrar en el vagón (y no digo estirar la pata, que a poco trabajo bien se podría estirar(. Y ya me dirán ustedes si no tengo razón. Igual que yo, hay muchísimas personas que tenemos que viajar sin saber donde ponemos los pies aunque toquemos con el bastón. Lo más fácil es que te quedes corto y metas la pata en el hoyo, jaja.

Pues bien, lo que yo no entiendo, es que a estas alturas de la vida en que vivimos, llena de comodidades y tecnologías modernas, no hagan una entrada más accesible como la tienen otros trenes, por ejemplo: el AVE.

El servicio de ATENDO muy bien en las estaciones que lo tienen. En las estaciones que no hay ATENDO ¿cómo nos apeamos del tren? Pues aquí está mi sugerencia y, es la siguiente: sugiero, que en estos trenes, incorporen plataformas de forma automática, que se abran igual que se abren las puertas.

¡Que todos los trenes sean accesibles para todo el mundo!

 

 

Ah, también dejo mi solidaridad a todas las mujeres que sufren cáncer de mama.

A todas ellas... ánimo y a seguir luchando, que la vida es una lucha diaria.

 

 

¡Gracias por leerme!

¡Os dejo un abrazo para cada uno/a de vosotros/as!

 

Piedad Martos

 

19 de octubre de 2018

domingo, 14 de octubre de 2018

SU DESTINO ESTABA ALLÍ

VIAJANDO EN TREN

 

Cinco de octubre de 2018

 

 

El tren TALGO, procedente de Barcelona con destino a Lorca, inicia su recorrido a las doce de la mañana. En él viajan personas de todas las edades.

Piemar viaja en el vagón número 7. Aparentemente parece dormida, pero no es así. Con los ojos cerrados observa conversaciones y todo lo que pasa a su alrededor. La oscuridad de su mente se ilumina con hermosos paisajes, fruto de las palabras que oye en boca de sus compañeros y compañeras de viaje. Sin embargo, el destino ronda a una persona a muchos kilómetros de allí.

 

A la izquierda de Piemar viaja una señora sonriente y elegantemente vestida, que aunque son muchos años los que descansan en su espalda, es joven de espíritu.

De pronto, dos mujeres de mediana edad que viajan a su derecha, rompen en carcajadas. La señora mayor ha desplegado su mesa y se está comiendo un bocadillo. "¿De qué se ríen?" -Se pregunta Piemar-. Sigue observando y descubre que la señora lleva un royo de papel de cocina en lugar de servilletas, jajaja. La señora le ofrece mientras conversa con ellas. "A falta de pan, buenas son tortas. Esto sirve para todo, así que si queréis… aquí está a vuestra disposición.

Siguen hablando y las jóvenes, que disfrutan de juventud, por poca cosa ríen. Una risa sana y contagiosa que en pocos minutos contagian a los viajeros que le rodean. Todos hablan y comentan. Unos hablan de la crisis política y otros de estudios y carreras universitarias. Piemar, sumergida en su oscuridad, sigue imaginándose el paisaje que le rodea.

 

Llegan a Alicante a las cinco y media de la tarde. Desde Valencia han viajado hacia atrás. El tren hace una parada de media hora, pues según oye Piemar, en esa estación hacen cambios de vagones. A las seis reanudan el viaje. En menos de dos horas llegará a su destino, Totana. Allí le espera la familia.

El tren se pone en movimiento lentamente y suave.

Nada más salir de la estación se vuelve a parar. "Jolines, otra vez parados… ¿qué pasa?" Se vuelve a poner en marcha, esta vez otra vez hacia a tras. "Irá a tomar otra vía… Cambio de agujas, como se decía antiguamente".  Se vuelve a parar. "Estará esperando la entrada de otro tren". La señora mayor comenta: "Los coches también están parados y la gente se baja y miran algo…" Piemar contesta: "¿Habrá habido algún accidente?"

Se oye la sirena de ambulancias, policía y guardia civil. Los comentarios de los pasajeros llegan a sus oídos: El tren ha arroyado a una persona… ¡Cielo santo! -exclamó-.

Efectivamente, una mujer de cuarenta y cinco años, quiso salvar a su perro que se había metido en la vía.

 

 

Su perro fiel,

su perro amigo,

la llevó al tren

porque ese era su destino.

 

Pobre perro,

pobre mujer,

que por salvarle la vida

la suya perdió también.

 

Allí, en las vías del tren

la mujer muerta quedó,

con el mar por testigo

llorando de dolor.

El viaje se empañó

y las risas callaron,

el tren continuó

después de darle paso.

Y ella voló

con su perro amigo,

como vuelan las aves…

hacia el infinito.

 

Descanse en paz.

 

Piedad Martos Lorente

 

14 de octubre de 2018

viernes, 21 de septiembre de 2018

DE MI LIBRO "ENTRE MAGIA Y FANTASÍA"

Cuando estamos dejando atrás el verano y los niños ya llevan unos días en el colegio, os dejo este relato por si alguno de estos niños quieren saber lo que le pasó a Pepete...
 
Es un poco largo, pero espero que os guste.
 
 

Pepete el Soñador

 

Imagínate por unos momentos las travesuras de Pepete, el protagonista de

esta historieta. Solo imagínatelo, no vayas a imitarlo, porque si lo haces podría

ser que te quedes sin paga, te mueras de cansancio o de asco. Yo te aconsejo

que te recrees y disfrutes con ellas, nada más.

Pepete era un niño tremendamente inquieto y atrevido que soñaba con ser

famoso, el más famoso del mundo entero, ser el punto de mira de sus amigos y

conocidos, que al pasar por su lado dijeran: ahí va Pepete el grande, el más

grande deportista, o el héroe más héroe de todos los héroes, etcétera. Pero

para eso tenía que estudiar mucho y pasar mucho tiempo hasta verse famoso,

pero no tenía paciencia para esperar, por lo que un día, aprovechando que estaba

en tiempo de vacaciones, decidió que era el momento de iniciar la carrera

que le daría fama.

Pensó que ser futbolista sería un buen principio y qué mejor deporte. Sería la

atención de todos los medios informativos y noticiarios y su nombre aparecería

en las portadas de los periódicos deportivos, cosa que le satisfacía bastante, así

que sin pérdida de tiempo, cogió una pelota y empezó los entrenamientos en el

jardín de su casa, con tan desequilibrado acierto, que en vez de lanzar a la

portería, lanzó por los aires la pelota, empotrándose ésta en la ventana de los

vecinos y metiendo gol al tiempo que caían rotos los cristales del ventanal. ¡Vaya

por Dios, qué mal principio ha tenido! En vez de meter gol ha metido la pata al

meter la pelota en el comedor de la casa colindante, que sin duda, con ello se va

a ganar una buena bronca por los desperfectos causados. Y así fue. Recibió

como premio en su primera jornada, una monumental regañina, además de

pagar a pesar suyo el daño cometido, con los ahorros de todo el año.

Viendo pues, que su carrera deportiva había empezado con tal mal pie desistió

de ella. Pero no por eso abandonó sus sueños de ser famoso y siguió pensando

qué podría hacer para conseguir lo que tanto deseaba, ¿y qué tal si fuera

bombero? ¡Sí, bombero!

 

Eso es, esta vez tendría más suerte, sí, esta vez sería el número uno. Apagaría

fuego en los bosques, rescataría a ancianos y niños de las llamas, achicaría

aguas en los bajos inundados por las lluvias y salvaría de la muerte a todo

aquel que estuviera en peligro.

Pero todo eso necesitaba mucha preparación, por lo que había que poner mano

a la obra sin pérdida de tiempo, así que sin dar más explicaciones, cogió el orinal

y se lo puso en la cabeza haciendo las bases del casco, después tomó la manguera

del jardín y se puso a ensayar en el mismo, disimulando un incendio al

tiempo que tocaba la sirena con la boca: guiiinnn Goonnn, guiiinnn Goonnn,

guiiinnn Gooon.

 

Y mientras tocaba sin cesar, el chorro de agua salía de la manguera con tanta

presión como podía, impactando contra las plantas, desnudándose de hojas,

flores y ramas sensibles por la fuerza de la misma, dejando las raíces al descubierto

por falta de tierra, ya que el agua había arrastrado con todo, quedando

anegada la superficie de las piedras que enlosaban el jardín, y este fue el resultado

final: siniestro total.

Pepete fue sancionado y castigado a limpiar toda la suciedad de agua, barro,

hojas y flores por el desastre que sin pensar, había cometido y a quedarse una

semana sin ver los dibujos animados que tanto le gustaban.

Varios días le llevó limpiar hasta dejar en perfecto estado el accidentado jardín,

de cuyo trabajo quedó agotadísimo.

Como aún no había acabado su condena y no podía ver la tele, se encerró en

su habitación con su perro llamado Lindo, lo que le hizo pensar en una nueva

profesión de gran prestigio y sin riesgo de echar por alto todos sus esfuerzos:

veterinario, sí, ser veterinario también le daría fama y dinero.

Curaría a todos los animales enfermos, acudirían a él todos los ganaderos,

granjeros y gente particular que llevarían sus mascotas y como buen licenciado,

su fama subiría como la espuma y su nombre iría de boca en boca recorriendo

el mundo entero. Al fin y al cabo tampoco está mal, los animales también necesitan

cuidados científicos y qué mejor eso, pero claro, para ser un buen veterinario

se ha de estudiar mucho, pero era tal la urgencia que sentía Pepete por subir

a la cima que no podía esperar más, pues después de todo, él podía estudiar y

practicar en su casa sin necesidad que le llevaran ningún animalito, pues para

eso ya tenía él a su perro con el que podía empezar las prácticas.

Removió el botiquín del cuarto de baño, en él encontró una cajita de supositorios

de glicerina de los que usaba el abuelo para combatir el estreñimiento. Cogió

uno y nuevamente se encerró en su habitación. Extendió a Lindo sobre la alfombra

para explorar su cuerpo. El pobre animal, cariñoso y mimoso confundió la

exploración del nuevo veterinario con los juegos que éste le daba siempre tumbado

panza arriba, estirado y relajado, esperaba que su amo rascara su barriguita,

pero en lugar de rascarle introdujo inesperada y bruscamente para el animalito,

el supositorio en la tripita del mismo, dejando escapar un fuerte chillido de dolor,

al tiempo que se incorporaba rápidamente de su lecho.

Desesperado corría, chillaba y ladraba mirando a Pepete con ojos desencajados,

tristes y llorosos, reprochándole el mal que le había hecho. Pepete, sorprendido

y asustado lo observaba sin quitar la mirada de su primer paciente y

sin dejar de formular preguntas que se esfumaban en el aire sin obtener respuesta

alguna.

 

¿Por qué se pone así? ¿Qué le pasará? "¿Se habrá enfadado conmigo?

Yo solo quería ensayar con él ¡oh dios mío! ¿Lo habré matado?"

Nunca en su vida había estado tan asustado como lo estaba ahora. ¿Qué podría

hacer para que recuperara la calma y dejara de quejarse?

Abrió la puerta y dejó que corriera por la casa, pero cuando el medicamento

hizo efecto, y la tripita empezó a moverse, el culito de Lindo, parecía un vertedero

de residuos tóxicos y pestosos que brotaban a chorro como el surtidor de una

fuente que mana agua, regando a su paso, el brillante suelo de la estancia. El

veredicto por su culpabilidad no fue menos duro que las veces anteriores.

La condena consistió en limpiar la asqueada y repugnante suciedad que Lindo

iba dejando por donde pasaba durante los días que le duró el efecto del remedio

del ingenioso veterinario.

 

Aún quedaban muchos días de vacaciones por delante para disfrutar y seguir

soñando y volar muy alto, pues Pepete seguía en las nubes a pesar de sus fracasos

y seguía soñando cada vez con más intensidad, y es que soñar no cuesta

dinero, aunque sean fantasías.

También podría ser –pensaba el soñador– mecánico ingeniero. ¡Ya está!, ingeniero

técnico en mecánica de toda clase de motores de vehículos. Automóviles,

autocares, camiones, coches de carrera, incluso de trenes de alta velocidad

y aviones que volaran por todo el mundo llevando en sus motores la firma de

Pepete, ingeniero técnico en montaje en motores de alta responsabilidad, dando

a conocer así su prestigiosa identidad.

Pero esta vez no podía fracasar, tenía que subir uno a uno todos los peldaños

hasta volar por encima de las nubes y para eso tenía que empezar desde abajo,

con el vehículo más sencillo que existe, que era su bicicleta. Pues ensayando

con ella no había peligro de que nadie saliera perjudicado, así que cogió las herramientas

y uno a uno quitó todos los tornillos hasta desmontarla por completo,

después la volvió a montar, pues era la única forma de aprender. Una vez montada,

satisfecho por su trabajo, Pepete subió en ella para iniciar su paseo y poner

a prueba su ingenio de mecánica, pero nada más empezar su carrera, empezaron

a caer tornillos desenroscados, el manillar por un lado, las ruedas por

otro y el ingeniero técnico cayó de bruces, con tan mala suerte, que se fracturó

una muñeca.

¡Pobre Pepete! ¡Ay que ver qué mala suerte la suya, él que tanto sueña con

ser grande figura, está claro que tendrá que esperar a ser mayor! Pero esto ya

era conocido en el barrio, y su nombre iba de boca en boca con un tono irónico

y burlón. Cuando lo veían pasar todos decían: ahí va Pepete el soñador. Pepete

el travieso. El goleador. El bombero salva vidas. El prestigioso veterinario. El ingeniero

técnico, etcétera. Todos estos comentarios a Pepete no le hacían pizca

de gracia, pues cualquiera puede tener un fallo en la vida, ¿o no? El caso es que

pesaroso y disgustado por los fallos cometidos y por no poder continuar con su

objetivo por causa de su accidente, Pepete tuvo que dejar de soñar y poner los

pies en la tierra, pisar con firmeza y estudiar que era lo más conveniente para él,

si un día quería ser alguien importante en esta vida.

Y entre lección y lección, pensó escribir cuentos de aventuras que a su vuelta

al colegio presentó en un concurso literario de educación y cultura, quedando en

primer lugar para su sorpresa de tan inesperado premio, ya que ser escritor no

formaba parte de sus sueños.

 

Escribió y editó cuentos y más cuentos. Novelas y más novelas. Libros de

historia, de geografía, ciencia, etcétera. Y de esta forma, Pepete vio su nombre

impreso no en las primeras páginas de la prensa, sino en las portadas de muchos

libros que le hicieron ser famoso.

 

Piedad Martos Lorente.

viernes, 17 de agosto de 2018

DE MI LIBRO AVENTURAS EN LA NOCHE

DESAFÍO DE COLORINA

 

Esbelta y sonriente, Colorina, una rata de mediana edad, fortota ella y de semblante simpático y agraciado, avanzaba por la calle principal atraída por el fuerte y apetitoso olor que desprendían los variados quesos expuestos en la tienda de la esquina, regentada por Crispi, un gato guapo, blanco y negro y, con un gran bigote que le hacía ser interesante y respetuoso.

 

Decidida a saborear tan ricos manjares, Colorina empujó lentamente la puerta del comercio para no hacer ruido y, sigilosa, se plantó delante de la estantería donde se exhibía el delicioso comestible, pero la campanilla que colgaba de la puerta para anunciar la llegada de posibles clientes sonó inesperadamente haciendo que Crispi, que en esos momentos ordenaba los cajones de detrás del mostrador, dejara sus quehaceres para atender a su nuevo cliente. Cuál fue su sorpresa al comprobar que la visitante no era otra que Colorina, conocida en todo el barrio por su astucia y por ser desafiante con los más atrevidos. Se decía de ella que ningún gato había podido derrotarla. Crispi sonrió, al tiempo que se le inflaban los bigotes y afilaba las uñas en el saco que colgaba del mostrador, mientras pensaba para sí: "Ahora vamos a ver quién derrota a quién, jajaja, me voy a divertir un rato".

 

A punto estaba de empezar el espectáculo aunque sin espectadores, se lamentaba él, cuando ella percibió a través de su sexto sentido que en aquellos momentos era observada y que algo iba a ocurrir. Su intuición hizo mirar con recelo y su mirada se cruzó con la de Crispi que, frente a ella, con el rabo empinado y los ojos chispeantes de alegría, tomaba posición de ataque. Ella gritó con todas sus fuerzas: "¡Ay, socorro!", y de un salto se plantó en medio de la calle. Corrió hacia el jardín que había al otro lado de la calzada desapareciendo acto seguido entre las plantas verdes. Crispi corrió tras ella sin éxito y, malhumorado por su fracaso, volvió a la tienda pues no podía desatender el negocio.

 

Oculta bajo el espeso follaje del jardín, Colorina esperaba las sombras de la noche para salir de su escondite sin miedo a ser perseguida por el comerciante o cualquier otro gato. Mientras llegaba la noche, pensaba en el queso que no pudo comer haciéndosele la boca agua y cómo hacer para comerlo gratis sin que su dueño lo advirtiera.

De vez en cuando asomaba su menudita cabeza por entre las hojas de su escondite, asegurándose de que no hubiera testigos en la calle ni en la tienda, pues todas las precauciones que tomara eran pocas ya que Crispi estaba dispuesto a todo por tal de derrotarla y presumir ante sus amigos de tal hazaña.

 

Una vez comprobado que la zona estaba en calma y que reinaba el silencio, que la tienda se hallaba bañada por la oscuridad de la noche, se preparó para su aventura al tiempo que sonreía pensando en su nueva idea. Se disfrazó de ardilla y, como un relámpago, corrió hacia un agujero descubierto unas horas antes en la parte trasera del edificio,  que le conduciría al comercio de tan sabrosos manjares.

Cruzó la oscura trastienda sin dificultad, guiada por su fino olfato, hasta llegar a la meta con el deseo de saciar su estómago hambriento, con la sorpresa inesperada de encontrar los quesos guardados bajo llave. Olfateó y buscó alguna abertura del mueble por donde poder sacar el alimento, pero el hueco hallado era tan menudito que era imposible poder introducir sus patas, así que decidió agrandarlo aserrando la madera con sus dientes afilados.

 

Crispi dormía plácidamente enroscado sobre su lecho cuando algo le hizo despertar. Olfateó y aguzó el oído al tiempo que se ponía en pie. Pero Colorina ya se había dado cuenta que había sido descubierta y corrió hacia el lado opuesto para disimular ante el comerciante.

 

-¡Cielo santo! ¿Qué ven mis ojos? Ni estoy dormido ni estoy borracho para pensar que lo que veo es fruto de un sueño y, sin embargo, me parece que estoy soñando. ¡Una ardilla en mi comercio! ¿De dónde has caído? ¿Por dónde has entrado? Yo no tengo pinos y el local está cerrado. Pero qué extraño es todo esto, nunca pensé que un ser de tu raza, a deshoras de la noche, visitara mi casa y, en vez de oler a pino, huela a rata.

-¿Me estás diciendo que huelo a rata? ¡Qué horror! ¡Con el asco que me dan! Son repugnantes y asquerosas y con ellas me tienes comparada. Cuando caí del pino, sacudida por el viento, me vi desamparada y había perdido el conocimiento. Aturdida, mareada y, doliéndome todo el cuerpo, huí del peligro que me aguardaba. Como una pelota rodé hasta caer por un agujero y, cuando del mareo desperté, me hallé donde ahora me encuentro.

-¿No serás Colorina y me estás tomando el pelo?

-¿Colorina? ¿Quién es Colorina?

-La rata más lista de todo el pueblo.

-¡Otra vez me comparas con ella! ¿A caso no se me ve que soy más bella?

-Sí, claro, pero es que ella...

-Ella, ¿qué es ella?

-Muy astuta, según dicen. Se ríe de todos y luego los deja con un par de narices.

-Pues qué pena que en la oscuridad no me puedas contemplar, verías que yo soy yo, la reina del pinar.

-Sí, pero no entiendo cómo has podido llegar hasta aquí.

-Ya te lo he dicho, fue un accidente. Tan grande fue el golpe que me dí en la frente, que ni yo comprendo como llegué. Pienso que por el impulso de la caída como una piña rodé. Por cierto, ¿no tendrías unos piñoncitos que alivien mi estómago y me saque de este mareíto?

-¿Piñones? ¡Cómo voy a tener piñones si mi casa es una quesería!

-¡Y qué sé yo, yo solo quería...! Me encuentro tan mal, ¿no tienes nada que pueda tomar?

-Ya te lo he dicho, solo tengo queso.

-Queso, nunca lo he comido, pero dicen que sabe a beso.

-¿Quieres probarlo?

-Ay, no sé, pero dame algo. Estoy muy malita, me duele el estómago y me tiembla la colita.

-Toma, prueba este, es lo único que puedo ofrecerte."Por cierto. No me has dicho cuál es tu nombre.

-¿Mi nombre? Ay, qué horror, no recuerdo cómo me llamo, el golpe en la cabeza me ha desequilibrado. A ver si como un poco y mi mente vuelve a su estado.

-¿Te gusta?

-No está mal... a ver, dame un poco más. Ahora dame de este, de aquel y de este otro...

-Oye, no te pases.

-Pero si es que me das muy poco.

-¿No dices que nunca has comido?

-No, por eso he venido.

-¿Por eso? ¡Yo no te entiendo!

-Cómo vas a entender a una accidentada, que ni siquiera recuerda cómo se llama.

-Con lo que has comido supongo que te encontrarás mejor.

-Sí, mi amor.

-Ay, señor. ¡Tú estás loca, nos acabamos de conocer y tus palabras me provocan.

-Anda, gatito, dame un beso, que se me vaya el sabor del queso. He comido tanto que no puedo ni respirar y, por mucho que me esfuerce, mi nombre es imposible recordar.

-¡Tu estás loca! ¡Me pides un beso de mi boca!

-Tómame en tus brazos, acaríciame y dame un abrazo.

 

Crispi la abrazó con ternura mientras Colorina reía sin pena ninguna.

 

-Crispi, querido amigo, ¿me darías un trozo de queso para comer por el camino en mi viaje de regreso?

-¿Qué otra cosa podría hacer? Todo sea por la amistad, nos acabamos de conocer... Toma, de uno te doy la mitad.

-Gracias, eres muy bondadoso. Ahora me voy que me espera mi esposo.

-¿Cómo? ¿Estás casada y me has pedido un beso?

-Es que estaba mareada y no sabía lo que era eso.

-Y ahora, ¿te encuentras mejor?

-Eso parece, mi amor.

-¿Por qué me llamas "mi amor?" Tú estás casada y perteneces a otro corazón, aunque si me quieres escuchar... Si tu marido te aborrece y te deja, yo te ofrezco mi hogar y viviríamos en pareja.

-¡Vivir juntos, qué alegría, Tú y yo en esta quesería! Nada me haría tanta ilusión, esta noche me lo pienso y mañana te doy la contestación.

-Espero que sea buena, pues de ti me he enamorado. Eres tan dulce y tan bella...

-¡Y eso que todavía no me has probado!

 

Colorina reía con guasa y picardía y, con la panza llena y el queso entre las manos, a Crispi le decía:

-Querido, ¿me abres la puerta? Quiero retirarme, pues me siento indispuesta desde que me caí esta tarde.

-¿Quieres que te acompañe?

-Oh, no, muchas gracias, eres muy galante. Prefiero ir sola, ¿qué dirían si alguien me viera salir contigo a estas horas?

-Tienes razón, que pases buena noche y, recuerda, espero tu contestación.

 

Cuando Colorina se vio en la calle bien alimentada, arrastrando medio queso, su risa estalló en carcajada.

 

-Jajajajaja, Crispi, he recobrado la memoria, ¿quieres saber cómo me llamo? Soy Colorina y te he gastado una broma.

 

Y diciendo esto dobló la esquina con el queso a la arrastra la mal de divertida.

 

Crispi, con el rabo entre las patas y el rostro lleno de rabia, al descubrir que había sido engañado, sin poderlo remediar, al suelo calló desmallado.

 

 

Tenedlo en cuenta, ¡las apariencias engañan!

 

Piedad Martos Lorente.

 

(Enero 2012)