lunes, 6 de abril de 2026

EL NIÑO DE LA CARA TRISTE

Érase una vez un niño llamado Lucas que vivía en un bonito palacio con todas las comodidades y valiosos juguetes que complacían sus caprichos. El palacio estaba rodeado de un bello jardín donde Lucas podía jugar y contemplar tanta hermosura, al mismo tiempo que disfrutaba de la naturaleza. Pero a pesar de todo de lo que poseía, Lucas estaba siempre triste y amargado, no era feliz, por eso le llamaban “el niño de la cara triste”.

Un día, enfurecido consigo mismo, Lucas daba patadas a las bellísimas flores que adornaban el jardín como si ellas fueran culpables de su amargura. De pronto oyó una voz que le decía:

—¿Por qué golpeas las flores? ¿Te han hecho algo?

El niño volvió la cabeza para ver quién le hablaba y se encontró frente a una imagen que surgía de un destello de luz desconocida para él, era la más hermosa que había visto jamás y lo miraba fijamente a los ojos. Lucas sintió como aquella mirada profundizaba dentro de su alma y sintió vergüenza de su comportamiento.

La voz volvió a preguntarle:

—No has contestado a mi pregunta, dime, ¿por qué golpeas las flores? ¿Qué te han hecho?

—Nada —contestó áspero y punzante como las espinas del rosal que estaba golpeando—. Nada de lo que tengo me hace feliz, las flores no sirven para nada son inútiles y mis juguetes no me gustan.

La imagen contestó dulcemente:

—Sí, mi querido niño, las flores sirven para embellecer y perfumar el lugar donde se hallan, además de distraer la mirada de aquellos que saben contemplar la belleza que la naturaleza pone a nuestro alcance.

En ese momento, un niño de su misma edad pasaba por la calle frente a los jardines del palacio, caminaba con la mirada en alto y un bastón blanco en la mano que le ayudaba a detectar los obstáculos; intentaba dirigir sus pasos hacia su destino. La voz continuó hablando:

—Levanta la cabeza y mira al cielo, Lucas. Contempla el azul que lo envuelve y esas nubes blancas que parecen figuras de algodón movidas por la brisa. ¿No crees que ese niño tiene más motivos que tú para estar triste? Él no puede mirar al cielo, tocar las nubes... Ni tan siquiera puede contemplar este jardín y, sin embargo, en sus labios lleva una sonrisa dibujada.

Entonces, Lucas inclinó la cabeza y se volvió hacia su bicicleta y los otros juguetes que aguardaban para ser utilizados en sus juegos. De pronto, en un arrebato, el niño empezó a pisar con furia todo cuanto encontraba a su paso.

La voz volvió a preguntarle:

—¿Por qué rompes los juguetes? ¿No has pensado en la cantidad de niños que hay en el mundo que serían felices con uno solo de los tuyos?

Arrepentido se agachó para ordenar los juguetes pisoteados y, por el rabillo del ojo, vio cómo, desde la calle era observado por un grupito de niños que vestían ropas humildes sin apartar la vista del espectáculo  que, sin proponérselo, Lucas estaba ofreciendo a los viandantes. 

De pronto sintió dentro de sí un malestar que no podía explicar, ¿vergüenza?, ¿angustia?, ¿arrepentimiento? No sabía lo que era, pero, sin pensarlo dos veces, tomó los juguetes del suelo y los repartió entre los niños que aún seguían con la mirada fija en sus movimientos. Los niños gritaron de alegría al tiempo que reían sin parar, agradeciendo a Lucas su gesto tan generoso. Saltaban y reían una y otra vez, hasta el punto que contagiaron al donante y su cara ya no era triste, sino todo lo contrario, en ella se dibujaba la sonrisa y el placer que le causaba ver a los otros niños felices y contentos. Entonces se volvió hacia la bella figura que también sonreía satisfecha por su trabajo y le preguntó:

—¿Quién eres? ¿Por qué has venido?

—Soy un hada buena y he venido a ayudarte a ser feliz, no podía verte triste, pero ya me voy.

Y diciendo esto, desapareció confundiéndose con los rayos del sol.

El niño contempló las flores del jardín, el cielo azul y las nubes blancas y oyó cantar a los pajarillos. Fue en ese instante cuando supo ver la hermosura del paisaje que lo rodeaba, al tiempo que exclamaba:

—Qué bellas son las flores del jardín! ¡Cuánta hermosura! Perdóname, señor, por no haber sabido ver la grandeza de todo lo que me rodea.

Al día siguiente, el niño del bastón volvió a pasar por la puerta del palacio. Lucas lo vio desde su ventana y corrió a la calle hasta alcanzarlo.

—¡Hola, me llamo Lucas! ¿Y tú?

—Hola, Lucas. Yo me llamo Ángelo.

—¿Quieres que te acompañe?

—Bueno, si tú quieres...

Y así fue cómo los dos niños se hicieron amigos, Lucas acompañaba todos los días a Ángelo, le explicaba cómo era el cielo, las nubes, las estrellas y la luna, las montañas y todos los paisajes que los rodeaban. Lo llevó al palacio, le enseñó su habitación donde tenía sus juguetes y los compartió con él, regalándole parte de ellos. Le explicó lo triste que estaba antes de ver el hada, cuando tenía más juguetes, y cómo desde que repartió gran parte de ellos se sentía muy feliz y había aprendido a apreciar lo afortunado que era de poder ver los paisajes y describírselos a él.

Piedad Martos


 

sábado, 7 de marzo de 2026

ME GUSTA ESTAR EN SILENCIO

TÚ, QUE ERES PLANTA DE TEMPORADA

. 

Me gusta estar en silencio

y oír caer la fina lluvia,

mientras, sentada al ordenador

le escribo a la delicada petunia

que está puesta en el balcón.

 .

Tú, que eres planta de temporada

y tus flores son como campanitas,

ahora, con el agua sobre tus hojas

te veo linda y bonita.

Parecen diamantes en su esplendor

caídas del cielo divino,

alegrando el color

que entre el verde y la flor a nacido.

 .

Las horas van pasando

y yo sigo ausente,

mientras le escribo a las flores

aunque no estén presentes.

Porque me gusta estar en silencio

oyendo caer la lluvia,

sobre la baranda del balcón

y la imaginada petunia.

 .

Piedad Martos Lorente

 

domingo, 15 de febrero de 2026

OTRO CAPÍTULO DE MOGINES

Agradezco enormemente el tiempo que dedicáis a la lectura de mis cuentos, relatos y poesías ya que estos son más largos de lo que os gustaría. Por eso mismo os doy las gracias y os invito a leer otro capítulo de mogines y sus aventuras, esperando que os guste y no os aburra.
 
capílo 3 de mogines.pdf
CAPÍTULO 3: PATINAJE ARTÍSTICO
El gato Mojines
se levanta muy temprano,
se lava la cara con la mano
y se pone los patines.
Sale a pasear y, como siempre,
saluda a sus amigos
simpático y sonriente.
Se encuentra con un ratón
que ha salido a tomar el sol,
se detiene y lo saluda
con educación.
Pues aunque para él es un desconocido,
lo trata como a cualquier amigo.
Buenos días amigo ratón,
encantado de conocerte
y de tenerte...
El ratón, no responde
a tan gentil gesto
y, asustado, huye y
desaparece en un momento.
Mojines se sorprende
porque la actitud del ratón
no comprende.
¿Qué le pasa?
¿De qué se ha asustado?
¿Se quemará su casa?
¡Ha salido disparado!
Voy a dar una vuelta a ver qué veo,
igual necesita ayuda…
aunque no lo creo.
¿Seré yo el causante de su miedo?
Los gatos tenemos mala fama,
pero si yo no me meto con nadie…
nunca hago nada…
Nada que no se deba,
porque si él está en peligro,
aquí está mi menda…
Para lo que pueda servir,
que yo, haciendo bien,
me siento feliz.
Y eso hizo,
el gato dio una vuelta
por el recinto.
Al principio no vio nada
pero después divisó una caravana.
Hacia ella se dirigió,
con la esperanza de ver algo nuevo.
Era un espectáculo
que venía de otro pueblo.
¡Caramba, si tenemos fiesta en el barrio,
no lo sabía!
–exclamó dirigiéndose al lugar
con alegría.
Sí, allí estaba la última moda,
una pista de hielo que tanto mola.
Se abrió paso entre los espectadores
comprobando que entre ellos,
había un grupo de ratones.
También había un quiosco
de refrescos y golosinas,
y un puesto donde alquilaban
patines en la otra esquina.
Todos hacían cola
para entrar en la pista
y deslizarse por el hielo
como hacen los artistas.
Los perritos, Perla y Cascabel,
cogidos de la mano,
comenzaron a patinar
por el suelo helado.
Socorrooo, gritaba ella
sin poderse detener,
tirando con fuerza de
la mano de Cascabel.
Era muy divertido,
aunque a Cascabel
le costaba mantener el equilibrio.
Nunca había patinado
y llevando a Perla de la mano…
¡Uf, qué pesado!
Cuando acabó su turno,
aplaudieron los espectadores
y ellos salieron triunfantes
como dos campeones.
Después entró un pato
de blanco plumaje,
con el pico dorado,
todo él muy elegante.
Se movía como una pluma en el aire,
equilibrando sus pasos sin esforzarse.
En la pista quedó solo,
sin nadie que entorpeciera
los movimientos
de su cuerpo con piruetas
como movidas por el viento.
De nuevo aplaudieron
al acabar su exhibición,
por el espectáculo ofrecido
digno de admiración.
Ahora toca el turno
a un cerdito gordinflón,
que desde hace rato espera
con impaciencia hacer su demostración.
Así, con el rabo enroscado sobre el lomo,
todo él muy erguido y dispuesto,
arrastra sus patines alegre y contento.
Pronto empezó el espectáculo
y la sonrisa del cerdito
se convirtió en sabor amargo.
De pronto pegó un chillido
pidiendo socorro,
el cerdito no podía
con su cuerpo tan gordo.
La falta de experiencia
desequilibró su patinaje,
cayendo al hielo
sin poder levantarse.
Se da la vuelta,
se pone de rodillas,
al ponerse en pie cae de nuevo
y con el hielo se golpea la barbilla.
Venga, vamos
–gritan los de fuera-,
levanta el rabo
y empina las orejas.
El cerdito contestaba:
– Si de esta me salvo y no muero,
no quiero más pistas de hielo.
– Venga, hombre, no te rindas,
que eso le pasa a cualquiera,
la próxima vez
tendrás más experiencia.
Él lo vuelve a intentar,
pero el hielo cada vez
resbala más.
Aunque mucho se esforzaba
no había manera,
así que arrastrando el pesado culo,
de un impulso saltó a la acera.
¡Por fin!
Tenía el lomo helado
y la mirada triste…
¡Se sentía avergonzado!
Al momento, el espectáculo continuó
y al ratón el turno le tocó.
Éste, con su pandilla,
patinaba como loco
de orilla a orilla.
Se deslizaban con facilidad en el aire,
bailaban y hacían piruetas
como hacen los profesionales.
Mas de pronto,
pasó algo inesperado.
– ¡Un agujero en el hielo
a los ratones se los ha tragado!
–gritaba el público horrorizado-.
¡Qué pena y qué dolor,
entre esos bloques de hielo
ya no tienen salvación!
La lucha del cerdito
por levantar su cuerpo pesado,
ha hecho que el hielo
se haya ablandado.
Todos gritaban
pero nadie corría al lugar,
pues les faltaba experiencia
para poder ayudar.
Mojines, voluntario como siempre,
se mete en la pista
y en el socavón se detiene.
Los ratones, al descubrir
la presencia del gato,
corren y gritan con horror y espanto.
No tengáis miedo,
gritaba el felino,
yo solo quiero ayudaros
y ser vuestro amigo.
Entonces, los ratones callaron sus voces
y esperaron aliviados a ser rescatados.
El gato buscó una escalera,
la introdujo en el agujero
y ordenó a los roedores
que de allí salieran.
Uno tras otro por la escalera subieron,
saludaron a Mojines
y las gracias le dieron.
Entonces, él también
quiso sentir la emoción
de patinar sobre el hielo
al son de una canción.
Bailaba al compás de la música
sin esfuerzo aparente,
mientras oía los aplausos
fervorosos de la gente.
¡Qué agilidad!
¡Qué sabiduría!
La inteligencia de aquel gato,
en el barrio nadie la conocía.
Los ratones, recuperados de la tragedia,
reanudaron la diversión en la feria.
Invitaron a Mojines
con mucho respeto y educación
a tomar unas tapas
de chorizo y jamón.
Él, agradecido por el detalle,
aceptó con mucho gusto
y conversó con ellos
mientras paseaban por la calle.
Al día siguiente,
Mojines se sorprendía,
al leer en la prensa
lo que de él se decía.
He aquí un felino bondadoso,
que salva a un grupo de roedores
de morir en un pozo.
Los gatos, que de por sí,
tienen mala fama con los ratones,
Mojines ofrece su ayuda
al que está en peligro
sin mirar raza ni condiciones.
Y así, de esta manera,
nuestro amigo se hizo famoso
porque todos supieron como él era.
.
Piedad Martos Lorente
 
 

domingo, 25 de enero de 2026

LA ROCA ENCANTADA

EL DORMILÓN

 

De pronto se vio en un monte que no era el suyo. Dio unos pasos a su alrededor mirándolo todo asombrado por lo que veía, pues no conocía nada.

Estaba encima de una colina de donde se divisaba todos los alrededores. Como podía ser que hubiera andado tanto, si apenas había salido de él. No había árboles ni leña para llevar a su casa y el camino que lo llevaría a su pueblo tampoco estaba. En su lugar había una carretera con mucho tráfico. Comenzó a buscar el burro y tampoco lo encontraba, por lo que se puso muy nervioso sin saber que le había pasado.

Miraba a su alrededor y no encontraba nada conocido, nada orientativo que pudiera llevarle a su pueblo. No podía haber andado tanto, además, por aquellos alrededores él se los conocía todos. Se sentó en un puntal de donde se veía todo con más claridad y a veces veía algo que quería conocerlo, pero de pronto pensaba que no podía ser, porque al lado había casas y carreteras.

Llegó a pensar que se había vuelto loco, que había perdido la razón. Pero luego pensaba de nuevo, "estoy bien, no me pasa nada, pero ¿entonces que es todo esto?

Echó a caminar por la orilla de la carretera sin rumbo dirección a ninguna parte, hasta llegar al pueblo. Observó a dos hombres que iban delante de él y en la conversación que mantenían conforme andaban. Él los seguía, pues como iba sin rumbo fijo le daba igual ir para un lado que para otro.

-Parece que va a cambiar el tiempo. A lo mejor llueve, porque a mí me duelen las rodillas, y cuando a mí me duele algo es porque va a llover.

-Dios te oiga, porque hace tiempo que tenía que haber llovido.

-Yo me acuerdo, que en el tiempo que estamos, hace años, hacía un frío que pelaba y ahora tenemos unas temperaturas de verano. Todavía no he puesto el aire acondicionado para el frío.

-Toma, ni yo he encendido la calefacción, pues con el precio que tiene el gas…

-Sí, todo lo han subido tanto, que no sé a dónde vamos a llegar.

-Bueno, Luis, yo me voy por aquí, que tengo que comprar unas cosas que me hacen farta.

-Adiós, Raúl, hasta mañana.

Me parece que estoy en otro país con cosas que no he visto en mi vida. ¿Qué será el aire acondicionado? Será para calentarse como la calefacción, aunque nunca lo había oído antes.

Avenidas, calles anchas, coches, muchos coches diferentes a los que él había dejado y ningunas bestias con leña y aperos de trabajo. En cambio, la gente andaba por la calle con unos aparatos en las manos, que lo mismo hablaban con él, que escuchaban música o miraban no sé qué. Eran tantas cosas las que veía, que ya no sabía lo que le pasaba.

Hasta que llegó al casco antiguo y entonces conoció la Iglesia de san Juan y algunas casas y algunas calles. Buscó la suya y la encontró trasformada en un restaurante. Se fijó en la puerta de entrada y era totalmente diferente a la que él había dejado. Anteriormente era de madera con un llamador con la forma de una mano. La puerta tenía unos barrotes y entre barrote y barrote tenía un cristal opaco.  Ignoraba del material que estaba hecha. La miraba fijamente con los ojos muy abiertos, cuando salió una joven, que al verlo preparado para entrar le preguntó.

-¿Que desea?

-Nada, yo vivo aquí.

-Se ha equivocado, señor, la que vive aquí soy yo -la mujer cerró la puerta y se fue de prisa.

Sin duda era su casa, pero ¿qué le había pasado? Estaba desorientado, y ya no pudo más. Cayó al suelo desmayado. Las personas que entraban al restaurante lo vieron caer y acudieron en su ayuda.

Era un hombre joven… parecía joven, pero llevaba unas ropas antiguas, que le hacían verse mayor.

-¿Que le ha pasado, señor? ¿se ha mareado?

El hombre no contestó a las preguntas que le hacían y se echó a llorar como un niño. La gente se amontonó a su alrededor, esperando oír su procedencia, que entre sollozos decía.

-¿Que han hecho con mi casa, que han hecho con mi casa, Dios mío de mi alma? ¿Qué me ha pasado? ¿Alguno de ustedes me pueden decir Dónde está mi familia?

-Yo no sé quién es su familia -le decían los que allí se habían acercado, y poco a poco se iban retirando, cada cual a sus quehaceres. Al final, solo se quedó un joven, que le daba ánimo para que se levantara del suelo, donde había caído.

-Póngase de pie y venga a mi casa, que hablaremos.

-Yo salí ayer de mi casa… como pueden haber desaparecido mi mujer y mis hijos y trasformar mi casa y las cuadras en un restaurante o lo que sea, porque no entiendo nada -decía el hombre con lágrimas en los ojos.

-No se preocupe, señor, que todo lo averiguaremos, aunque nos lleve algún tiempo. ¿Cómo se llama usted?

-Perdone. Me llamo Francisco.

-Francisco, ¡qué más?

-Francisco Fernández Sepúlveda.

-Fernández, como yo. Yo me llamo Daniel Fernández García.

-¿Usted también se llama igual que yo?

-Eso parece. A lo mejor somos familia y todo -los dos hombres rieron y francisco parecía más aliviado.

-Mi hijo también se llama Daniel.

-Lo bueno abunda -volvieron a reír los dos-. Ya hemos llegado. Pase, por favor.

Daniel le hizo pasar a una salita y llamó a su padre mientras él hablaba con su primo, médico neurólogo, para contarle lo que había pasado.

-Me ha dicho mi hijo, que busca a su familia y no la encuentra.

-Así es. Salí ayer mañana a primera hora y   cuando he venido hoy han desaparecido y mi casa se ha convertido en una casa de comidas, que le llaman "restaurante" o qué sé yo.

El padre de Daniel lo observaba cuidadosamente, sin encontrar en él nada extraño, sino las ropas que llevaba puestas que parecían del siglo pasado. Sin embargo, tenía algo que le recordaba a su padre, ya fallecido.

-¿Y dice usted que salió ayer y que los dejó en su casa?

-Así es.

-Como se llama su mujer, sus hijos, algo que nos pueda ayudar para localizarlos.

El padre de Daniel quería decirle, que aquella casa que él decía que era suya, pertenecía a su familia desde hace muchos, muchos años, pero tuvo miedo a su reacción y prefirió esperar.

-Mi mujer se llama María y mis hijos se llaman, el mayor Paquito, la niña, que es la segunda, se llama Encarnita y el pequeño se llama Daniel, como su hijo.

El padre de Daniel palideció al oír a Francisco decir los nombres de su familia en el mismo momento que entró su hijo acompañado con su primo, el médico.

-¿Te encuentras mal, papá? Has cambiado de color.

-No, no me pasa nada, solo que me he preocupado al saber de este señor…

Los dos hombres se sentaron y siguieron la conversación. El padre de Daniel le preguntó a Francisco.

-Y dice usted que salió ayer de su casa. ¿Qué día era ayer?

-Veintiocho de octubre de 1925 -se apresuró a decir, para demostrar que no estaba mal de la cabeza- y hoy es veintinueve de octubre.

-Sí señor, hoy es veintinueve de octubre, pero un siglo más adelante, o sea, 2025.

-Me quieren tomar el pelo con el día de los santos Inocentes, pero para ese día faltan dos meses menos un día.

-No, le decimos la verdad -le dijo el médico-. ¿Sabe usted leer?

-Muy poco. Firmar y poco más.

Daniel le acercó un calendario. Francisco lo cogió en sus manos y leyó el año. Entonces se puso a llorar de nuevo.

 

-Mi mujer y mis hijos estarán muertos.

-Así es -le contestó el padre de Daniel-. Mi padre se llamaba Daniel, como su hijo pequeño, que por cierto le parece mucho a él. Sus padres se llamaban Francisco y María, y tenía dos hermanos, mejor dicho, un hermano que se llamaba Paco y una hermana que se llamaba Encarnación, madre del doctor aquí presente y yo que me llamo Francisco, como mi abuelo.

-El restaurante se llama "El leñador" y lo lleva un nieto de Paco Fernández

-Yo era leñador y salía a buscar leña para venderla. Ese día hacía mucho frío. Ya tenía la leña preparada para cargar en el burro y de pronto vi algo que me llamó la atención. Me acerqué un poco más para ver lo que parecía un trono.  Cuando estuve cerca vi que eran unas piedras bien formadas, que vistas de entre los árboles, parecía un sillón. Estaba de cara al sol y me vino ganas de fumarme un cigarro. Me senté un momento mientras me lo liaba y me encontraba tan a gusto, que hasta se me quitó el frío. Parece ser que me dormí un poco y cuando desperté… -Francisco se echó a llorar- cuando desperté ayer me encuentro que no tengo nada, ni familia, ni casa donde vivir, ni dinero para pagarme una habitación y un plato de comida.

-No llore, por favor. Me imagino lo duro que debe ser para usted encontrarse tan de repente así, sin nada… sin su mujer ni sus hijos. Para usted es como si los hubiera perdido ayer y, ahora tiene que pasar el duelo, pero me tiene a mí, que soy su nieto. Mi casa es su casa y mi familia es la suya. Yo le pondré al corriente de todo y usted nos contará como ha pasado un siglo en esa roca encantada.

 

Piedad Martos Lorente

 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Me despido del año 25 y le doy la bienvenida al 26

2025-2026

.

Hoy despido el año 2025 con una palabra de gratitud.

"GRACIAS." Gracias por todo lo que tengo pues me basta con poder salir a la calle (siempre acompañada) y tener paz, salud, mi familia, mis amigos y la amistad de ustedes. ¿Qué más puedo pedir? Nada. Solo pedirle al 2026 que me conserve lo que tengo hoy.

Y deseo paz y salud para todos ustedes y que la amistad se conserve de igual manera. Y lo mismo pido para el resto del mundo, que se acaben las guerras y puedan vivir en paz.

¡Feliz año nuevo!

 

.

LA INCONFORMIDAD

 

La inconformidad, se halló exponiendo sus quejas ante el sordo, el ciego, el inválido, el manco y el demente. Habló con la boca de un sordo, que estaba sentado en un sillón con una radio en las manos.

-Si en lugar de ser sordo fuera ciego, podría escuchar la radio, las conversaciones de mis amigos y hasta podría bailar al con par de la música, porque para ello no se necesita ver.

Después se fue al cojo que estaba sentado en una silla de ruedas y de igual manera exclamó.

-Si en vez de ser cojo fuera manco, podría andar, correr, chutar una pelota… Y hasta podría ir al campo porque para ello no se necesitan las manos.

Acto seguido habló con la voz del manco, que estaba sentado a la mesa frente a un plato de comida, esperando que alguien le ayudara para comer.

-Si en lugar de ser manco, yo fuera sordo, podría vestirme, asearme, comer y coger todo lo que necesitara, porque para ello, el oído no es necesario.

Después pasó al ciego que se ayudaba con un bastón e igual que en los anteriores, expuso su pesar.

-Si yo fuera cojo en lugar de ciego, sentado en la silla frente a la ventana, podría contemplar el paisaje al otro lado de la misma. La puesta de sol, el amanecer en el horizonte, el cielo azul o con nubes, los pajarillos volando de árbol en árbol, las flores en los jardines, la gente paseando o con prisas, el tráfico de la calle cuyos motores contaminan la atmósfera, etcétera. Porque para ver todo eso no se necesitan las piernas.

Así fue pasando de uno a otro hasta llegar al demente y, cuál fue su sorpresa al quedarse muda frente a él ya que sus labios no hicieron ningún gesto para exponer su queja. La mirada ausente, perdida, sin expresión Y sus palabras incoherentes avergonzaron a la inconformidad, que calló de inmediato cerrando la boca de los demás.

.

Piedad Martos Lorente

lunes, 8 de diciembre de 2025

NAVIDAD 2025

 

Apreciables amigos todos, efectivamente. La protagonista de "La voz del destino" soy yo y aquí os mando el premio. Tomadlo como lo que es, (una broma)

*

El premio que os prometí

es algo que yo puedo hacer,

aquí os mando estos versos

envueltos en este papel.

Y un abrazo muy grande

lleno de paz y amor,

recibirlo con cariño

que yo lo mando de corazón.

*

Os deseo felices fiestas de Navidad llenas de paz, amor y bienestar. Que la salud no os abandone, ahora y siempre.

*

BUSCANDO LA NAVIDAD

*

Hojas caídas

árboles desnudos,

son las imágenes

de un invierno crudo.

Abetos verdes

y nieve en las montañas,

el manto blanco se extiende

hasta llegar a sus ramas.

Y caído sobre ellas

como el que se pone una capa,

se ven bonitos y llamativos

como la mejor estampa.

Que busca la navidad

para obsequiar a los seres queridos,

deseándoles salud y paz

y que en todo sean enriquecidos.

Que la felicidad le acompañen

todos los días de sus vidas,

que no hallan armas ni puñales

y la paz esté escrita.

Que las manos del hombre

respete la naturaleza,

y la vea linda y hermosa

con toda su grandeza.

Porque en cualquier época del año

la pueden admirar,

con la belleza por delante

para poderle cantar.

En invierno nieve y árboles desnudos,

en primavera se visten de verde y flores,

en verano se buscan las aguas

y en otoño las hojas de colores.

Me gusta la naturaleza

en invierno y verano,

en otoño y en primavera

todas las épocas del año.

*

Piedad Martos Lorente

lunes, 10 de noviembre de 2025

LA VOZ DEL DESTINO

Quiero darle las gracias a Juan Ramón Santana Vázquez, Daniela Silva, Rajani Rehana, por sus visitas en mi blog y decirles que no he podido entrar en el suyo. Pues como ya saben, se trabaja diferente, aunque el ordenador es lo mismo que cualquier otro. Así, que si les ha gustado la puerta está abierta para todo el mundo, que quiera venir y yo les quedo muy agradecida. Igualmente, dejo un ramillete de besos y abrazos para todos y todas, con un lazo de amistad y un letrero que dice: aquí estaré siempre mientras las circunstancias me lo permitan.

Y ahora disfruten leyendo.

Ha, si adivinan a quien va dirigido el relato se han ganado un premio, que consiste… ¡En la próxima entrada os lo digo, jajaja!

*

LA VOZ DEL DESTINO.

 

Un día, el destino, fiel a su deber de no dejar a nadie sin visitar, pasó lista a los seres que habían sido concebidos, para colgarles la etiqueta que tendrían que llevar durante su andadura por la vida. Se paró a conversar con uno de ellos que ya se preparaba para iniciar su llegada.

 

-Eh, tú, despierta. Pronto llegarás a la vida.

-¿a la vida? ¿Qué es eso?

- La vida es… Bueno, eso lo sabrás cuando llegues a ella. Nacerás y serás un ser más en la tierra. Serás niña, tendrás el cabello castaño oscuro, ojos grandes y tez fina y tierna. Serás muy querida por todos aquellos que te rodeen  y, tú, debes ser dulce, alegre y obediente en todo. Crecerás entre la naturaleza y serás una criatura sana.

-¿Qué es la naturaleza?

-La naturaleza es algo muy hermoso que tienes que saber respetar y cuidarla igual que  te cuidarán a ti. Con mucho amor, porque ella nos da la vida.

-Pero si no me explicas como es, yo no la conoceré.

-Sí, porque vivirás con ella. Vivirás en el campo entre plantas, árboles, cereales, flores, mariposas, pájaros, todo ello muy bonito. Tendrás dos piernas fuertes para correr y jugar, dos brazos para abrazar, dos manos para coger flores y dos ojos para ver los colores, los astros del cielo en la oscuridad de la noche  y la belleza que te rodee hasta el horizonte. No tendrás juguetes pero serás una niña muy feliz. Y cuando hayas conocido todo lo que te he dicho, yo volveré otra vez a hablar contigo.

-Vale.

 

Así fue. A los nueve años de edad, la voz del destino se hizo escuchar y de nuevo conversó con ella.

 

-Veo que has cumplido todo lo que te dije… Dime, ¿qué te gustaría ser de mayor?

-Cuando sea mayor quiero ser peluquera. Me gusta mucho cortar el pelo… Bueno, también quiero ser modista porque cuando mi madre cose mi ropa, yo también coso y lo hago muy bien, de verdad. También lavo la  ropa cuando mi mamá lava y por eso, también voy a ser lavandera.

-Muchos oficios son esos… Pero me has demostrado que tú eres capaz de hacerlo todo. Te voy a poner a prueba. Tú vas a ser cuidadora y serás admirada por todo el mundo que te conozca, porque lo harás sin vista.

 

La niña no conocía las intenciones del destino, hasta que un día, algo llamó su atención. Era un objeto desconocido, que la niña cogió con sus manos después de verlo varias veces.

Allí estaba la clave. El destino había cumplido su objetivo después de anunciar su propósito, al explotar el objeto entre los dedos de la pequeña llevándose con él la luz de sus ojos.

Pero aquella niña, jamás se rindió ante la oscuridad que la envolvía. La esperanza siempre le acompañaba y estaba segura que un día, los médicos pondrían fin a su noche sin estrellas. Y entonces sería modista, peluquera o lavandera, porque eso era lo que deseaba. Coser vestidos para las muñecas que no tenía.

 

Como siempre, el destino volvió a intrometerse en su vida manifestándole sus deseos.

 

-Serás cuidadora porque ese es mi deseo y no quiero que hagas otra cosa más, sino cuidar a personas que dependerán de ti.

 

La niña creció, y el destino la llevó a una casa donde tendría el deber de cuidar a tres niños, dos niñas y un niño entre tres y cuatro años, porque los dos pequeños eran mellizos. En esa casa fue tratada con afecto y cariño, al que ella correspondió de igual modo.

 

Los niños crecieron y ella se casó con un hombre que la quería y admiraba al máximo. Entonces, solo cuidaba de su casa y de su familia, pero el destino, empeñado en acompañarla siguió tras ella.

 

-Veo que eres fuerte y pasas todas las pruebas que te pongo. Ahora te voy a poner otra un poco más difícil. Cuidarás a tu madre que quedará inválida en una silla de ruedas con otras complicaciones graves en su piel, por lo que tendrás que tener mucho cuidado al cogerla, para no darle ningún golpe que pueda acarrear otras consecuencias.

 

Veinticuatro años después, Cuando tenía sesenta y dos, el destino se impuso ante aquella mujer y sus deseos de disfrutar de la vida, empeñado en seguir poniéndola a prueba.

-Prueba superada. Tu madre ha llegado al final de su camino tal y como ella deseaba, acompañada siempre y cuidada por su hija preferida, sin ningún percance destacado.

Aunque ya te haces mayor, todavía estás fuerte y tienes fuerzas para seguir cuidando, así que ahora te va a tocar cuidar de tu marido. Su enfermedad degenerativa lo llevará por diversas etapas, pasando por la agresividad, la inmovilidad y la demencia, para quedar como un niño indefenso. Tendrás el consuelo de su amor, que a pesar de todo, te querrá siempre derrochando cariño y dulzura y sabrá quien eres.

Cuando termines esta prueba ya veremos si te pongo otra o no, pues todos dicen que ya tienes el cielo ganado… Aunque eso lo dispongo yo, que soy el destino,  y nadie más, no lo olvides nunca.

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Piedad Martos Lorente.