domingo, 17 de enero de 2010

ÚLTIMO CAPÍTULO DE: OTROS TIEMPOS.

CAPÍTULO 6º


Estaba dada de alta, pero no era el alta definitiva ya que después de unas semanas tenía que volver otra vez al hospital para seguir con la misma rutina. Las heridas las tenía curadas pero los oftalmólogos estudiaban mi caso en silencio como ya era habitual en ellos. No se daban cuenta de la angustia, de la necesidad que sentían mis padres por saber qué iba a pasar, cómo sería mi futuro, o quizá no se ponían en su lugar para comprenderlos. El caso es que yo quedé ingresada nuevamente en el centro durante casi dos meses más y una vez estuve dentro todo volvió a ser como antes. Mis padres volvieron a casa con la misma ansiedad de siempre.
Unos días antes de Navidad me volvieron a dar el alta, o mejor dicho, me dieron permiso para pasar las fiestas en casa ya que tenía que volver después que éstas pasaran. Pero los vecinos y conocidos, conociendo la situación e incertidumbre que se vivía en casa le aconsejaron a mis padres que me llevaran a la consulta privada de un médico, que vivía en un pueblecito cercano al mío y que según la gente era una eminencia. Podíamos aprovechar los días que iba a estar en casa y al fin y al cabo tampoco se iba a perder nada. Así que nos pusimos en marcha aunque para ello necesitábamos dos días pero no por los kilómetros que nos separaban, sino por la mala combinación que había entre el pueblo y mi aldea.
Este médico fue claro como el agua cristalina que baja de la montaña. Mis padres oyeron de sus labios aquello que desde hacía casi un año estaban deseosos de oír. “La niña volverá a ver, no para bordar ni coser, pero sí para defenderse siempre y cuando ustedes me den permiso para tocarle. Tienen que tener paciencia y tener en cuenta que una casa se cae en un momento, pero para levantarla se necesita mucho tiempo”. Mis padres le dieron su permiso ya que sus palabras le devolvían la esperanza perdida y en aquellos momentos estaban oyendo lo que tanto deseaban oír. Pero antes de ver cumplido su sueño tendría que pasar mucho tiempo todavía.
A partir de aquél día empezaría un largo proceso de tratamiento e intervenciones que necesitaba el tiempo requerido para su efecto.
A pesar de mi corta edad, me armé de fuerza y paciencia para cumplir al pie de la letra las instrucciones del médico sin protestar, ni quejarme por lo pesado que era pasarte una semana en la cama sin poder mover la cabeza, ni siquiera girarla un poquito de lado cada vez que me operaba. La gente se sorprendía al verme aguantar tanto, aunque para mí nunca fue ningún sacrificio como ellos lo veían.
La historia se repitió cinco veces en poco más de dos años hasta llegar a la definitiva, ya que las anteriores eran de restauración para poder llegar al final, es decir, al objetivo del médico, y lo consiguió.
Mes i medio después de la última intervención y una vez en casa, cuando mi madre siguiendo las instrucciones del médico me levantó el vendaje para hacerme la cura diaria me llevé la sorpresa y también se la di a ella (las únicas que estábamos en esos momentos en casa) ya que al destaparme los ojos, y después de salirme un chorro de lágrimas, no porque llorara, sino por lo dañados que estos estaban, lo primero que vi fue el color del estampado del vestido de mi madre. Ella no se lo creía aunque sabía muy bien que no le mentía porque aquel vestido yo no lo había visto nunca y entre risas y lágrimas por la emoción, mi madre me trajo un perrito nacido después de mi accidente por lo que tampoco sabía su color, bueno sabía que era blanco con manchas negras porque la familia me lo habían dicho, pero no sabía en el punto exacto donde tenía las manchas, las cuales yo le indiqué con el dedo donde estaba cada una de ellas. Pero aún así quería estar más segura de mí misma, y le pedí a mi madre que no dijera nada a mi padre y al resto de la familia hasta que pasaran unos días, por si aquella mejoría era transitoria y no quería que mi padre sufriera una desilusión y me volvió a tapar los ojos.
No recuerdo si mi madre me guardó el secreto o no, pero los días pasaron y la mejoría fue en aumento hasta llegar al punto anunciado por el especialista. Era cierto que no podría bordar ni coser aunque los sueños de niña de ser modista, con el paso del tiempo se habían quedado atrás. Pero tampoco podría seguir con las clases del maestro ya que no veía leer ni escribir ni, tampoco podía contar las estrellas, pero sí podía volver a recorrer el campo y coger flores silvestres y contemplar el paisaje que me rodeaba. Todo era alegría, había recuperado parte de la libertad perdida, ya dependía menos de los demás y eso era motivo de alegría para todos. Después de conocer la oscuridad, para mí era suficiente lo poco que veía y con ello estaba más que contenta. Pero lo bueno dura poco. Al poco tiempo empezaron las complicaciones. Un día se complica una cosa, otro día se complica otra, un día pierdes un poquito, otro día pierdes un poquito más y sin darte cuenta dejas la adolescencia atrás y con ella parte de lo que había recuperado, hasta que un día lo pierdes todo porque ese era mi destino.
Os podéis imaginar el cuerpo que se le pone a uno cuando pierdes lo poquito que tienes, pero no quise dejarme vencer por el capricho del destino y aquí estoy, dándole al teclado que es lo que más me gusta y recordando aquellos tiempos lejanos, pero frescos en mi memoria.

12 comentarios:

Piedad dijo...

Con este capítulo pongo punto final a los recuerdos de OTROS TIEMPOS que forman parte de mi infancia, con los cuales os habéis interesado por llegar al final. Pues bien, ya hemos llegado aunque es cierto que si hubiera entrado en detalles que me he pasado por alto, quizá hubiera escrito media novela, pero no he querido aburriros con mis vivencias infantiles. Empecé tan solo para contar las costumbres del hospital en aquellos años, que parecen ser del siglo XII, en vez del siglo XX y lo he alargado hasta llegar al punto que sin duda todos esperabais.
Por suerte, en los últimos 50 años las cosas han cambiado mucho, más que en todos los siglos pasados.

Os agradezco a todos y todas vuestros comentarios, pues como ya os he dicho en otras ocasiones, es un placer leeros ya que para mí significa mucho encontrar vuestras palabras en señal de vuestras visitas.
No me expreso como quisiera, pero como ya he dicho otras veces, tampoco tuve la oportunidad de aprender. Si escribo es porque me gusta y porque hago ejercicio mental, cosa muy importantes cuando pasas de los 60 jajajaja. Además, escribir, para mí es como un juego, es decir, lo encuentro divertido.
Así me gustaría que lo encontrárais todos/as los que por aquí pasáis.

¡Muchas gracias! ¡Abrazos!

Beatriz dijo...

Piedad que historia de vida. Y dices que no lo escribes muy bien pero no es así lo escribes perfectamente. Eres un amujer muy fuerte, con mucha voluntad y un ejemplo de vida. A veces las personas nos quejamos por pequeñeces y no aceptamos nuestra realidad. Pero tú eres un ejemplo de vida. Aunque esta historia terminó espero que sigas publicacando. Te mando un beso grande desde Argentina

Ali_ dijo...

Comadreja hija que te has dormido, donde esta tu sorpresa para Conchi?, pase a verla y no la veo, eres una gandula! y yo toda la tarde maquinando, te voy a dar al pam pam! jajaja. Mañana vuelvo y leo las cosas pendientes que tengo por estos lares.

Buenas noches comadreja.

Ali_

Ali_ dijo...

Ay mi madre!, que tambien traia un regalo para ti y ya estaba apagando el ordenador cuando recorde que no te lo habia dejado!. Acaso seran cosas de la edad?; seguramente que si mi querida Comadreja. Aqui te dejo el enlace, dile a tu ayudante o a tu Homer que te cuente un poquinin de que se trata mientras yo vuelvo a contarte!. Mañana no tengo mucho pensamiento de madrugar jajaja.

http://i47.tinypic.com/2wfi788.jpg

Si no sabes lo que es te digo que se llama:

Erithryna crista galli ó árbol de coral.

Esta hecha por mi!

Adrisol dijo...

gracias por tus recuerdos de vida!

sos un ejemplo que no todos podemos seguir..

gracias por compartir..

miles de besos,reina

Mayte dijo...

Piedad, recuerdos emocionados y emocionantes, precioso relato el que nos has contado de tus vivencias. Tienes razón en que las cosas han cambiado y mucho aunque todavia nos queda un largo camino por recorrer. Gracias a ti y a Isabel he empezado a escribir en mi blog sobre mi trabajo, pero me cuesta ...........y más ahora que acabamos de perder a uno de nuestros chicos ..el que menos nos esperabamos............su vida tambien es muy interesante y sobre todo su lucha.....Piedad sin conocerte me has echo quererte un beso muy fuerte

DRIADA dijo...

Pues porque te conozco , disfruto leyéndote y porque se lo importante que es este blog para ti y para los que disfrutamos de tus historias, pero hoy se me han saltado las lagrimas , la vida no es nada fácil y llegar a la sesentena con la alegría que desprendes es todo un ejemplo. Te admiro de verdad.
Un abrazo querida Piedad

entreluces dijo...

Ay Piedad, cuantos días amargos y sin embargo lo cuentas de forma tan tierna, pero al mismo tiempo tan determinante, que sobrecoge.

Si que ha pasado tiempo desde entonces, pero si lo puedes recordar así, para mí está claro que cuando se te cerraron caminos, seguistes cantando y celebrando la vida, y si te levantaron muros, te fuistes volando.

Un beso amiga,,,

Conchi dijo...

Querida Piedad, desde el primer día que pisé este espacio quedé enganchada a él. Me gusta cómo escribes, cómo lo cuentas, me gustas tú como persona, me gusta que nos cuentes todo lo que recuerdas de aquellos tiempos, y también lo que estás viviendo ahora. Me alegro muchísimo de que te diviertas escribiendo pues así podemos nosotros disfrutar también de ti, gracias a este invento del internet, pues si no cómo nos hubiéramos conocido tú y yo! jaja.
Has pasado mucho, amiga, y también tus padres. Una vida dura.
Te admiro y te quiero un montón.
Un abrazo muy grande y gracias por todo!!!
El resfriado me tiene cansaíta!!!
Conchi

Chus dijo...

Piedad, yo tambien te sigo, desde que conoci tu blog te leo todos los relatos y bien duros que son.

Aunque soy mas joven que tu, de todas formas, la vida que nos tocó vivir a las que estamos en la cincuentena, también fue dura y es que eran otros tiempos. Aunque se viviera en Madrid, no habia comodidades y no habia dinero, eso era lo normal en casi todas las familias.
Pero eramos felices. No eramos conscientes de ello. Pasabamos frio y lo veiamos normal y como eso muchas cosas mas.
En fin, otros tiempos, ni mejores ni peores, otros tiempos.
Un abrazo Piedad

rosa mis vivencias dijo...

El final de tu propia novela termino, capítulo a capítulo nos has dado una lección de fortaleza, de superación de saber llebarlo como tu solo has sido capaz, junto con la familia que estubo a tu lado; Como siempre y a pesar de conocer tu pasado, cuando la leía me parecia una irrealidad a la vez que los ojos se me humedecián . Sigue así y no cambiés nunca.ROSA

maracuyá dijo...

Ay bonita, cuánto te admiro y qué fuerza me transmitís...me hace tan bien leerte. En este momento en que estoy en combate diario con mi adicción al tabaco, tu ejemplo de voluntad y fortaleza me ayuda mucho.

Besos y gracias