martes, 26 de enero de 2010

DIÁLOGO

Os presento a Mariana y a Pepita, dos personajes inventados que viven en un pueblecito muy, pero que muy pequeño, situado en un lugar donde tu imaginación te pueda llevar.
Ninguna de las dos ha conocido otra vida que la que vive en su pueblo, por eso, a Mariana le cuesta tanto entender como se vive en la capital.


DEL PUEBLO A LA CIUDAD


-¡Buenos días Mariana! ¿Cuándo has llegado de la ciudad?
-¡Buenos los tengas Pepita! Llegué esta mañana a penas sin descansar.
-Será por eso que te veo ojerosa y con mala cara ¿O es que t encuentras mal?
-No, solo es cansancio, se me hizo largo el trayecto de la ciudad.
-Por cierto, ¿Cómo te ha ido en ella? ¿Te ha gustado? ¿Es bella? ¿Te han tratado bien?
-¡Oh, sí! Es muy bonita y me han tratado muy bien, pero de ella llego y aunque es bella no pienso volver.
-Y eso ¿Por qué? Si te han tratado bien, ¡No entiendo nada!
-Pues es tan cierto como que me llamo Mariana.
-Pues ya me dirás, aquí vives sola Y allí estás acompañada.
-Aquí vivo sola pero os tengo a vosotros, es decir, a todos los vecinos.
-Pero si somos cuatro gatos los que aquí vivimos.
-Sí, Pepita, tienes razón, pero estamos unidos y compartimos hasta la comida, el fresco y el sol.
Sí, Mariana, es verdad que aunque no nos tocamos nada, todos somos una sola familia de la cual estoy encantada. Si hago cocido y tú estás sola, ¿qué malo es compartir contigo un plato de sopa?
-Pues eso es lo que yo digo, aquí compartimos todo lo que tenemos, todos somos buenos y todos nos queremos. Y con esto no quiero decir que los de allí sean malos, sino que tienen otras costumbres y algo desconfiados. Allí todo el mundo va a lo suyo, nadie se conoce, nadie se saluda y todo el mundo corre. Y yo, acostumbrada a la vida del pueblo, esas cosas no las entiendo.
Considerando mi edad, la familia insiste que aquél es mi lugar, pero ¿Qué puedo hacer yo encerrada entre paredes? O ¿Entre edificios y monumentos, que por mucho que lo intento no veo la montaña? mientras ellos, por su trabajo se pasan las horas fuera de casa. Ganas me daban de coger la silla como hacemos aquí y bajarme al portal, por si alguien pasaba y se paraba a hablar. ¡Pero qué disparate! ¡Me tratarían de loca! Y en cima me dicen que calle la boca, que no diga eso, que soy ridícula... que se me nota que soy de pueblo. ¿Y qué malo es, que yo coja mi silla y me baje a la calle después de comer? Me gusta tomar el sol en invierno y el fresco en verano y hacer mis labores mientras hablamos, y contemplar el cielo azul, los pajarillos cantando y el horizonte de Oeste a sur. No sé por qué se extrañan, que me guste el paisaje que ofrece la montaña.
-Calla Mariana, no sigas por favor que solo de oírte me está dando calor. Yo en tu lugar tampoco lo podría soportar. Dejar de respirar este aire tan puro, nuestras tertulias en la calle, hablar de todo sin criticar a nadie. Vivir pausadamente sin agobios ni corridas, saborear minuto a minuto los días de mi vida.
-Pues ahí quiero llegar yo querida Pepita, la capital es muy bonita, pero es para ellos, para los que están acostumbrados a vivir encerrados, a respirar el humo de la atmósfera, a sus diversiones y discotecas. Yo prefiero mi pueblo con su pobre biblioteca, sin cines ni teatros, ni restaurantes de lujo donde comer exquisitos platos. Los guisos que aquí se hacen no serán de etiqueta, pero eso sí, son sanos como el aire que respiramos y las verduras recién cogidas de la huerta. Y qué te voy a decir de esa tranquilidad que aquí se vive, ¡Eso no se paga con dinero! ¡Que no Pepita, que no me voy del pueblo! ¡Y aunque mis sobrinos insistan, la ciudad no la quiero! ¡Y que nadie se ofenda por lo que dice mi menda, ni crean que le hago desprecio, no es así, tan solo es añoranza por mi querido pueblo y es por eso que ahora estoy aquí!

10 comentarios:

Beatriz dijo...

Que bien que escribes Piedad. Me encantó tu historia. Los de las capitales no sabemos ni el nombre del vecino. Y cuando uno esta de vacaiones en un lugar tranquilo nos cuesta relajarnos. Que se quede en el pueblo que es más sano.

Kety dijo...

Amiga Piedad, cuánta razón tienes.
y que bien lo dices.
Un abrazo

Mayte dijo...

Bonito como siempre, me gusta leerte. Tengo la gran suerte de vivir en Avilés que ni es grande ni pequeña...........así que ni pueblo ni capital....vamos que esta genial para vivir. Un beso

Adrisol dijo...

muy buena tu historia...

super sensible!!
felicitaciones de corazón..

besoss

reser dijo...

Como siempre chapo, Piedad, me encanta leerte. Nosotras vivimos en ciudades pequeñas pero también vamos todos a lo nuestro, corriendo todo el día y sin preocuparnos de los demas. Este es el mal de nuestros dias. Un abrazo

Conchi dijo...

Piedad, te felicito por este diálogo escrito en formato de prosa y con fondo de poema. Sabrás que cuando lo he ido leyendo me ha recordado a los cuartetos del carnaval. Así se escriben los diálogos, haciendo rimas y a ti te ha salido perfecto. Claro, que tú no lo has escrito para llevarlo al teatro Falla de Cádiz (ahora están con el concurso de carnaval, jeje). Yo una vez hice un cuarteto y lo llevé al Gran Teatro de Córdoba. Lo hice con dos niñas y dos niños y no sabes lo bien que lo pasamos. pero lo mejor fue escribir todo el diálogo. Si te hubiera conocido en aquel tiempo hubiese acudido a ti!
Bueno, en cuanto al tema del que hablas, pues qué te voy a decir, que yo me vine de la ciudad al pueblo y aquí sigo...
Te mando un fuerte abrazo!!!!
(Vete preparando que pronto vamos a hacer un jueguecillo, ¿vale?)
Conchi

DRIADA dijo...

¿Oye Piedad? y si lo probáramos... y si sacáramos la silla a la calle y nos pusiéramos a ver a la gente que pasa , estoy segura que alguno se pararía y pegaría la hebra.
Una historia bonita, como todas las tuyas
Un abrazo

Cristina dijo...

Cuanta razón tienes Piedad,los que vivimos en la ciudad no sabemos pararnos para escuchar entre tanto ruido,el hermoso y a veces tan necesario silencio.Cuando quieras nos bajamos unas sillas y que nos quiten lo bailao!!!!

rosa mis vivencias dijo...

! Sabes que pensaba mientras leia tu " DIALOGO " Pues que te podrias dedicar a escribir obras de teatro, has oido bién,me a gustado y tal como lo ha narrado, pues eso que me imaginaba estar sentada en una butaca de teatro. ¿ Pero de que me sorprendo conociendote como te conozco?. ROSA

maracuyá dijo...

Cómo has transmitido tan bien las vivencias en la ciudad y el campo, sobre todo las vivencias de quienes habitando en un lado, se encuentran en el otro...la indiferencia de las personas que van con prisa, cada uno en su mundo...en contraste con esa pertenencia que se siente a un vecindario pequeño.

Me encantó Piedad, demuestra mucho conocimiento de ambos ambientes.

Besotes