sábado, 9 de enero de 2010

OTROS TIEMPOS. CAPÍTULO 5º

Yo seguía con los brazos cruzados detrás de la espalda y apoyada en la pared cuando mi maestro me hizo la típica pregunta: ¿Te quieres venir conmigo? Le sonreí sin olvidarme que estaba a la espera de que vinieran a por mí, cosa que le comuniqué acto seguido a pesar que todavía estaba nerviosa por el encuentro. Supongo que el maestro también quedaría sorprendido de mi respuesta ya que ignoraba que yo estaba dada de alta, pero me cogió de la mano y me pidió que le acompañara a donde estaba la monja.
Él se presentó y le dijo la intención que tenía de llevarme a mi casa cuando él volviera a la suya. La monja le mandó a la dirección del centro donde tendría que formalizar una serie de documentos que tuvo que rellenar y que dicha preparación duró un par de días. Mientras los papeles estaban todos en regla, la monja y enfermeras me desempolvaban la ropa, la cual ya no me entraba por mucho que yo quisiera encogerme, así que tuvieron que deshacer el vestido y sacarle por todos lados ya que había engordado y crecido notablemente. Después las enfermeras lo lavaron y plancharon, me guardaron mis juguetes en una caja de zapatos y con mi muñeca entre los brazos salí del centro cogida de la mano de mi maestro y de su madre que le acompañaba.
Estaba loca de contenta derramando alegría por los cuatro costados por la aventura que comenzaba a vivir con mis protectores. Al día siguiente cogeríamos el tren que nos llevaría cerca de mi casa, en el cual sería la primera vez que me montaría, pero antes había que pasar la noche y como dormir en hotel era cosa de ricos y mi maestro y su madre no lo eran, nos fuimos a una fonda en la que tuvimos que compartir la habitación porque no había otra cosa. La habitación estaba ubicada en la planta baja y según decía la dueña, si dejabas la ventana abierta para que entrara el fresco, era probable que los rateros o delincuentes nocturnos arrasaran con lo que tuvieran a su alcance. Solo pensar en que podría perder mi muñeca me aterró profundamente, así que sin pensarlo dos veces la escondí debajo de la cama, la cual compartía con la madre de mi maestro. Al día siguiente nos dirigimos a la estación para tomar un tren de carbón y asientos de madera en el que pasaríamos gran parte del día. Yo estaba loquita perdida por los acontecimientos y a cada momento preguntaba: ¿Cuándo saldrá? ¿Qué no nos vamos? Y cuando alguien subía, se movía el suelo y yo volvía a preguntar ¿Nos vamos ya?
Al fin el tren se puso en marcha con su cha cachá cachá. Paraba en todas las estaciones con tiempo suficiente como para subir en él los vendedores de golosinas, helados y caramelos. Cuando íbamos a mitad del trayecto subió en nuestro vagón, un grupo de hombres que venían de buscar trabajo, entre los cuales se encontraba un familiar mío y un vecino que al reconocerme se disputaban el derecho de llevarme a mi casa para evitarle al maestro la molestia de tener que andar un trozo más de camino, pero fiel a su palabra y al compromiso que había firmado, el maestro seguía firme en su decisión, así que se tuvieron que conformar con comprarme un helado en cada estación.
Después de dejar el tren cogimos un autobús en el que también tuve otro encuentro, esta vez era mi hermana, y lo mismo que los anteriores, ella también quiso continuar el camino conmigo para evitarle la molestia al maestro, pero él se mostró firme y decidido a no dejarme en la custodia de nadie hasta que no estuvieran mis padres presentes, como así fue a pesar que una vez dejado el autobús tuvimos que andar unos 3 kilómetros a pie y en dicho trayecto encontramos a mi madre, pero hasta que no estuvo mi padre también junto a mí, mi maestro no se separó de mi lado para nada. ¡Menuda sorpresa les di a la familia y vecinos que celebraron mi llegada! Y es que la carta todavía no había llegado, pues alguien la cogió del correo con la intención de entregársela a mis padres pero la memoria le falló y llegó a su destino un mes después que yo.
Por fin estaba en casa, me había pasado en el hospital 6 meses. Allí me sentía segura, sin peligro y corría por todo el centro sin dificultad, pero en el campo todo sería diferente, no podría correr, coger flores silvestres que tanto me gustaba aunque sí podría jugar con mis amigas. Pero ¿Se conformarían mis padres con eso?...

9 comentarios:

maracuyá dijo...

Amiga querida, si vos supieras cuánto me emociona leer tus memorias de niña. Y además las escribes de una forma tan amena que da pena llegar al final de la entrada...
Imagino la incertidumbre ante la nueva situación al dejar aquel ámbito en el que te sentías segura...pero no dudo que pronto lo habrás superado. Ya me enteraré, porque no pienso perderme la continuación.

Un beso enorme desde la orilla del Paraná.

Conchi dijo...

Querida Piedad, no sé cómo me he despistado y no había leído tu anterior entrada. la cosa es que el otro día pasé por aquí y pensé que la había leído y me fui. Ayyy, la edad!!!
Amiga, sé que lo pasaste muy mal y que estás haciendo muy bien en escribir sobre tu niñez, sobre aquellos días tan tremendos para ti y para tus padres. Estás haciendo un buen ejercicio de memoria y de redacción y eso es estupendo.
Sabes que aquí tienes a otra seguidora que espera ansiosa el próximo capitúlo.
Al final publicas tus memorias, que ya te veo venir!!!
Un abrazo muy grandeeeeeeeeee, comadre!
Conchi

Isabel dijo...

Buenos días Piedad
Nos dejas un cachito más de tu vida. Que momentos más emotivos dejar a personas que casi se te hacen familiares y tornar a tu vida ¡con un cambio tan grande!.Me gusta leerte , ya lo sabes.
Espero la próxima
Un abrazo

Elsis dijo...

Piedad querida, cómo me gusta leerte!
Siempre me parece estar allí con vos.
Me alegra verte de nuevo, qué tengas un feliz año, besitos cielo!

entreluces dijo...

Cuanto me alegro Piedad que hayas vuelto despues de tus obras y reformas.

Es emocionante seguir tus vivencias y me encanta leerte por la serenidad que emana a pesar de ser recuerdos de una infancia dura.

Abrazos

Beatriz dijo...

Que bien que haces en escribir tus memorias de chica. Que historias tan interesantes y fuertes. Me gusta seguirte y demuestras una fuerza tremenda. Feliz 2010!!

Adrisol dijo...

está bueno recordar y escribir sobre el tiempo pasado que nos ha maracado tanto...
gracias por compartir un pedazito mas de tu historia de vida!!

besos,reina

Kety dijo...

Piedad, me alegro de tu vuelta al blog. veo que te ha cundido escribir, volveré de nuevo para leerte más tranquila.

Un abrazo

Mayte dijo...

Que emocionante es leerte,aqui me quedo esperando el siguiente capitulo. Un besazo guapa