domingo, 18 de junio de 2017

AMORES EQUIVOCADOS 5º

Capítulo 5º.

 

EN EL SUPERMERCADO

 

Mientras coge los productos de la estantería, Marina ve de reojo a un hombre que lleva un brazo vendado. Sorprendida se acerca a él y le saluda.

-Buenos días, Gabriel.

-Buenos días, Marina. No te había visto.

-¿Qué te ha pasado en el brazo?

-Un accidente en el trabajo, pero ya estoy mejor. Después de dos semanas al final  me han tenido que operar.

-Ah, ¿sí? Pues no me ha dicho nada Raúl.

-Bueno, supongo que Raúl no lo sabe. Al menos yo no le he dicho nada.

¿Cómo que no se lo has dicho?

-No, no, es que hace mucho tiempo que no nos vemos. Por lo menos hace tres meses… ¿Te acuerdas el día que nos vimos en la plaza del mercado?

-Sí.

-Pues desde ese día no nos hemos visto.

-¿Entonces, el domingo no celebraste tu cumpleaños?

-¿Estás de broma? El domingo todavía estaba en el hospital y mi cumpleaños ya pasó hace mucho tiempo... tanto que ni me acuerdo. Me dieron el alta ayer y, me faltaban algunas cosas y he venido a reponer la despensa, porque si no, lo tengo mal, jeje.

-Así es. Si no nos espabilamos nosotros, la compra no viene sola. Bueno, chico, me alegro mucho de verte y que te mejores.

-Gracias, mujer. Dale recuerdos a Raúl y a ver si nos juntamos un día de estos y vamos a tomar algo.

-¡Ya lo creo, que le daré recuerdos, y no sabes cuánto me alegro de verte!

 

A LA HORA DE COMER

 

Sentados uno frente al otro, Marina conversa con su marido aparentando tranquilidad y alegría.

 

-Ah, ¿a que no sabe a quien he visto hoy en el supermercado?

-Alguna amiga tuya ¿no?

-No, te equivocas. A un amigo tuyo. Por cierto, no me has dicho que ha tenido un accidente en el trabajo y que ha estado ingresado en el hospital hasta ayer.

-Es que yo no sé nada de ningún accidente de ningún amigo. ¿Quién es ese amigo?

-Gabriel.

-¿Gabriel? Si el domingo estaba bien.

-Sí, estaba mejor, pero en el hospital. Por cierto, su cumpleaños pasó hace barios meses. ¿Me puedes decir con quién estuviste el domingo?

 

Raúl, blanco como el papel no sabe qué contestar y está a punto de atragantarse. Empieza a balbucear palabras sin aclarar demasiado, simulando tener la boca llena.

 

-Ya te lo dije. Con Gabriel…

-¡No mientas!

-No miento, cariño. Es que yo te hablé de otro amigo que también se llama Gabriel.

-Ah, ¿sí? ¿Y quién es ese Gabriel que yo no lo conozco?

-Sí, mujer, es un amiguete mío de la infancia. También vive solo.

-¿De verdad, no me estás mintiendo? ¿No será una Gabriela, o tal vez una Lucía?

-¡Calla, mujer, calla! Cómo te voy a engañar yo, si eres mi vida entera. Lo que más me importa en este mundo. Cariño, no seas mal pensada…

-Ay, cariño… ¡Cariño, como te quiero tanto, te la endiño!

-No digas más tonterías… tengamos la comida en paz.

 

Marina disimula la duda y está dispuesta a descubrir la verdad. Para ello, en un descuido de Raúl registra los bolsillos, cartera y todo aquello donde pueda encontrar algún indicio de su infidelidad. En el bolsillo de una americana encuentra un pequeño paquete envuelto en papel de regalo. Indignada sale al salón con él en las manos preguntando en voz alta:

-¡Raúl! ¿Me puedes decir que es esto?

-¿Por qué me has registrado los bolsillos? ¿Es que no me crees?

-No. No me creo el cuento ese del cumpleaños de tu supuesto amigo.

-Está bien, te voy a decir la verdad. El domingo pasado fui a un centro comercial a comprarte un regalo. Quería darte una sorpresa el próximo domingo, pero todo se ha ido al garete. Ábrelo, son unos pendientes.

-¿Un regalo para mí?

-Sí, para ti. ¿Tiene algo de malo?

-No, pero me extraña un montón que me hagas un regalo tan caro sin ser ninguna fecha importante. Que yo sepa no celebramos nada.

-¡Madre mía, qué pesada te pones!

 

Marina desenvuelve el paquete y saca de su interior una cajita de joyería, la abre y se queda con la boca abierta.

 

-¡Oh, qué bonitos! Perdona, Raúl… Yo no quiero enfadarme contigo, pero es que a veces haces cosas que me hacen sospechar… Perdóname, por favor.

-Acepto tu perdón. No pasa nada, gatita mía.

 

La pareja se funden en un abrazo y después se despiden para ir cada uno a su trabajo.

 

Piedad Martos Lorente

 

 

domingo, 4 de junio de 2017

AMORES EQUIVOCADOS 4º

Capítulo 4º.

 

POR LA NOCHE EN CASA DE MARINA

 

Cuando Marina llega a su casa después de acabada su jornada, su marido se halla sentado en el sofá frente al televisor. Al oír la puerta, se incorpora y echa el cuerpo hacia delante para saludar a su mujer con una amplia sonrisa.

 

-Buenas noches, cariño.

-Buenas noches Raúl.

-¿Cómo te ha ido el día?

-Uf, he tenido un día de perros.

-¿Qué quieres decir con eso?

-Pues eso, que he tenido un mal día.

-¿Los perros tienen mal día?

-Y qué sé yo. Mi padre siempre decía eso. Supongo que será una forma de expresar o calificar cuando se tiene mal día por el motivo que sea.

-No sé por qué, porque si lo miras bien, los perros no lo pasan tan mal. Su obligación es comer, dormir y guardar a su amo. ¿Has tenido mucho trabajo en la residencia?

-Pues como cada día, ni más ni menos

-¿Entonces A qué se debe el mal día?

-No sé por qué preguntas si sabes los motivos.

-Ah, ya sé. Estás enfadada porque me fui a comer con mi amigo. Mira que eres tonta.

-Tú lo habrás pasado muy bien, pero yo he tenido unos nervios todo el día que no te puedes ni imaginar. Suerte que entre el trabajo, los abuelitos y las visitas se me han ido aplacando.

-Anda, tonta, ven para acá y dame un beso. ¡Si yo te quiero más que a nadie!

-Pues a ver si me lo demuestras la semana que viene, que tengo fiesta.

-¿A dónde quieres ir?

-Podríamos ir a la playa, por ejemplo.

-Uf, ¿a la playa…? Es que…

-Pues si no te apetece, podemos ir al teatro. Me han dicho que hacen una obra muy buena.

-Bueno, ya veremos… En casa también se está bien y se descansa más.

-No te entiendo, Raúl. De verdad que no te entiendo. Hoy he comido sola mientras tú has comido con tu amigo.

-Mujer, era el cumpleaños de Gabriel y el pobre está solo, ¿qué menos podía hacer por él?

-Pues la semana que viene podemos celebrar mi cumpleaños.

-¿Tu cumpleaños? ¡Pero si todavía falta cinco meses!

-Pues podemos celebrar el tuyo.

-Cariño, mi cumpleaños fue el mes pasado.

-¡Ya lo sé! ¿Y qué pasa si lo celebramos otra vez? ¡Pues si no hay playa, ni teatro, ni cumpleaños, nos vamos de viaje a París, por ejemplo, porque yo quiero salir con mi marido y divertirme con mi marido! ¿Entiendes, marido mío? ¡Quiero salir cuando yo tenga fiesta de la residencia!

-Cálmate, mujer, iremos a donde tú digas. Pero tienes que comprender que yo también estoy cansado, porque yo también trabajo.

-Ah, sí. ¿Y que es lo que hago yo? Pues que yo sepa no me estoy parada. Trabajo de lunes a viernes y los fines de semana cada vez que me toca, además de las labores de la casa. Así que hoy estoy cansadísima y vas a preparar tú la cena.

-A sus órdenes, mi sargento. ¿Qué quiere usted cenar?

-Estoy traspillada y no me apetece nada. Hazme aunque sea una tortilla francesa y un poco de ensalada.

 

Durante la cena.

 

-¿Hubo mucha gente en la comida del cumpleaños de Gabriel?

-Nadie, solo él y yo.

-¿En qué restaurante lo ha celebrado?

-Bueno, fuimos a la playa y comimos en un chiringuito de aquellos.

-Ah, muy bien. Me parece estupendo. Hoy puedes ir con Gabriel y la semana que viene no puedes ir conmigo… No sé qué te pasa, Raúl. Cada vez te alejas más de mí.

-No digas chorradas y come, anda.

-No sé por qué, hoy me huele esto a chamusquina.

-Anda, ven para acá, gatita mía, que te voy a amansar con un beso.

-¿Y se puede saber por qué me llamas gatita?

-Bueno, pues… porque… porque hoy vienes con las uñas afiladas como los gatos.

-Porque ya no me quieres.

-¡Y dale otra vez! ¡Cómo no te voy a querer, pichoncita mía, si eres mi vida!

-Pues dime algo bonito, algo gracioso… Recítame una poesía…

-¿Que te recite una poesía?

¿Pero es que tengo yo cara de poeta, querida Lucía…?

-¿Me has llamado Lucía?

-¡Cómo te voy a llamar Lucía!

-¡Lo acabas de decir!

-¿No me has dicho que te recite una poesía? Pues para que rime: Poesía y Lucía.

-Pero yo me llamo Marina y no Lucía.

-Ay, Marina, con el día tan bonito que he tenido y la noche de perros que me estas dando.

 

Piedad Martos

 

domingo, 21 de mayo de 2017

AMORES EQUIVOCADOS 3º

Capítulo 3º.

 

En la residencia

 

Al cruzar el umbral de la puerta, Marina se mira el reloj: tiene cinco minutos para cambiarse antes de relevar a su compañera de turno. Entra en el vestuario y allí se encuentra con Irene que casi está a punto de salir para incorporarse a sus tareas diarias.

-Hola, Irene.

-Hola, Marina. ¿Qué tal?

-Uf, fatal… tengo los nervios de punta.

-¿Qué te pasa, chica?

-Pasarme, lo que se dice pasarme no me pasa nada. Me he enfadado con mi marido.

-¿En serio?

-Resulta que los fines de semana que yo trabajo, él siempre tiene algún proyecto. Si no tiene futbol, ha quedado con algún amigo, y si no es eso, es otra cosa, pero el caso es que siempre pasa lo mismo. Hoy me pongo a preparar la comida y me dice que para él no haga nada, que es el cumpleaños del amigo y que se van a comer los dos juntos, y ya estoy hasta las narices.

-Bueno, mujer, tranquilízate, que no es para tanto.

-¿Qué no es para tanto? Pues claro que lo es. Mira, la semana pasada que yo no trabajé el fin de semana, cuando le dije de salir a dar una vuelta me dice que no. Si le digo de ir al cine… ni hablar, le duele la cabeza. Si digo de ir a pasear, ni hablar del caso, está cansado. Y así estamos siempre. Estoy harta, de verdad, chica.

-Bueno, después del enfado viene la reconciliación y con ella florece el amor con más fuerza.

-Ya, ya. Eso ya lo veremos.

 

Salen del vestuario y cada una se dirige a su zona de trabajo.

Marina da una ojeada por la sala de estar y comprueba que todo está tranquilo. La mayoría de los ancianos están dando una cabezadita en sus sillones correspondientes.

Sin decir nada, se da la vuelta y se dirige a la cocina para preparar el carro con la merienda y el medicamento de la tarde.

Manuel, que permanece en silencio frente al televisor viendo un documental con poco volumen, le hace una seña con la mano para que se acerque a él.

-Buenas tardes, Manuel. Qué, cómo va usted, ¿se siente bien en la residencia?

-Pues sí, señorita. Me siento a gusto y estoy bien cuidado. Claro, que como llevo pocos días aquí, no puedo decir lo contrario.

-¿Han venido sus hijos a verlo algún día?

-Qué va, yo no tengo hijos. Mi mujer murió el año pasado y todo este tiempo he estado solo. Pero ya me he cansado de vivir en soledad, y claro, aquí estoy muy acompañado.

-Entonces ¿no tiene usted familia?

-Sí, familia sí tengo. Tengo hermanos… que están peor que yo, aunque ellos sí tienen hijos.

De todos los sobrinos que tengo que son cinco, solo me visita uno. Es el más familiar y el más cariñoso y además, muy simpático. Creo que vendrá hoy a verme.

-Pues me alegro que por lo menos tenga alguno que se acuerde de usted.

¿Quiere usted alguna cosa?

-No, muchas gracias. Solo quería hablar un poco.

-Muy bien, me voy a continuar con mi trabajo. Después vuelvo.

 

Cuando acaba de prepararlo todo, vuelve otra vez a la sala y por orden, los lleva a todos al servicio. Dos horas más tarde, aprovechando unos minutos de intervalo entre servicio y servicio, se va a tomar un descafeinado con leche. Los nervios parece ser que los tiene más calmados, aunque no deja de pensar en la actitud que ha adoptado su marido últimamente. En ese instante suena el timbre de la puerta y va a abrir, pues el portero ha ido al servicio.

 

-Buenas tard…des. anda, si está aquí la esaboría. ¿Qué hace usted aquí?

-¿A usted qué le parece?

-Parece que esté currando ¿no?

-Solo lo parece. ¡Lo que me faltaba por oír! Y digo yo, ¿usted se ha propuesto seguirme los pasos y amargarme la tarde?

-Pero cómo le voy yo a amargar la tarde, si lo que intento es alegrársela, mujer. Vengo a ver a mi tío.

-¿Quién es su tío?

-Manuel Delgado.

-Ah, ya. Pase por aquí. Está en la sala de estar viendo la televisión.

-Qué sorpresa me he llevado al verla aquí. Era lo que menos me esperaba.

-Yo tampoco lo esperaba ver aquí.

-Pues sí, hoy voy a dedicar el día a visitar a la familia. Esta mañana a mis padres y esta tarde a mi tío. ¿Se acuerda que le dije que mi mujer me había dicho que no tardara mucho?

-Sí.

-Pues cuando he llegado a mi casa a las dos menos cuarto, he empezado a llamarla: ¿Cariño…? ¿Cariño…? Estoy aquí. ¿Y sabe lo que me he encontrado?

-No, ¿Qué se ha encontrado?

-Una nota enganchada en la nevera en la que me decía: Me voy a comer con una amiga. En la nevera tienes comida, hazte tú lo que te apetezca. Así que me he hecho una ensalada, una pechuga de pollo a la plancha, una manzana y un café. He fregado lo que he ensuciado y después de ver la tele un rato me he dicho: ahora mismo me voy a ver a mi tío y que ella venga cuando quiera.

-Pues estamos los dos lo mismo, porque mi marido también se ha ido a comer con un amigo.

-Ya. Espere un poco, que le voy a contar un chiste antes de entrar en la sala.

Era un hombre que fue al médico y le dijo: "Doctor, hace dos semanas que mi mujer me fue infiel y todavía no me han salido los cuernos, ¿Será por falta de calcio?

-Jajajaja, ¿y usted cree que su mujer le es infiel?

-No sé yo, pero de un tiempo para acá se comporta de otra forma diferente.

-¿Manuel? Mire quien viene a verlo.

-¡Hombre, Isidro! Pasa, pasa. Te estaba esperando. ¡Este es mi sobrino, el más bueno de todos!

-Ole mí tío, el más grande del mundo entero, que ante su bondad, yo me quito el sombrero.

 

Piedad Martos Lorente

 

domingo, 7 de mayo de 2017

Amores equivocados 2º

Capítulo 2º.

 

EN EL AUTUBÚS

 

La mujer saca de su bolso el tique y lo coloca para que el chófer le tache el viaje. En el autobús solo viaja una mujer y esta va sentada en los últimos asientos del coche.

El chófer, que la conoce de verla todos los días, le saluda amable:

-Buenas tardes, Marina.

-Bueno, eso de buenas tardes habrá que verlo después, porque lo que es ahora… para mí no son muy buenas que digamos.

-¿Qué te pasa para que no sean buenas?

-Ay, Javier, ¿qué quieres que me pase? Hoy tengo yo mal día y encima tengo que trabajar…

-Anda, y yo también, no te fastidias.

-Sí, claro, pero mi trabajo es más pesado que el tuyo –contestó ella mientras avanzaba por el pasillo para sentarse cerca de la puerta de salida. Detrás de ella, pisándole los talones sube Isidro el gracioso. Paga y se sienta cerca de ella para conversar mientras dure el viaje. Al verlo, Marina exclama:

-¿Pero usted no esperaba el autobús de su barrio?

-Así es, señora. Este es mi autobús.

-¡Lo que me faltaba por oír! ¡Por si no he tenido bastante con escucharlo en la parada, ahora también lo llevo de compañero de viaje, qué barbaridad!

-Pero mujer, ¿qué le pasa? ¿Por qué está usted tan nerviosa?

-¿Se me nota que estoy nerviosa?

-Bueno, desde una legua. ¿Usted no sabe que los nervios son muy malos para la salud?

-Claro que lo sé, ¿pero qué puedo hacer, si las cosas son como son?

-Mire usted, señora. Los nervios no sirven para nada y para todo estorban. A veces nos preocupamos por cosas sin importancia y aunque nos pongamos nerviosos, el problema sigue estando ahí. Lo que tiene usted que hacer es despejar la mente y no pensar tanto en eso que le atormenta. Seguro que si lo hace así, cuando pasen unas horas lo verá todo con otro color. Hágame caso y verá que tengo razón. Óigame, que se lo digo en serio. Yo he ido a ver a mis padres y la verdad es que me he venido muy preocupado. Mi padre está de las piernas que no puede dar un paso y hoy he visto yo a mi madre un poco rara… Parecía desorientada… No sé… algo le pasa en su cabeza que no es normal.

Siempre voy andando, pero hoy me ha dicho mi mujer: ven pronto que tenemos cosas que hacer. Y total, ya me dirá usted que faena hay en una casa que no hay niños ni personas mayores a quien atender, que se ordena el piso por la mañana y nos vamos a trabajar. Cuando volvemos al mediodía todo está en su lugar.

-Claro, cuando no hay nadie que ensucie, hay menos trabajo. Yo tampoco tengo niños pero existen otros problemas que no tienen nada que ver con las labores de la casa.

-Vamos a cambiar de conversación a ver si se anima un poco. , ¿Sabe usted lo que le dice una zapatilla a la otra?

-Ah, ¿pero las zapatillas hablan?

-Mire que es usted esaboría… qué poca gracia tiene, de verdad, con lo gracioso que soy yo.

--Perdone usted. ¿Qué es lo que le dice una zapatilla a la otra?

-Va, hasta me va a contagiar y todo su mal humor.

-Lo siento, no era mi intención. Dígame eso tan gracioso, que voy a intentar escucharle.

-Lo que le dice una zapatilla a la otra es: ¡Qué vida más arrastrada llevamos!

-Jajaja. Más o menos como yo.

-¿Y quién no tenemos un problema en nuestra vida…? Uno no, dos, tres y hasta más… La vida en sí ya es un problema.

 Así que intente pasarlo bien y dar gracias por lo que tiene.

-quizá tenga usted razón. Bueno, yo me bajo aquí. Gracias por sus consejos.

-Adiós, mujer. Ah, y eche por la sombra, que por el sol se derriten los bombones.

-Gracias por el significado del piropo… porque supongo que lo tengo que tomar como un cumplido ¿no?

-Así es. Madre mía, si con lo guapa que es usted fuera simpática como yo, no se podría aguantar la gracia, ¡ea!

-Jajaja, adiós, simpático.

-Sí, sí, usted se ríe, pero le voy a mandar una arroba de sal, que se le vea el salero nada más empiece a hablar. Anda, esaboría, que no tienes más gracia que la que tiene el día… Y digo yo, ¿por la noche será todo reproche…?

 

Piedad Martos

 

domingo, 23 de abril de 2017

AMORES EQUIVOCADOS

Por San Jordi una rosa y un libro... La rosa la he hecho yo con papel y el libro... Bueno, solo es un relato de nueve capítulos con el cual espero que disfrutéis.
 

Capítulo 1º.

 

EN LA PARADA DE AUTUBÚS

 

Una mujer de unos cuarenta años llega a la parada del autobús (en esos momentos no hay nadie esperando), se mira el reloj y habla para sí.

 

"Cómo se conoce que hoy es domingo y la gente está en sus casas comiendo tranquilamente con la familia. Yo, en cambio tengo que trabajar en la residencia y, nada menos que el turno de tarde, que se me hace pesadísimo. Ahora veremos a ver cuándo viene el autobús. No tengo ganas de andar, que bastante ando toda la tarde de un lado para otro por esos pasillos sin fin, atendiendo a unos y a otros. Que si cambiar pañales, que si dar las meriendas, que si ahora toca el medicamento, después la cena y más tarde a la cama. Y encima, los domingos, los autobuses van como pueden con tantos recortes… Madre mía. Me voy a sentar, porque me parece que voy a tener que esperar un rato. Y anda, que los nervios que tengo… ¡Estoy que voto! Por si faltaba algo voy a tener compañía… Como le de por hablar a este hombre voy a estar arreglada. Con las pocas ganas que tengo yo de oír tonterías, porque en las paradas de autobuses, ya se sabe, solo se dicen estupideces…"

Hombre: buenas tardes, señora. ¿Sabe usted si ha pasado el autobús de mi barrio?

Mujer: ¡Y qué sé yo cuál es su barrio y su autobús, no te jorobas! Mire, caballero, yo estoy pendiente del mío y no llevo en cuenta los autobuses que pasan.

Hombre: bueno, mujer, no se ponga usted así. Perdone si le he ofendío.

Mujer: no pasa nada, perdone usted.

Hombre: entonces, ¿dice que no ha visto pasar el autobús de mi barrio?

Mujer: ya le he dicho, que yo no sé cuál es su barrio.

Hombre: pero, ¿usted no me conoce a mí?

Mujer: no, no, no y no. No sé quien es usted, ni cual es su barrio ni su autobús.

Hombre: ay, pero si a mí me conoce todo el mundo… ¿o es que no es usted de aquí?

Mujer: claro que soy de aquí, pero eso no quiere decir que tenga que conocer a toda la gente de esta ciudad. ¿Usted me conoce a mí?

Hombre: no señora, pero es que a mí me conoce todo el mundo. Me llaman el gracioso… Bueno, mi nombre es Isidro, pero como soy muy simpático, la gente  me llama el gracioso, como ya le he dicho.

Mujer: ah, sí, ¿y dónde tiene usted la gracia? Porque yo no se la veo por ninguna parte.

Hombre: bueno… es que usted está muy nerviosa, pero si me oyera contar chistes… se iba usted a mear.

Mujer: ja ja ja, y hasta me iba a cagar… ¡Pero en su sombra!

Hombre: de verdad, ¿no quiere usted que le cuente un chiste? Mire, le voy a contar uno que es muy cortito. Era uno que preguntaba: ¿Cuál es la acera del frente? A lo que le contestó el otro: pues aquella de allí. Es que voy allí y me dicen que es esta. Jejejejeje, ¿Verdad que tiene gracia?

Mujer: sí, muchísima.

Hombre: venga, le cuento otro. Esto era una…

Mujer: ¡Coño, cáyese ya, que no estoy de humor!

Hombre: pero si tiene mucha gracia.

Mujer: sí, tiene usted la gracia donde yo tengo el dinero.

Hombre: ¿Quiere usted decir en el banco? Pues se equivoca. La gracia es mía por naturaleza. Nací con ella…

Mujer: es que yo no le he dicho que tenga la gracia en el banco.

Hombre: ah, ¿no? Como ha dicho usted que tengo la gracia donde usted tiene el dinero, pensaba….

Mujer: en el banco, yo solo tengo deudas. El dinero lo tengo en otro sitio que no quiero nombrar para no ser grosera, ¿sabe usted?

Hombre: pues sí, creo saber dónde tiene usted el dinero, y es más, también creo que la simpatía la tiene en el mismo sitio.

Mujer: ¡Por fin, ya viene mi autobús! Adiós, gracioso, que usted lo pase bien haciendo reír a la gente más que a mí. Porque si esa es su gracia, lo compadezco.

Hombre: adiós, esaboría. Pa que vea usted que además de gracioso también soy generoso, le voy a regalar una arroba de sal, que cuando la vea la gente pasar le digan: ¡eres más salada que la mar! Y viva el salero que te puso el caballero que preguntaba por su autobús, Isidro el gracioso, ese que dice ser del sur.

Ah, y cuando digo una arroba, me refiero al peso y no a @****.com.

 

Piedad Martos Lorente

 

lunes, 10 de abril de 2017

SEMANA SANTA 2017

Imagen subida de Internet.
 
 

Cada día oímos noticias que nos horrorizan y se nos encoge el corazón, sin comprender el por qué de tanta maldad, y siempre solemos decir ante las barbaridades y atrocidades que escuchamos: ¡el mundo se ha vuelto loco!

 

No, el mundo no se ha vuelto loco, en todo caso, el mundo nunca estuvo cuerdo, porque desde que el mundo es mundo, la tierra ha visto crecer la maldad como crece la mala hierba.

Las fechas que estamos viviendo ahora de Semana Santa es una muestra de ello, ya que con ellas se conmemora la muerte de Jesús.

 

¿Por qué mataron a Jesús? Pues por eso, porque siempre ha existido el interés, el rencor y la envidia que los llevan a la locura de matar sin piedad.

 

Señor, todo poderoso, ilumina con tu luz al hombre cruel, para que pueda comprender el valor de la vida, así como el respeto y el amor que engrandece a la persona de buen corazón.

 

El respeto que todo ser humano merecemos y debemos cumplir con los demás. Tenemos derecho a vivir sin el temor de ser atacados ni atacar.

 

Me da pena pensar que ya no existe seguridad alguna en ningún lugar, ya sea Iglesias o simplemente en la calle, que la vida no tiene ningún valor ante la crueldad del ser humano.

¿A caso es tan difícil amar…?

 

Hombre cruel,

abre tu corazón

y deja entrar en él

la grandeza del amor.

Valora tu vida

antes de robársela a tu semejante,

ella no te pertenece

ni tienes derecho a derramar su sangre.

NO quieras para tu prójimo

lo que no deseas para ti,

deja que viva su vida

y con ella sea feliz.

 

AMÉN

 

Piedad Martos Lorente

 

10 de abril de 2017

 

Lunes Santo

domingo, 2 de abril de 2017

primavera

PRIMAVERA BELLA

 

 

Paseando por las calles

perfumadas con jazmines,

me hechiza el embrujo

que desprenden  los jardines.

 

Aromas y belleza

de hermosos coloridos,

de un manto floreado

y el verdor de los pinos.

 

Azucenas y hortensias,

rosas, violetas y nardos,

claveles y margaritas

junto a los lirios morados.

Tejen con vivos colores

un manto de terciopelo,

para cubrir el paisaje

desnudo bajo el cielo.

Fruto de la primavera

que te invita a contemplar,

a mirar con el corazón

y con las manos acariciar.

 

 

Piedad Martos.

 

Primavera 2017