lunes, 28 de noviembre de 2016

HOMBRE DE CALLE

PREGUNTA A UN INDIGENTE

 

 

"Perdona la pregunta

¿por qué eres hombre de calle?

¿Vivir así te gusta?

¿O es que no tienes nadie que te ampare?"

 

Silencio recibo por respuesta,

el indigente sigue caminando

y en un banco se recuesta

mientras el sol le va calentando.

 

La noche ha sido fría

bajo un cielo estrellado,

él, con las manos vacías

a la nada se ha abrazado.

Su casa es la calle,

de cartones es su cama,

su techo un árbol desnudo

y sus cobijas, el frío de la madrugada.

 

¿Por qué la vida es así?

¿Por qué no tiene hogar?

¿Por qué no tiene el coraje

de enfrentarse a trabajar?

 

"Extiende tus manos limpias,

abre tu corazón,

y busca un lugar

donde florezca el amor.

Combate la pobreza

con respeto y bondad,

ofrece tus servicios

siempre con voluntad."

 

La riqueza no la hace el dinero

ni el dinero compra la felicidad,

la riqueza se lleva dentro

y la tienes que demostrar.

La fortuna de un pobre

son los valores de su persona,

con ellos se compra la confianza

valor que el dinero no compra.

 

"Por eso yo te digo,

hombre que vives en la calle,

lucha por la dignidad

y serás persona grande."

 

Piedad Martos Lorente

 

noviembre 2016

domingo, 20 de noviembre de 2016

HOMENAJE A ESA ALMA SOLA

LA SOLEDAD

 

Un alma sola

que tiene por compañía,

el silencio de las horas

y recuerdos de aquellos días…

Aquellos días felices

donde reinaba la juventud,

porque la vejez estaba lejos

y gozaba de buena salud.

 

Aquella alma, después de un tiempo

se asoma por la ventana

y mira los astros del cielo

que hacen la noche clara.

Y mirando al firmamento, suspira

mientras conversa con la luna,

que a través de la ventana

ilumina la alcoba oscura.

 

"Luna, lunita clara

que entras en mi aposento,

deja que te abrace sobre mi almohada

que eres lo único que tengo.

Tú vas acompañada

con estrellas y luceros,

yo, estoy sola en la cama

sin nadie que me diga: te quiero."

 

La soledad de la noche

crece con las horas,

su voz está callada

y se mueve en las sombras.

La envuelve con el miedo,

con temor y espanto,

con deseos imposibles

que la llevan al llanto.

 

Ay, soledad,

tú que haces la noche larga,

no seas pesimista

ni deprimas la mente de una humilde alma.

Tu silencio le asusta,

tu presencia le amarga,

por eso habla con la luna

y se refugia en la nada.

 

La soledad permanente

es enemiga de cualquier persona,

que no se adapta a ella

y se niega a vivir sola.

Piedad Martos Lorente

 

noviembre 2016

domingo, 13 de noviembre de 2016

Manualidades 2

    Os presento la segunda parte de mis manualidades, y por ahora la última.
Aquí son pulseras sueltas... quiero decir, sin conjunto de collar. Son pedidos que me hacen las amigas. Ellas me compran el material y yo pongo el trabajo, que para mí es un ocio... Yo diría que un mata tiempo, ya que me sirve de distracción, jejeje.
 
Abrazos.

lunes, 7 de noviembre de 2016

MANUALIDADES 1.

De momento vamos a dejar al abuelo Juan que vaya ensayando con el móvil, mientras yo voy trabajando en mis manualidades.
Ahora no es que haga gran cosa pero de vez en cuando, las amigas me piden algún collar o pulseras y aquí estoy yo dándole al macramé.
No lo veo, pero creo que me ha quedado bien y por eso os lo enseño, jeje.
 
Que tengáis buena semana.
 
Gracias por vuestros comentarios.
 
Abrazos.

domingo, 30 de octubre de 2016

UN ABUELO MODERNO

EL ABUELO JUAN Y LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS

 

Carlos: Buenas tardes, papá.

Juan: Buenas tardes, hijo.

Carlos: ¿Cómo es que no contestas los whatsapp?

Juan: calla, y no me hables de whatsapp, que eso es para volverse loco.

Carlos: ¿Qué te pasa con el móvil?

Juan: ¿Que qué me pasa? Que me dan ganas de zumbarlo por el balcón. Tanta tecnología, todo tan moderno y eso es para morirse… Es más, ahí está para que tú hagas lo que quieras con él. Yo no lo quiero.

Carlos: a ver qué es lo que le pasa. Déjamelo que le eche un vistazo.

Juan: Sí, hijo, toma. Aquí lo tienes. Es cierto que con ese programa de voz yo sé lo que me escribes, pero no sé que le ha pasado que no hay manera de entenderlo ni de hacer nada con él.

Carlos: Ya sé, se tiene que actualizar. Ya verás que pronto lo tienes en marcha otra vez.

Juan: Con lo bien que me iba el que tenía con teclas. Aquel sí que era bueno. Me ha durado un montón de años.

Carlos: Pero este es mejor y más moderno, papá.

Juan: Mejor, ¿por qué? ¿Porque hace más cosas? Pues cuantas más cosas hace, más malo es y menos dura, que te lo digo yo, hijo. ¿Qué te crees, que porque es moderno es más bueno? Pues no lo creas. Cada vez hacen todo más malo, para que dure menos tiempo.

Carlos: Va, papá, no digas tonterías.

Juan: No son tonterías. Sin ir más lejos, ahí tienes la prueba con la lavadora. Ayer tuve que llamar al técnico porque hace mucho ruido y, dice que como ya tiene cinco años me va a costar más la reparación que una nueva. La que tuve anterior a esta, me duró quince años. Ahí te puedes dar una idea.

Carlos: Ahora lo hacen todo igual. Si no lo hicieran así, no venderían.

Juan: Claro, y así tenemos el planeta, cubierto de basuras, que entre plásticos y demás nos lo estamos cargando, y encima nos quejamos.

Carlos: Sí, tienes razón, pero nosotros no podemos arreglar la destrucción de la tierra.

Juan: Yo no lo veré, pero a veces me da por pensar en todo esto… en lo que estamos contaminando y me da mucha pena por los que vienen detrás.

Carlos: Toma, ya tienes el móvil actualizado. Cuando te pase algo así me lo dices.

Juan: Gracias, hijo. A ver lo que me dura, porque nada más ponerle un dedo encima ya la tenemos.

Carlos: Como ya lo sabes, ten cuidado cuando lo cojas. Los teléfonos táctiles son así.

Juan: Sí, ya. Pero yo sigo pensando que las cosas antiguas eran mejores que las modernas. Ahora hay muchos adelantos, eso sí, pero poca calidad. Si mi padre levantara la cabeza, entonces sí que le daría un patatús.

-Carlos: La vida evoluciona y nosotros tenemos que seguir sus pasos.

Juan: eso le decía yo a mis padres y ellos me contestaban: "Cuando tú seas mayor me comprenderás y dirás: qué razón tenía mi padre." Y ya lo creo. Ahora me acuerdo mucho de lo que me decían… ¡Y qué razón tenía! Pues lo mismo dirás tú a tus hijos cuando pasen unos años. Y tus hijos te dirán: Va, papá, no digas estupideces… estás cargado de manías… No seas pesado…

Carlos: Jajaja. ¡Parece que me has leído el pensamiento!

Juan: Claro, ¿no ves que yo también pensaba igual de mis mayores? Y es normal, hijo. La vida es así. Te tienes que hacer mayor para comprender a tus padres y abuelos.

Carlos: Sí, papá, tienes razón, pero ahora son otros tiempos y tenemos que vivir con ellos.

Juan: Sí, hijo, si yo estoy de acuerdo y ya ves que me adapto a todo. Incluso, al móvil táctil, que ya es decir.

Carlos: Usar el móvil es un buen ejercicio para la mente. Hay que estimular las neuronas.

Juan: ¿qué te crees, que yo no las estimulo? Menudas tardes nos pasamos Eva y yo haciendo juegos de palabras.

Ah, por cierto, mañana he quedado con mi amigo Guillermo…

 

Piedad Martos Lorente

 

octubre 2016

sábado, 22 de octubre de 2016

EL ABUELO JUAN EN EL PUEBLO

FIESTA DEL PUEBLO

 

Carlos: Buenos días, papá.

Juan: Buenos días, hijo. ¿Cómo es que vienes tan temprano? ¿Ocurre algo?

Carlos: No, no pasa nada. Venía a proponerte algo.

Juan: Tú dirás.

Carlos: Me ha llamado Pedro el cohete, y dice que por qué no nos vamos unos días ahora que son las fiestas del pueblo. He pensado que a lo mejor te gustaría venir con nosotros. Se puede venir Eva y acompañarte a los sitios que te apetezca ir porque nosotros estaremos con los amigos. Ya sabes como son.

Juan: Pedro el cohete… ¿Todavía conserva ese nombre?

Carlos: Ya ves. El incidente del petardo cuando era un niño le va acompañar mientras su cuerpo le haga sombra.

Juan: cosas de los pueblos. Pues creo que voy a aceptar tu propuesta y me voy a ir también. Hace muchos años que no voy por allí y me gustaría ver a los amigos que todavía quedan, porque la mayoría ya han muerto.

 

En el pueblo.

 

Claudia: Esta noche no vamos a cenar en casa. Nos ha invitado Pedro y su mujer, así que ustedes cenen y no nos esperen. Si quiere salir a dar una vuelta que le acompañe Eva. A lo mejor le gusta ir a la verbena.

 

Noche.

 

Juan: Eva, prepárate que nos vamos de verbena. Ponte el mejor vestido que hayas traído… Esta noche voy a presumir ante algunos galanes envidiosos y fanfarrones, jejeje.

Eva: ¿Qué quiere decir, señor?

Juan: Nada malo, mujer. Voy a ir cogido de tu brazo y hasta podríamos bailar…

Eva: ¿Bailar, señor?

Juan: ¿Por qué no? Yo era un buen bailarín en mi juventud.

Eva: Usted lo ha dicho. En su juventud…

Juan: Ahora no soy joven, ya lo sé, pero todavía puedo bailar un pasodoble, una rumba o un bolero. El hecho de no ver, no me impide poder bailar. Para bailar no se necesita la vista.

Eva: Pues vamos, señor, que a mí también me gusta presumir de galán. ¡Un galán como usted no se consigue siempre! Con esa ropa parece otro y hasta se ve más joven y todo. Está muy elegante.

Juan: Tú tampoco te quedas atrás… ¡Así  que en marcha, vamos a divertirnos!

 

(Juan llega a la verbena cogido del brazo de Eva. Esta explica lo que él, con su poca visión no alcanza a ver.)

 

Eva: Señor, la gente mayor se lo quedan mirando muy descarados, pero ninguno hace por venir a saludarlo. Aquí, en frente de nuestra mesa, hay dos parejas mayores, se miran entre ellos y luego le miran a usted. Uno de ellos se sonríe y creo que va a venir hacia aquí.

Hombre: ¿Juan…? ¿Eres tú?

Juan: Yo soy Juan, sí señor, pero…

Hombre: Yo soy Alejandro. ¡Me alegro de verte, amigo!

Juan: Igualmente. Hacía tantos años que no venía por el pueblo y que no hablaba contigo que ya no recordaba tu voz. La verdad es que me alegro mucho de verte.

Alejandro: Pues sí, aquí estamos con otros amigos pasándolo lo mejor posible. Vamos a bailar, que esto se va animando.

 

Juan: Eva, ¿bailamos esta pieza?

Eva: como usted diga.

 

(Cuando bailan se les acerca un hombre y le habla con una risita guasona. Qué bien acompañado vas, Juan.)

 

Otro día.

 

Carlos: Papá, ¿Qué pasó la noche de la verbena?

Juan: ¿Qué pasó, hijo?

Carlos: Vas de boca en boca por todo el pueblo. Parece ser que te has casado con una joven que podría ser tu hija.

Juan: (ríe a carcajadas) Eso es cosa del Gilipichi. Se me acercó con mucha guasa. Siempre ha sido un fanfarrón y envidioso, y lo seguirá siendo mientras viva.

Carlos: ¡Pero, papá, ya sois mayorcitos para andar con tonterías de adolescentes!

Juan: ¿Y lo bien que me lo pasé yo? Jaja jaja.

Me divertí, no le falté el respeto a nadie. El que me saludó le saludé con educación y  no dije, ni hice nada que pudiera ser mal interpretado. Lo demás es la película que cada uno se monta, y nada más.

 

Piedad Martos Lorente

 

martes, 11 de octubre de 2016

VUELVE EL ABUELO JUAN

Después de unos días de descanso, vuelve otra vez el abuelo Juan con sus diálogos.
Espero que disfrutéis con él.
 
También os dejo el enlace para votarme si sois tan amables.
 
 
De nuevo queremos agradecer su participación en el Premio Vida Activa del ClubAhora de CaixaBank. A través del siguiente enlace podrá acceder directamente a su testimonio:
http://www.premiovidaactiva.com/es/experiencia/79/piedad-martos-lorente.html

Difunda su experiencia y anime a sus amigos a votar.

Muchas gracias,


 

Diálogo entre nieta y abuelo

 

Después del paseo.

 

Ester: Vale, abuelo, vale. No me caliente más la cabeza, siempre con lo mismo.

Juan: Pero si es que es verdad, hijita. ¿Qué es lo que yo os he enseñado siempre? Que la educación está por encima de todo, ¿no es así?

Ester. Sí, abuelo, eso es lo que siempre nos ha dicho a todos, y es lo que hacemos. ¿O no lo cree así?

Juan: Sí, así es. ¿Pero no has visto ese camarero que nos ha servido la cerveza? Qué cuesta saludar a los clientes como Dios manda. Se planta delante de mí sin decir palabra y yo que veo tan poco no me había dado cuenta que estaba esperando a que le pidiera. Si no llega a ser por ti, todavía estaría allí. ¡Qué barbaridad!

Ester: Bueno, no sería su día. Estaría de mal humor.

Juan: Pues para estar de cara al público se tiene que tener mejor carácter. Saludar, ser amable y sonreír a la gente.

Ester: Olvídelo ya, abuelo. El próximo día se va a otro bar y punto.

Juan: Pero si no es eso. Es que me da mucha rabia que la gente no salude y sea desagradable. ¡Es de ser mal educados,cojollos!

Ester: Porque no habrá tenido un abuelo como el mío, jejeje.

Juan: Tú te ríes, pero la educación…

Ester: Ya lo sé, abuelo. La educación está por encima de todo.

Juan: Sí, Ester. La educación abre puertas y hace caminos… caminos largos que te llevarán a buen fin.

Ester: Yo creo que ese camarero no sabe que usted ve poco. Como lo disimula tan bien…

Juan: ¿Y eso qué importa? No cuesta tanto de llegar, saludar y preguntar, ¿qué van a tomar los señores?

Ester: ¡Y dale otra vez! ¡Mire, abuelo, creo que se me ha subido la cerveza a la cabeza de tanto pensar en ese pequeño incidente, que total no ha sido nada! ¿Por qué no se olvida y descansa un poquito?

Juan: No te enfades, mujer. ¿Has preparado la cena?

Ester. La tengo apunto.

Juan: Pues sírvela, por favor. Vamos a cenar. ¡Buen provecho, Ester!

Ester: Igualmente, abuelo.

Juan: Ester, ¿Has visto a los niños de Marina, la chica del tercero?

Ester: No, ¿qué les pasa a los niños?

Juan: Son tremendos y contestan a los mayores sin educación ninguna. Si en mi niñez yo hubiera actuado así, habría recibido de mi padre una bofetada que me habría quedado sin dientes.

Ester. Abuelo, eso era otra época. Ahora no se pueden tratar a los niños como los trataban en aquellos tiempos.

Juan: sí, tienes razón. Nos hemos ido de un extremo a otro, pero aun así, los niños se tienen que educar. Hay un refrán que dice: el arbolito desde chiquitito. Si un árbol crece torcido hay que enderezarlo antes que sea demasiado tarde. Pues los niños son igual. Hay que educarlos desde pequeños.

Ester: Sí, abuelo, sí…

Juan: Oye, Ester, ¿cuándo regresan tus padres del viaje?

Ester: Mañana. Yo me marcho pasado mañana con mis amigos.

Juan: Me parece muy bien. Ahora que eres joven te tienes que divertir. Pero no olvides nunca los consejos de tu abuelo. Ya sabes que por encima de todo está la educación, el respeto y la honestidad entre otros valores.

 

Piedad Martos Lorente