sábado, 25 de febrero de 2017

AHORA TOCA UN RELATO.

DOS ANDALUCES

 

Hoy me siento ante mi amigo, "el teclas," y ante su pantalla encendida aunque para mí esté apagada. Apoyo los codos sobre la bandeja y con los ojos cerrados me quedo pensativa. Quiero escribir un relato gracioso, divertido, que nos haga sonreír. Busco un personaje que no sea ignorante ni demasiado inteligente. Alguien simpático que nos cuente alguna anécdota de su vida, porque de haberlas las hay, estoy segura. Así pues, con el pensamiento me traslado a la calle y me voy dispuesta a capturar algún encuentro.

Coloco las manos sobre el teclado, busco la f y la J, puntos de referencia para mí muy importantes, y me coloco en la entrada de un pueblo, que no es muy grande, pero tampoco muy pequeño, con la esperanza de lograr mi propósito.

 

Vaya, parece que voy a tener suerte. Aquí llega un hombre de mediana edad, con una bicicleta colgada del hombro y con una mochila en la espalda. Lleva los pantalones blanquecinos por el polvo como si se hubiese caído, un gorro atascado hasta los ojos y una bufanda rodeada al cuello para protegerse del frío. Parece ser que ha pinchado las dos ruedas.

 

-Buenos días, señora. ¿Me podría usted indicar dónde hay un taller que pueda arreglar a mis tres maravillas?

-¿A sus tres maravillas?

-Me refiero a la bicicleta.

-Ah, ya…

-Sí, es que yo le llamo así, sabe usted, señora. ¿Y sabe por qué?

-Pues no.

-Porque para mí es eso, tres maravillas. 1ª. Porque con ella hago deporte a la misma vez que me traslado a donde quiero.

2ª. Porque no contamino.

3ª. Porque no necesito aire acondicionado.

-En verano está bien, ¿pero qué me dice en invierno? –le pregunté yo-. ¿También lleva calefacción?

-En invierno ya lo ve usted, me tapo bien y con el esfuerzo de pedalear es como si la llevara.

-Pues sí, mire. Eche por esta calle de la derecha, después tuerza a la izquierda, luego coja a la derecha y a la segunda calle, coja a la izquierda toda recta y al final verá un letrero que dice: taller de reparaciones.

-Muchas gracias, señora, es usted muy amable. Mi madre siempre dice: Ser amable no cuesta dinero, relaja tu conciencia y abre las puertas del cielo.

-Una frase muy bonita y muy verdadera, sí señor.

Pues yo le voy a decir otra: Hombre educado, en el mundo afortunado.

-Pues sí, también es bonita. Eso se lo voy yo a decir a mi madre cuando vuelva a verla. Yo vivo en la montaña, sabe usted, y como allí no hay casi nada, hoy he venido a este pueblo porque tengo que hacer unos mandaos. Llevo poco tiempo allí, porque yo soy andaluz, pero me vine en busca de nuevas aventuras, diría yo.

-Ah, ¿sí? Yo también soy andaluza… De Granada.

-De Graná, casi ná. Yo soy de un pueblecito pequeño de la provincia de Córdoba… córdoba la llana… Una joya. Su Mesquita, el Cristo de los faroles, el río Guadalquivir. Qué le voy a decir yo de mi tierra, para mí es la más bonita del mundo.

-Bueno, la tierra de uno, siempre es la más bonita, porque Granada también es una maravilla. También tiene monumentos y paisajes preciosos con su sierra nevada, la Alhambra, etcétera. Incluso, este pueblo también es bonito y estoy segura que donde usted vive también tendrá sus encantos.

-Ya lo creo, señora.

Mire usted, me ha hecho gracia eso de saber que también es usted andaluza, y es que cuando uno vive lejos de su tierra da mucha alegría encontrarse con alguna paisana… Bueno, no somos del mismo sitio, pero a fin y al cabo es igual, porque Córdoba y Graná son hermanas…

-Así, entonces, nosotros qué somos ¿primos?

-No, mujer, tampoco es eso.

-Ya lo sé, hombre. Es que hoy tengo yo ganas de hacer bromas y no sé cómo… La verdad es que tengo la gracia… Mejor me callo, porque voy a estropear la conversación. Dígame, ¿qué era eso que me iba a contar?

-Pues ná, que venía yo tan campante por un carril entre dos montañas, porque por ahí adelanto tiempo, cuando sin darme cuenta me he visto en el suelo. Venía mirando el paisaje y no he visto una piedra gorda que había en mitad del camino. He tropezao con ella con tan mala suerte, que he caído al suelo y he pinchao las dos ruedas. Así que he tenido que venir andando.

-O sea, sus tres  maravillas, hoy lo han abandonado.

-Más o menos.

-Y digo yo, ¿por qué no se compra un coche?

-Pues mire usted, es muy sencillo. Porque el coche es un gasto muy grande y como yo no salgo del pueblo y de mi trabajo, pues pa qué lo quiero. Con la bicicleta ya tengo bastante. Trabajo en el negocio de mi novia y como aquí no tengo donde ir, pues me arreglo bien.

-ah, ¿pero tiene novia? Yo pensaba que estaba casado.

-No, qué va. Por eso me vine aquí, porque un primo mío me habló de Alicia, la que ahora es mi novia, que se había quedao viuda y vine a conocerla y aquí estoy. Aunque si quiere que le diga la verdad, yo hecho mucho de menos a mi tierra, a la familia y a los amigos. Cualquier día me lío la manta a la cabeza, cojo mis bártulos y me voy de aquí.

-¿y es que en Córdoba no hay mujeres bonitas?

-Muchas, y muy graciosas y simpáticas, pero yo… Yo es que soy muy corto, ¿sabe usted?

-Para las mujeres de Córdoba es corto, y para las de la montaña… Yo me pregunto ¿es que ha crecido?

-Ay, qué cosas dice usted… Bueno, crecer, lo que se dice crecer, no. Quería decir que soy muy tímido pero mi primo hizo parte de mi trabajo. O sea, que él me ayudó a dar el primer paso.

-y si ahora se va, ¿qué pasará con Alicia? –le pregunté yo.

-Alicia… Alicia que haga lo que ella quiera. Si se quiere venir conmigo, que se venga y si no, que se quede.

-eso quiere decir que no le tiene mucho cariño.

-Bueno, es que todavía es muy pronto. Mi madre dice que, el cariño se siembra, se cultiva y después se recoge con gran medida. Yo lo estoy sembrando ahora. Por cierto, ¿me puede decir usted si hay por aquí alguna tienda de objetos de regalos? Le voy a llevar unos zarcillos que sean bien bonicos.

-Sí, mire usted. Siga por esta calle todo recto, la segunda calle coja a la izquierda, después a la derecha y llegará a una plaza, pues allí verá usted que hay varias tiendas.

-Muchas gracias. Encantado de conocerla.

-Igualmente.

 

¿Y ya está? Pues no es lo que yo quería. Ea, que no tengo salero para encontrar la gracia debajo de un sombrero.

Ni debajo de un sombrero ni a la vuelta de la esquina, que hoy tengo la mente en blanco y las neuronas están dormidas.

 

Piedad Martos Lorente

 

9 comentarios:

Piedad dijo...

Hola, amigos y amigas.
Espero y deseo que tengáis una feliz semana de carnaval, así como que os guste este relato sin gracia, jejeje.

Gracias por vuestros comentarios.

CHARO dijo...

Pues para tener dormidas las neuronas te ha salido un buen relato.Besicos

María Perlada dijo...

Te ha salido una entrada de lo mas salerosa querida Piedad, hoy tu amigo el teclas se ha portado bien pero mucho mas tu imaginacion.

Un placer leerte.

Besos.

Conchi dijo...

Es un relato muy divertido Piedad, tienes inventiva para escribir.

Besos y feliz fin de semana.

reser dijo...

muy salerosa, Piedad. Pero acaso dudabas de tu inspiración? ¡Eres una maquina! Jeje
Abrazos, amiga
Roser

Lola Barea dijo...

Hola Piedad! Que bella charla de ese cordobés y la granadina. Me ha encantado tu relato, te lo dice una gaditana, que viví 9 años en la preciosa Cataluña.

Abrazos grandes para ti, gracias por compartir tus letras.

Lola.

joaki007 dijo...

Eres genial.

Tus relatos amenos y graciosos nos hacen vivir momentos magicos.

Gracias por ello.

Un beso.

PEPE LASALA dijo...

Me ha encantado Piedad, no digas que no estás inspirada. Es genial. Un fuerte abrazo y buen fin de semana. @Pepe_Lasala

rosa mis vivencias dijo...

Piedad, perdona por no haber pasado antes por aquí, como ya sabes últimamente tengo los blog un poco olvidados, digo los blog porque el mio también lo tengo un poco aparcado.

Tu relato me ha encantado, me gusta con la sencillez que escribes, y sobre todo porque de cualquier tema escribes muy bonito.

Un abrazo.
Rosa.