jueves, 5 de julio de 2012

UN CUENTO PARA LA REFLEXIÓN

EL NIÑO DE LA CARA TRISTE



Érase una vez un niño llamado Lucas que vivía en un bonito palacio con todas
las comodidades y valiosos juguetes que complacían sus caprichos. El palacio
estaba rodeado de un bello jardín donde Lucas podía jugar y contemplar tanta
hermosura, al mismo tiempo que disfrutaba de la naturaleza. Pero a pesar de
todo de lo que poseía, Lucas estaba siempre triste y amargado, no era feliz,
por eso le llamaban "el niño de la cara triste".

Un día, enfurecido consigo mismo, Lucas daba patadas a las bellísimas flores
que adornaban el jardín como si ellas fueran culpables de su amargura. De
pronto oyó una voz que le decía:

-¿Por qué golpeas las flores? ¿Te han hecho algo?

El niño volvió la cabeza para ver quién le hablaba y se encontró frente a
una imagen que surgía de un destello de luz desconocida para él, era la más
hermosa que había visto jamás y lo miraba fijamente a los ojos. Lucas sintió
como aquella mirada profundizaba dentro de su alma y sintió vergüenza de su
comportamiento.

La voz volvió a preguntarle:

-No has contestado a mi pregunta, dime, ¿por qué golpeas las flores? ¿Qué te
han hecho?

-Nada -contestó áspero y punzante como las espinas del rosal que estaba
golpeando-. Nada de lo que tengo me hace feliz, las flores no sirven para
nada son inútiles y mis juguetes no me gustan.

La imagen contestó dulcemente:

-Sí, mi querido niño, las flores sirven para embellecer y perfumar el lugar
donde se hallan, además de distraer la mirada de aquellos que saben
contemplar la belleza que la naturaleza pone a nuestro alcance.

En ese momento, un niño de su misma edad pasaba por la calle frente a los
jardines del palacio, caminaba con la mirada en alto y un bastón blanco en
la mano que le ayudaba a detectar los obstáculos; intentaba dirigir sus
pasos hacia su destino. La voz continuó hablando:

-Levanta la cabeza y mira al cielo, Lucas. Contempla el azul que lo envuelve
y esas nubes blancas que parecen figuras de algodón movidas por la brisa.
¿No crees que ese niño tiene más motivos que tú para estar triste? Él no
puede mirar al cielo, tocar las nubes... Ni tan siquiera puede contemplar
este jardín y, sin embargo, en sus labios lleva una sonrisa dibujada.

Entonces, Lucas inclinó la cabeza y se volvió hacia su bicicleta y los otros
juguetes que aguardaban para ser utilizados en sus juegos. De pronto, en un
arrebato, el niño empezó a pisar con furia todo cuanto encontraba a su paso.

La voz volvió a preguntarle:

-¿Por qué rompes los juguetes? ¿No has pensado en la cantidad de niños que
hay en el mundo que serían felices con uno solo de los tuyos?

Arrepentido se agachó para ordenar los juguetes pisoteados y, por el rabillo
del ojo, vio cómo, desde la calle era observado por un grupito de niños que
vestían ropas humildes sin apartar la vista del espectáculo que, sin
proponérselo, Lucas estaba ofreciendo a los viandantes.

De pronto sintió dentro de sí un malestar que no podía explicar,
¿vergüenza?, ¿angustia?, ¿arrepentimiento? No sabía lo que era, pero, sin
pensarlo dos veces, tomó los juguetes del suelo y los repartió entre los
niños que aún seguían con la mirada fija en sus movimientos. Los niños
gritaron de alegría al tiempo que reían sin parar, agradeciendo a Lucas su
gesto tan generoso. Saltaban y reían una y otra vez, hasta el punto que
contagiaron al donante y su cara ya no era triste, sino todo lo contrario,
en ella se dibujaba la sonrisa y el placer que le causaba ver a los otros
niños felices y contentos. Entonces se volvió hacia la bella figura que
también sonreía satisfecha por su trabajo y le preguntó:

-¿Quién eres? ¿Por qué has venido?

-Soy un hada buena y he venido a ayudarte a ser feliz, no podía verte
triste, pero ya me voy.

Y diciendo esto, desapareció confundiéndose con los rayos del sol.

El niño contempló las flores del jardín, el cielo azul y las nubes blancas y
oyó cantar a los pajarillos. Fue en ese instante cuando supo ver la
hermosura del paisaje que lo rodeaba, al tiempo que exclamaba:

-Qué bellas son las flores del jardín! ¡Cuánta hermosura! Perdóname, señor,
por no haber sabido ver la grandeza de todo lo que me rodea.

Al día siguiente, el niño del bastón volvió a pasar por la puerta del
palacio. Lucas lo vio desde su ventana y corrió a la calle hasta alcanzarlo.

-¡Hola, me llamo Lucas! ¿Y tú?

-Hola, Lucas. Yo me llamo Ángelo.

-¿Quieres que te acompañe?

-Bueno, si tú quieres...

Y así fue cómo los dos niños se hicieron amigos, Lucas acompañaba todos los
días a Ángelo, le explicaba cómo era el cielo, las nubes, las estrellas y la
luna, las montañas y todos los paisajes que los rodeaban. Lo llevó al
palacio, le enseñó su habitación donde tenía sus juguetes y los compartió
con él, regalándole parte de ellos. Le explicó lo triste que estaba antes de
ver el hada, cuando tenía más juguetes, y cómo desde que repartió gran parte
de ellos se sentía muy feliz y había aprendido a apreciar lo afortunado que
era de poder ver los paisajes y describírselos a él.

Piedad Martos

15 comentarios:

Piedad dijo...

Gracias, Rosa, por el dibujo, estoy segura que te ha salido como yo quería, describiendo perfectamente el contenido del cuento... o parte de él.
Gracias otra vez... abrazos.

Beatriz dijo...

Que hermoso cuento. Cuanta enseñanza nos deja. A veces tenemos todo al alcance de la mano y solo lo valoramos cuando lo perdemos. Escribes muy lindo. Besitos

Piedad dijo...

Así es, Beatriz, a veces no sabemos valorar lo que tenemos y queremos más y más... Con menos también se puede ser feliz...

Gracias por tu visita. que tengas feliz fin de semana.

rosa mis vivencias dijo...

Hola, Piedad.
El cuento es muy bonito, creo que cuando lo lees por segunda vez sacar más partida a su contenido y, por tanto, lo disfrutas mucho más.

No dejes nunca de escribir, definitivamente escribir es lo tuyo.
Un beso.
Rosa.

Kety dijo...

Piedad, mi ENHORABUENA por esa ternura que desprenden tus cuentos.
Como te dicen todas, no dejes de escribir.

Felicidades a Rosa por el dibujo, es precioso.

Besos

Driada dijo...

Hola Piedad
Estoy segura que si tuviera niños a los que leer tus cuentos los tendríamos enganchados.
Creo que nuestros pequeños tienen demasiadas imágenes que nos les dejan ver los mensajes que necesitan, claros y sin "efectos especiales" como tu los escribes.
He cambiado la plantilla del blog del jardín .... y no se si podrás entrar, te agradecería que lo probaras. Ya me lo dirás.
Un abrazo

isam dijo...

Hola que bonito cuento y que verdad cuando tenemos las cosas no las sabemos apreciar.

Tu amiga Isabel

isam dijo...

Hola que bonito cuento y que verdad cuando tenemos las cosas no las sabemos apreciar.

Tu amiga Isabel

isam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Piedad dijo...

Rosa, estoy de acuerdo contigo en que los libros, cuento o lo que sea se ha de leer dos veces o más para disfrutar bien de su contenido, porque a mí me pasa eso, cuando leo por segunda vez rescato detalles que la primera vez pasaron por alto.

Gracias, Keti, lo mismo te digo yo, no dejes de escribir que tú sí que escribes bien.

Driada (Isabel), yo es que estoy empeñada en ensañar a los niños los valores, que bajo mi punto de vista, han desaparecido... o están a punto de desaparecer. Es posible que si algún niño lo lee, crea que soy de otra galasia.
Aprovecho, aunque tarde, para desearte que pases un feliz día de tu santo.

Isabel amiga de la infancia, ¡qué sorpresa encontrarte por aquí.
Gracias por venir y por tus palabras. Espero que sigas visitándome.
También aprovecho el momento para felicitarte por tu santo, aunque el día pronto llega a su fin.

Abrazos para todas.

Sabela dijo...

Sigues superándote día a día, buen ejemplo para seguirte y disfrutar de tu compañía. ¡Muchas gracias por todo Piedad! Nos vemos.
Abrazos.

Blanca dijo...

Muy bonito el cuento, Piedad. Muy interesante para reflexionar sobre lo que tenemos y no apreciamos. Compartir ayuda a ser más feliz
El dibujo ha quedado genial.
Un abrazo muy fuerte.
Bss

Conchi dijo...

Cuando leí el título de tu cuento pensé que ningun niño debería de tener la cara triste. Ellos se merecen crecer alegres y felices, con los ojos brillantes por la ilusión.
Tu cuento es estupendo porque, como siempre, transmite esos valores que no debemos perder.

El dibujo de Rosa es precioso.

Un abrazo y ¡no dejes de escribir!
Conchi

Driada dijo...

Vaya playa nos has preparado Piedad , tú también vas con el cambio de decorado ¡¡¡ muy bien !!!

Piedad dijo...

Sabela, vosotras sois la clave de mi superación... Gracias, tú siempre estás ahí...

Blanca, ya ves, tenemos una dibujante en la familia y yo no lo sabía, jajaja. ¡Lo he descubierto haora! ¡Pensaba que solo sabía trabajar y trabajar que es lo que ha hecho siempre.

Así es, conchi, los niños tienen que ser felices y estar contentos, pero en ocasiones se tiene tanto, que no se sabe apreciar y por lo tanto, tampoco se es feliz. Es una forma de enseñar que con menos se disfruta más.

Driada, la playa hace tiempo que la preparé, jajaja. Lo que pasa es que con esta calor buscamos hasta en la pantalla algo que nos lleve a refrescarnos. En invierno no nos damos cuenta porque hace frío, pero también estaba ahí.

Abrazos y feliz fin de semana para todas.