XI
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Los comentarios corrieron de boca en boca por todo el pueblo, y en pocas horas, Andrés pasó de ser un joven bondadoso y pacífico a ser el loco del arroyo, el violador de jóvenes. Sin embargo, muy distintas eran las voces que llegaron de Campollano, que elogiaban a un joven que había salvado a un anciano, perdido desde hacía tres días.
Cuando Gutiérrez salió del calabozo, Romero lo estaba esperando para mostrarle la información recibida hacía unos momentos.
-Gutiérrez, creo que nos hemos equivocado al detener a ese joven. Mire lo que dice la Policía Local de Campollano. Los datos de ese joven héroe coinciden con los datos del detenido.
Gutiérrez, después de echar una ojeada al ordenador, mandó recado a María con el ordenanza.
-Romero, ve inmediatamente y tráeme a María, la hija del panadero. Si ese joven dice la verdad me he metido en un lío muy gordo.
Media hora más tarde, Andrés se hallaba en el despacho del jefe de la policía prestando declaración ante la mirada del médico y el cura del pueblo, que actuaron como testigos tal y como él había pedido a Gutiérrez. Después declaró María.
-María, ¿has visto a este joven anteriormente?
-Creo que sí, pero no puedo asegurarlo porque no le vi bien la cara.
-Míralo bien, María, no tengas prisa. ¿Lo has visto antes de este momento? No mientas.
La mujer levantó la mirada, miró al médico y al cura y después volvió a mirar al joven, que la miraba fijamente esperando con ansiedad la contestación. Ella estaba nerviosa y le temblaba la voz.
-Creo que sí. Lo vi esta tarde.
Andrés sintió el deseo de gritarle, de decir que mentía, pero se aguantó las ganas y en vez de hablar, cerró los puños y se clavó las uñas.
-A ver, cuenta, ¿dónde lo has visto?
-En el arroyo. Se estaba bañando.
Los policías se miraron con un gesto de complicidad y continuaron con el interrogatorio.
-Andrés, ¿has visto a esta mujer esta tarde?
-No lo sé.
-¿No lo sabes, o no quieres decir la verdad?
-Estoy diciendo la verdad desde que llegué aquí. Esta tarde, cuando me aseaba en el arroyo, dos mujeres hurgaban en mi equipaje. Le dije que dejaran eso, pero no pude ver sus rostros porque estaban de espaldas a mí. Al oírme salieron corriendo.
-¿Es eso cierto, María?
-Sí, señor agente. Este joven dice la verdad.
Andrés respiró hondo mientras destensaba la musculatura de su cuerpo, que hasta ese momento había permanecido rígido como un madero.
-Y si este joven no te ha tocado ¿por qué has dicho lo contrario?
-¿Qué yo he dicho…? No, señor policía, yo no he dicho nada de eso.
-Aquí todos han hablado y nadie ha dicho nada. Yo que he dicho la verdad desde el primer momento, nadie me ha creído. Me han maltratado y acusado por algo que no he cometido.
-Lo siento, créeme. Recompensaré de alguna manera el error que entre todos hemos cometido.
-Ah, eso me parece muy bien. Me gustaría que todas esas personas que han colaborado para que el error haya salido tan perfecto, me firmaran en este cuaderno después de hacer una breve declaración por escrito.
El muchacho sacó el cuaderno de su mochila y lo mostró a los allí presentes. El agente ojeó sus páginas antes de escribir y preguntó:
- ¿En qué te puede ayudar que te firmen?
-Yo no soy un delincuente que viva a costa de los demás, ni un vagabundo que se dedique a correr caminos.
Soy un hombre que ejerce la educación y el respeto. Este cuaderno es testigo de mis vivencias en esta aventura, en este juego, o mejor dicho, en esta apuesta.
Somos un grupo de jóvenes entre dieciocho y veinticinco años, que un día se nos ocurrió plantear este juego. Es como un concurso en el cual hay una cantidad de dinero para el ganador. El juego consiste en hacer una ruta a pie marcada por el presidente de la agrupación. Una ruta como hicieran nuestros antepasados, a pie, llevando la comida y lo necesario para vestir y asearse y sin móvil. El grupo puso el grito en el cielo y tan sólo cinco muchachos aceptamos la propuesta.
-¿Y la foto de la joven, qué significa? –preguntó María, intrigada todavía por la bella imagen de aquel cuadro.
Ella también pertenece a la misma agrupación.
El agente escribió sobre sus páginas en blanco lo ocurrido aquella tarde, firmando a continuación.
Andrés se hospedó esa noche en el hostal del pueblo, invitado por el jefe de la policía municipal.
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Piedad Martos Lorente
2 comentarios:
Buenas tardes, amigos y amigas.
Feliz mes de noviembre. Hoy, día de todos los santos son días de ir al cementerio para hacer una visita a nuestros seres queridos que allí llacen.
Mi abuela siempre decía: Dichoso mes, que entra con todos los santos y sale con San Andrés.
Bueno, pues aquí dejo otro capítulo mas de este muchacho que está al servicio de todos con la bondad por delante sin esperar nada a cambio.
Os dejo abrazos y mi cariño para todos y todas.
Buen tardes, otro preciso capítulo y menos mal que se aclararon las cosas, cuantas veces por falsos testimonios condenan a un inocente.
A ver qué ocurre en su siguiente destino.
Un besazo, y a vivir este mes..
😘🙋🍀🌹
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