jueves, 1 de octubre de 2026

EL CORRECAMINOS 9

IX
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Un grupo de cuatro hombres, armados con palos y bastones, se dirigieron al arroyo
dispuestos a tomarse la justicia por su mano.
Andrés estaba doblando la ropa recién lavada y ordenando la mochila, para ponerse en
marcha nuevamente.
-Buenas tardes -saludaron los hombres sin apartar la vista del rostro recién afeitado
observando los movimientos del joven caminante.
-Buenas tardes –contestó él sonriente.
-Qué, ¿preparando la marcha? –preguntó el hombre más mayor.
-Así es, quiero buscar un lugar seguro para pasar la noche.
-Nosotros conocemos un lugar muy, pero que muy seguro. Si nos quieres acompañar, con
mucho gusto te lo mostramos.
-Ah, sí, en cuanto termine de recoger todo esto me pongo en marcha. No sabe cuánto se
lo agradezco, porque tal como está la vida no se puede uno fiar de nadie.
-Así es, amigo. –contestó otro de ellos-. Dime, ¿cómo se te ha dado el día? ¿Tienes ya tu
presa elegida?
Andrés levantó la mirada del saco que acababa de cerrar y miró al grupo que le observaban
extrañados.
-No te entiendo… No sé qué quieres decir.
-Nada, es una broma.
-Y qué, ¿piensas quedarte muchos días por aquí? –preguntó otro del grupo, buscando
alguna reacción anormal en el comportamiento del joven, para liarse a palos con él y darle
su merecido. Pero Andrés no dio muestras de locura en ningún momento, por lo que
tuvieron que reprimir sus deseos y esperar a llevarlo al cuartelillo.
-Voy de paso. Mañana, en cuanto amanezca, me pongo en marcha otra vez, porque luego
calienta mucho el sol y es muy pesado andar en esas condiciones.
-¿Vas muy lejos?
- Primero voy a Los Canales y después ya veremos.
-¿A Los Canales…? Pues te vas a dar una buena caminata.
-Como todos los días, ni más ni menos.
Se colgó todo su equipaje y, aunque algo receloso por las miradas de sus visitantes, se
puso en camino junto a ellos.
Llegaron a las dependencias de la policía local. Uno de los hombres se adelantó unos
pasos y habló algo con el agente que había en la puerta y que él no llegó a oír, pero a
juzgar por sus gestos, no era nada grato.
-Encierra a este tipo y cuídalo bien… Ya me entiendes. Aunque no lo parece, está loco y
ha intentado abusar de María, la hija del panadero.
-Te dejamos en buenas manos, él te acompañará al mejor hotel del pueblo, donde pasarás
una noche inolvidable –le anunció el más mayor.
El grupo rio y se dispuso a salir del local, pero el agente les llamó la atención. Mientras
otro compañero le tomaba los datos, él cogió a Andrés y lo esposó sin más.
El muchacho, sorprendido por la reacción del agente, empezó a protestar mientras se
negaba a ser esposado, intentando salir de allí. El agente le dio un puñetazo en el
estómago, que le hizo retorcerse y estuvo a punto de caer al suelo.
-No entiendo por qué me tratan así, si yo no he hecho nada.
-Ahórrate las explicaciones. Eso ya se lo dirás al juez. Venga, muévete si no quieres que
te dé otro puñetazo.
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Piedad Martos Lorente

4 comentarios:

Piedad dijo...

Buenas tardes y feliz mes de octubre pasado por agua.
Aquí os dejo otro capítulo más de esta historieta a ver que pasa, porque los malos entendidos nos llevan a situaciones no deseadas como le ha pasado a Andrés.
Os dejo abrazos para todos y todas y mi gratitud por vuestros comentarios.

Campirela_ dijo...

Desde luego que es injusticia, pobre Andrés, me dejas toda preocupada; espero que se solucione y no cometan una barbaridad. Gracias, Piedad. Besitos, muchos.

Ester dijo...

Estamos de parte de Andrés, cuando hay una turba las injusticias son gratis. Un abrazo Piedad

ETF dijo...

Menuda entrega tan dramática, injusta y cargada de una tensión angustiosa nos dejas con esta novena parte de El Correcaminos.

Se le encoje a uno el corazón al ver la indefensión de Andrés. La ceguera de ese grupo de hombres que busca un chivo expiatorio a toda costa, sumada a la brutalidad y el abuso de autoridad del agente en el cuartelillo, genera una impotencia tremenda. La nobleza y la buena fe con la que el muchacho conversa y los acompaña creyendo que le ofrecen ayuda contrasta de forma desgarradora con la trampa en la que termina atrapado por una acusación falsa. Has logrado plasmar con una maestría impecable esa atmósfera de injusticia y prejuicio popular donde la verdad no parece importar a nadie.

Nos dejas con el alma en vilo deseando saber cómo logrará Andrés salir de este tremendo atolladero y demostrar su inocencia.

Muchísimas gracias por compartir otro capítulo tan apasionante y magistralmente escrito.

¡Un fuerte abrazo de vuelta, Piedad, y que pases un feliz fin de semana!