sábado, 15 de agosto de 2026

EL CORRECAMINOS 6

VI

 

Andrés reanudó su camino y Pepe lo seguía unos metros más atrás, pero le era imposible seguir su paso, pues aunque no iba ligero sí andaba más rápido que él. Contrariado, se detuvo, volvió la cabeza y le habló en voz fuerte.

 

-Venga, hombre, dese prisa que nos va a oscurecer ya mismo y, andar de noche por estos caminos, a mí no me hace ni pizca de gracia.

 

Pepe llegó a su altura y Andrés aflojó el paso para no dejarlo atrás. Estaba claro que no iba a llegar a la hora que se había propuesto, pero cómo lo dejaba solo.

 

-Dígame, Pepe, ¿con quién vive usted?

-Yo vivo con… Vivo solo.

-Ya, ¿y a dónde iba usted por aquí tan lejos de su casa?

-Pues a dónde iba a ir, a ver a mis padres que hace tiempo que no los había visto.

-Ah, ¿y cómo están?

-Bien, gracias a Dios, ellos están muy bien.

-Sus padres serán muy mayores ¿verdad?

-Sí, bueno, muy mayores, lo que se dice muy mayores, no. Tendrán sesenta años…

-Ah, ¿sí? Pues entonces sí que son jóvenes. Y usted ¿cuántos tiene?

-Uf, yo soy muy mayor. Yo tengo… Creo que tengo ochenta o noventa, no recuerdo.

 

Andrés mantenía, aparentemente, una conversación natural como si su acompañante estuviera tan cuerdo como él, pero en el fondo de su alma se sentía muy preocupado. No podía dejarlo en aquellas condiciones en un desierto en el que no habitaba nadie, ni siquiera encontró una persona trabajando en el campo. La tarde avanzaba y pronto daría paso a la noche y todavía faltaba mucho para llegar al pueblo más cercano.

 

Por unos instantes pensó en registrarle los bolsillos para ver si encontraba algo que pudiera identificarlo, saber dónde vivía, quién era aquel hombre, pero al momento desistió la idea pues le parecía incorrecto invadir su intimidad. Mientras hablaba con él, pensaba cómo se las arreglaría para pasar la noche en pleno campo y no encontraba salida a su preocupación. A lo lejos divisó algo que le llamó la atención devolviéndole la tranquilidad que desde hacía rato no tenía. Dejaron el camino que llevaban y se metieron entre la maleza en dirección al lugar, con la esperanza de encontrar refugio en lo que parecía ser una cabaña.

 

-Mire, Pepe, me parece que vamos a tener suerte. Aquí podemos pasar la noche, ¿qué le parece?

-Bien, parece bonita.

-Bueno, bonita, lo que se dice bonita no lo es, pero nos va a salvar de la humedad de la noche.

 

Abrieron la puerta que estaba sujeta con una cuerda y entraron en el interior.

La sorpresa fue superior a lo que imaginaba. Dentro hallaron, además de herramientas de labor, una manta sobre un colchón que, aunque estaba bastante gastado, le serviría para que Pepe descansara en él aislándolo del frío del suelo.

 

Andrés cogió de su mochila dos manzanas que se comieron antes de acostarse, él en el saco y Pepe en el colchón. El joven lo tapó con la manta y cerró la puerta, sacó la fotografía y la puso de pie a su lado, le dedicó una amplia sonrisa como si la joven pudiera verlo y, con esa alegría reflejada en su cara, cerró los ojos para quedarse profundamente dormido.

 

 

 Piedad Martos Lorente

 

1 comentario:

Piedad dijo...

Buenos días, amigos y amigas.
Deseo feliz día de la Asunción.
Ya tenemos mediado el mes de agosto. Espero que las temperaturas vayan bajando y con ellas los fuegos, que ya está bien este verano... Entre unas cosas y otras estamos dejando un planeta por los suelos...
Y como ya es costumbre en mí, os dejo otro capítulo del correcaminos, que poco a poco va avanzando por el camino elegido.
Y como no, os doy las gracias por vuestros comentarios, siempre agradecida.
Os dejo un abrazo y mis mejores deseos de que el calor no os haya afectado.