domingo, 13 de agosto de 2017

AMORES EQUIVOCADOS 9º

Capítulo 9º.

 

EN EL RESTAURANTE

 

Mientras Isidro está pendiente de estacionar su vehículo en el aparcamiento del restaurante, Marina observa a una pareja que en ese momento hacen su aparición en la entrada del local. Es Raúl que va en compañía de una mujer. En ese instante no podría expresar lo que siente. En realidad, se siente defraudada por el amor de su vida. No soporta que le mientan y él le ha mentido desde el principio. Ahora está a punto de descubrirlo todo. Se enfrentará a él cara a cara a ver si es capaz de negarle lo que ya no puede ocultar.

Le parece increíble que pueda estar tan serena, sin nervios y sin importarle ya lo que pueda hacer su marido. Se ha tomado las cosas con tranquilidad y no piensa alterarse, pero eso sí, está a punto de romper la relación de diez años de matrimonio. No aguanta más… se acabaron las mentiras.

 

Marina le pide a Isidro que espere un poco antes de salir del coche, quiere darle tiempo a la pareja para que se acomoden bien.

 

-Todavía no me has dicho quien es esa persona a la que le vas a dar la sorpresa.

-Pronto lo sabrás, no te impacientes. Me parece que tú también vas a ser sorprendido.

-Me tienes intrigado.

-Bueno, creo que los sorprendidos van a ser tres.

 

Cinco minutos después, suena el móvil de Marina. Es Raúl, Marina sonríe irónicamente.

 

-Hola, cariño, ¿cómo has hecho el viaje?

-, Aburrido y algo pesado, pero bien.

-¿Estás ya en la fiesta?

-Sí, pronto llegará el homenajeado.

-Mira, te quería comentar algo que ha surgido esta tarde.

-¿Ha ocurrido algo?

-No. Verás, es que ha venido a la residencia el sobrino de Manuel, ¿Sabes quién te digo?

-Sí, Manuel Delgado, ¿no?

-El mismo. Pues resulta que su mujer se ha ido hoy con su prima a ver a sus tíos que viven en el pueblo, y se van a estar tres o cuatro días. Isidro tiene que ir a Madrid por asuntos de trabajo…

-¿Quién es Isidro?

-El sobrino de Manuel.

-Ah, ya.

-Pues como te decía, me voy a ir con él. Me apetece pasear por la capital y así, cuando termine la fiesta  nos podemos encontrar y volver juntos, ¿qué te parece?

-No podrá ser, yo no puedo estar por ti, ¿comprendes?

-No hace falta. Tú me das la dirección del hotel y nos encontraremos allí.

-Mira, cariño, mañana te llamo y ya te diré lo que vamos a hacer, ¿de acuerdo?

 

Marina cortó la llamada sin contestar. Isidro la miró desconcertado sin saber qué estaba tramando.

-Marina, ¿estás bien? ¡No entiendo nada de nada!

-Pronto lo entenderás todo, prepárate que va a empezar la función. ¡Lo que me voy a divertir!

 

Marina reía mientras salía del coche. Isidro se la miraba sin entender muy bien a qué se debía aquella risita guasona.

 

-¿A qué se debe esa alegría que se dibuja en tu cara, Marina? ¡Qué distinta te veo hoy a como te he visto otros días, sobre todo el día que nos conocimos en la parada del autobús!

-Recuerda que me mandaste una arroba de sal, jejeje.

-Y yo que pensaba que eras esaboría y, eres más salá que las pesetas, ¡ea!

-Las pesetas ya no son nada, por desgracia.

-Así es… con el cariño que le tenían mis padres.

 

Entran en el restaurante. Marina se adelanta unos pasos y, decidida se dirige al comedor. Desde la entrada ha visto a Raúl que está sentado a la mesa junto a su acompañante. Este, está distraído leyendo la carta y conversando con la mujer. Ninguno de los dos ha percibido la llegada de Marina, hasta que esta le habla:

-Con que estás en Madrid con los invitados esperando al homenajeado. No sabía yo que Madrid se encuentra en la costa. ¿Dónde están los invitados? ¿Ella es tu jefe…? Ah, no, es tu amigo Gabriel disfrazado de mujer, ¿verdad? Anda, si lleva unos pendientes idénticos a los míos. Tengo que reconocer que nuestro galán tuvo buen gusto a la hora de elegir el regalo.

-Marina, ¿Qué haces aquí?

-Ya ves, yo también vengo a la fiesta.

-No tienes derecho…

-¡Calla, que yo no te he pedido tu opinión!

-Marina, por favor, estamos en público.

-No temas, que peor que tú te has comportado no me voy a comportar yo. Ahora dime, ¿a qué no tengo derecho? ¿A divertirme o a recordarte tus deberes como marido? ¿Ya no te acuerdas de la promesa que nos hicimos ante los ojos de Dios? Pero lo que más me duele no es el olvido, sino el que me hayas mentido durante tanto tiempo, porque el año pasado también hicisteis una fiesta al director general y el otro anterior… y tantas cosas más. Has estado jugando con dos barajas y eso no te lo perdono. La semana que viene recibirás tus pertenencias en la oficina.

 

Dicho esto, se dio media vuelta para salir y entonces se encontró con la mirada de Isidro, que esperaba a que acabara de hablar para empezar él. Su mujer estaba con la mirada puesta en la copa sin atreverse a levantar la cabeza.

 

-Con razón dicen que el amor es ciego. Yo lo he estado desde el primer día y no he sido capaz de ver lo que era evidente… Ahora me doy cuenta de muchas cosas, pero ya ves, no voy a discutir contigo, solo te deseo que tengas suerte y no te arrepientes nunca de lo que has hecho.

Adiós, Lucía.

 

Isidro y Marina, salieron a la calle con el dolor que les produjo descubrir la verdad, pero sin odio ni rencor dispuestos a disfrutar de la velada.

Sin perder el buen humor, Isidro se pasó la mano por la frente y, mirando a Marina preguntó:

-Marina, ¿se me ven los cuernos?

-¿Se me ven a mí?

 -Contestó ella riendo mientras se alejaba el coche.

 

FIN

 

Piedad Martos Lorente

 

6 comentarios:

Piedad dijo...

Bueno, pues con este capítulo (nueve) hemos llegado al final de este relato, que comenzó el 23 de abril. Espero y deseo que haya sido de vuestro agrado.

A partir de ahora y por un tiempo más, podréis leer mis poesías... o mejor dicho, mis sentimientos.

Así, pues, os dejo un fuerte abrazo agradecida siempre por vuestros comentarios, los cuales espero seguir leyendo.

isam dijo...

Muy bien Piedad!!el final noes tan malo, cambio de pareja, jajaja.
estas cosas pasan de verdad, yo conozco un caso.
Besos, pronto te inventaras otra.
ISABEL.

CHARO dijo...

Ha estado muy bien la novela Piedad y me ha gustado ese final que ya barruntaba.besicos

María Perlada dijo...

Un placer volver a leerte, Piedad.

Besos enormes y feliz tarde de domingo.

Conchi dijo...

Al final un final feliz para todos. Espero que aparte de tus poesías también vayas preparando otro relato Piedad.

Besos.

Conral dijo...

Piedad, te felicito porque le has dado un final digno y esperanzado. Menos mal que Isidro y Marina ya se gustan también. El amor no puede faltar en la vida.
Un abrazo, amiga. No dejes de escribir!!!
Conchi