sábado, 30 de julio de 2016

TRES GENERACIONES, DOS EXTREMOS.

CONTRASTE DE ÉPOCAS.

 

Paca, la abuela de María, es una señora de setenta y cinco años aunque nadie lo diría, ya que se conserva muy joven. Tiene mucho gusto para vestir y arreglarse, usando ropas elegante y con estilo. Pero a pesar que viste moderna, es de ideas antiguas, sobre todo en el comportamiento. Odia la falsedad pero admira el respeto y la honestidad. Y qué decir de la forma que se divierten los jóvenes… es algo que no le entra en la cabeza. ¿Cuándo se ha visto que una chica decente duerma con el novio antes de casarse y a sabiendas de todo el mundo? Nunca. En su época, esas cosas no ocurrían.

 

-¿María…? ¿María…?

-¡Sí, abuela, estoy aquí!

-Date prisa y ven, que te necesito.

-En seguida voy, abuela.

 

-¿Con quién hablabas?

-Con la señora Matilde, La madre de Pedrito. ¿Sabe quién le digo?

-¿Esa familia que vino de fuera?

-Sí, la misma. Es muy amable.

-Ay, hijita… Yo prefiero que me digan: "mal rayo te parta" a que me digan: Ay, mi reina, qué guapa eres, cuánto te quiero

-¡Abuela, no digas eso, son buena gente!

-¡Qué sabrás tú! Anda, coge la mesa de ese extremo, que la voy a poner aquí, en este lado del comedor. Aquí parece que me gusta más. ¿Y qué te decía la señora Matilde?

-Nada importante… Bueno, dice que por qué no voy a su casa a charlar un rato con Pedrito… El muchacho es un poco tímido y como llevan poco tiempo aquí, no conoce a nadie.

-Le habrás dicho que no, ¿verdad?

-¿Por qué le iba a decir que no? Es un chico muy guapo… Tiene unos ojos, y unos labios… que me dejan sin respiración.

-¡María!

-¿qué pasa, abuela?

-¿Que qué pasa? Ya te lo voy a decir yo lo que pasa. Ese muchacho parece que no está bien… además, no los conocemos de nada… ¡Ea, que no me gusta esa familia!

-¡Pero si solo tiene palabras amables para mí…! bueno, para mí y para todo el mundo, que el otro día la vi que hablaba con Amparito y también fue amable con ella.

-No te fíes de esa amabilidad, que detrás se esconde la falsedad.

Qué desconfiada eres, abuela.

-¡Digo! Y no lo sabes tú muy bien. Desconfío hasta de la camisa que llevo puesta.

-Jejeje, Qué exagerada.

-¿Ves? Aquí me gusta más. Ahora queda más espacio, así, cuando vengan los niños tendrán más sitio para jugar.

-Sí, queda muy bien. ¿Tengo que hacer algo más, abuela?

-No, por ahora ya está. Lo que me queda ya lo haré yo sola.

-Pues me voy. La señora Matilde me espera, me quiere enseñar fotos de Pedrito de cuando era niño. Dice que era el niño más guapo de todo el barrio.

-No te jorobas… Para las madres, sus hijos son los niños más guapos del mundo. Los más buenos… Los más inteligentes… Los que nunca han roto un plato.

-Luego te cuento.

-Sí, anda, ves. Y ten mucho cuidado. Ya conoces mi opinión.

 

Después de fregar, ordenar y dejar el comedor perfecto, Paca salió a la calle para estirar las piernas. De pronto se encontró frente a frente con Matilde que llevaba una bolsa en la mano.

 

-Buenas tardes, vecina.

-¡Ay, señora Paca, no la había visto, buenas tardes tenga usted!

-Ya la he visto que va muy pensativa, ¿le ocurre algo?

-No, cariño, solo que… nada, no es nada importante. Mi reina, qué guapa es usted y que elegante va siempre. Venga a casa, que tomaremos algo. Me gustaría que me visitara algún día. Véngase  ahora conmigo, que voy a estar toda la tarde sola.

Bueno, ya veré si puedo, ahora voy a estirar las piernas.

-Ay, qué bonica es usted… Venga cuando pueda, que la estaré esperando.

 

Paca hizo su recorrido habitual y mientras andaba, iba pensando en  la invitación de Matilde y en lo que le había dicho: "estaré sola."

Entonces pensó  en María y en el muchacho. Si ella estaba sola ¿dónde estaban los jóvenes?

Tuvo una intuición, así que se dio media vuelta  y se dirigió a la casa de su vecina. Subió la escalera y antes de tocar el timbre reposó unos segundos, lo suficiente como para oír a Matilde hablar con alguien. Respiró hondo y pulsó el botón, que al instante sonó al otro lado del interior. Entonces llegó el silencio. Tan solo un leve roce se oyó detrás de la puerta. Paca esperó a que esta se abriera para darle paso, pero el silencio inundó la estancia. Volvió a tocar el timbre y esperó de nuevo. Silencio total. Se dio la vuelta y bajó la escalera.

Durante una hora anduvo por las calles más concurridas del pueblo y, al volver a casa se encontró con su nieta que también regresaba.

-Qué, ¿cómo te ha ido en casa de la señora Matilde?

-Bien, hemos estado hablando de Pedrito y del problema que tiene.-

¿Te ha dicho que la he visto y me ha invitado a ir a su casa esta tarde?

-¿Y vas a ir ahora?

-No, hijita, ya estuve hace una hora y no me abrió la puerta… Por cierto, Tú habrás oído el timbre porque ella hablaba con alguien, yo la oí. Toqué dos veces.

 

María miró a su abuela fijamente, como si no entendiera lo que decía, al tiempo que palideció su rostro. Entonces mormuró en voz baja y tímida:

-Nos hizo una seña para que calláramos mientras miraba por la mirilla de la puerta. Después dijo que era una gitana que iba pidiendo y que ya estaba harta de ella.

-Con que una gitana. Menuda pieza está hecha. ¿Te das cuenta de su falsedad?

-Sí, abuela. ¿Pero cómo lo sabías? A penas la conoces.

-Por eso, María, por eso. Alguien que no te conoce de nada y te viene con tantos halagos… No es sincera. Cuando una persona siente lo que dice se le ve en la mirada. Sus ojos cantan los sentimientos del corazón. En su expresión no hay sentimientos. ¿Qué te ha contado del muchacho?

-Me ha dicho que tuvo un accidente cuando era pequeño y le afectó el cerebro y por eso es así de paradito. También me ha preguntado si me gustaría casarme con él.

-¡ave María Purísima! ¡Cómo se atreve a decirte una cosa así, su hijo es un enfermo mental! ¡Qué barbaridad!

-Tranquila, abuela, que eso no va a ocurrir.

-Ese chico necesita una mujer, sí, pero no como ella quiere, sino una mujer que lo cuide porque es poco más que un niño, y para ello ya está ella. ¿O qué es lo que quiere, quitarse ella ese deber como madre? La madre que la parió… María, no te fíes de sus palabritas, que son cuchillos de doble filo. ¿Sabe tu madre algo de esto?

-No, todavía no la he visto para podérselo decir. Bueno, abuela, yo me voy por aquí, que voy a ver a mi amiga Alba, que hace días que no nos vemos.

-Otra que también la lleva buena. Hace cuatro días que tiene novio y ya está durmiendo con él.

-ay, abuela, qué anticuada eres.

-¿Pero es que tú ves normal esas cosas? Ni están juntos, ni separados, ni casados… "Nada, ahora me voy a su casa, ahora me voy a la mía." ¡Y viva la pepa!

-Abuela, pues yo pienso hacer lo mismo, jejeje.

-¡Jesucristo! ¡Serás descarada! Lo que tienes que hacer, es estudiar y aprender a llevar una casa como es debido, como hemos hecho todas. Eso es lo que tienes que procurar, aprender a ser mujer. Una mujer responsable en el trabajo, como ama de casa, esposa y madre. Por el amor de Dios bendito, María, compórtate como Dios manda. A mí me va a dar algo.

-¿Y cómo manda Dios, abuela?

-¡La madre que te trajo y el padre que te matriculó! Anda, vete de aquí a donde yo no te vea, porque vas a acabar con mi paciencia. Mocosa, que no sabes donde tienes la mano derecha y ya Estás pensando en… ¡Lo que tiene una que oír!

 

Piedad Martos Lorente.

 

 

 

8 comentarios:

Piedad dijo...

Buenos días, amigos y amigas.
Os deseo feliz fin de semana.
Para relajaros del calor, os dejo este relato esperando que sea de vuestro agrado, aunque un poco largo...
¡Que no os canse demasiado!

Abrazos.

CHARO dijo...

Pues además de que no me ha cansado tu relato, resulta que me ha gustado mucho y hasta me he sentido un poquillo identificada con la abuela aunque tengo menos años Je,je,je.....Besicos

María Perlada dijo...

Sabes que la abuela me ha recordado a mi madre? Cuando te he ido leyendo parece que la iba viendo a ella.

Y así es en realidad, la gente mayor es así, tal como la describes y les resulta difícil cambiar su mentalidas, les es difícil cambiar de ideas y adaptarse a los tiempos modernos.

Muy bien planteado él relato me ha gustado mucho.

Muy feliz domingo Piedad.

Un beso muy grande.

joaki007 dijo...

Un cuento precioso y narrado con una simpatia tremenda .

Los consejos de la abuela ...lo bueno es que aun hay abuelas asi que no comprenden a sus nietos...porque ,claro es dificil comprender a los jovenes muchas veces ...pero tenemos que pensar que nosotros tambien lo hemos sido.
Aunque claro...ahora es otra cosa ...

Te felicito por el relato.

Besos.

rosa mis vivencias dijo...

Piedad los tiempos cambian y tenemos que adaptarnos a ellos. Me ha encantado tu relato y entiendo a esa abuela, porque nos hemos ido de un extremo a otro y, no es fácil para nuestros mayores entender tanta libertad.

Un beso.
Rosa.

Piedad dijo...

Pues sí, es cierto, los tiempos cambian y tenemos que adaptarnos a ellos.
Escribí este relato pensando en mi abuela. Si ella estuviera aquí diría lo mismo que la abuela del cuento, jejeje. Yo me acuerdo de ella, porque no estaba de acuerdo con las costumbres de nuestra época y eso hace muchos años ya. Ahora, que nosotras tampoco estábamos de acuerdo con ella, jajaja.
La vida es así... los tiempos cambian y malo si nosotros no cambiamos con ellos.

Abrazos.

isam dijo...

Muy bueno, me ha gustado mucho. Abrazos.

Conchi dijo...

El relato está muy bien escrito, Piedad. Como siempre, consigues darle esa intriga que te hace seguir leyendo para ver qué pasa. A mí me ha pasado, como si la historia fuera cierta! Eso lo hace alguien que sabe escribir, como tú.
En cuanto al mensaje yo también estoy de acuerdo. Como madre te digo que ahora nos tenemos que aguantar con los que hacen nuestras hijas, pero acordándonos de nuestras madres y pensando que pondrían el grito en el cielo!
En fin, los tiempos son los tiempos. Pero no está mal que al menos les digamos lo que pensamos. Luego, que sean consecuentes con lo que hagan.
Un abrazo
Conchi