martes, 30 de diciembre de 2014

ANSELMO EL PASTOR 17, ÚLTIMO CAPÍTULO

LOS OJOS DE MIS SUEÑOS

 

 

Capítulo 17

 

 

A medida que iba pasando la tarde, Manuel y Patricia intentaban ocultar el nerviosismo que le producía la espera de ver llegar a los protagonistas, mientras atendían a los presentes formados en grupos repartidos por la sala, hablando y riendo con las anécdotas más o menos graciosas contadas por cada uno de ellos.

Micaela, apoyada en la ventana de la cocina, se llevó la mano al pecho cuando vio asomar por la curva que daba vista a las cuadras, los caballos que tiraban del carruaje en el que venían sus dos hijos junto a Anselmo y Juanita. Se giró con intención de ir en busca de su marido pero no hizo falta ya que él estaba en silencio detrás de ella. Se cogió de su brazo y juntos salieron al patio  para recibirlos.

Ayudada por Daniel, Alba saltó al suelo radiante de alegría y corrió hacia el matrimonio que la rodearon con sus brazos, cada uno por un lado, y los tres cuerpos se fundieron en un sólo abrazo.

No hubo palabras que pronunciaran preguntas algunas, solo lágrimas de alegría y sonrisas mientras en el fondo de su corazón, los tres daban gracias a Dios por hallarse otra vez unidos.

Después, Daniel presentó a Anselmo y a Juanita, a los que todos saludaron cordialmente agradeciendo todo lo que habían hecho para hacer posible el hallazgo de su hija, a la que ellos bautizaron con el nombre de Aurora. Ésta miraba a sus padres y no podía creer lo que estaba viviendo en aquellos instantes colmados de felicidad y, abrazada de nuevo a ellos por la cintura, entraron en la cocina para continuar hacia la sala donde esperaba la fiesta. Daniel se adelantó unos pasos y cuando Manuel y Patricia lo vieron entrar, estos desaparecieron por el pasillo en el que se encontraron con los recién llegados. Entonces fue cuando los padres se separaron de ella para dar paso a los abrazos de sus hermanos que hablaban por sí solos lo que sus labios callaban, como había ocurrido minutos antes al encuentro de sus padres.

Dejaron correr el tiempo hasta controlar su estado de nerviosismo, entonces, Luis y Micaela aparecieron en la sala ante todos los presentes radiantes de felicidad y, dirigiéndose a ellos, anunció el cabeza de familia:

-Un momento de silencio, por favor.

Las conversaciones y las risas callaron en seco y los grupos se disolvieron poniendo atención a las palabras del dueño de la casa. En esto, los hijos se acomodaban: Alba entre sus padres, Manuel y Daniel al lado de Micaela, Patricia al lado de Luis. Éste continuó.

-Señoras y señores, hoy es un gran día para nosotros, el día más feliz de nuestra vida desde hace catorce años, porque parte de ella murió en aquél atardecer cuando desapareció nuestra hija Aurora. Todos creímos que había sido devorada por las fieras del bosque porque así nos lo hizo creer la persona que nos robó nuestro tesoro más pequeño y parte de nuestra vida. Pero el destino quiso que recuperáramos la fortuna que se nos arrebató, recuperando a nuestra hija hecha una mujer y como podéis comprobar, es toda una belleza.

Los presentes asentían con la cabeza en silencio mientras Juanita no podía reprimir las lágrimas y, Anselmo, al lado de sus padres y hermanos, escuchaba atentamente las temblorosas palabras del cabeza de familia, producidas por el nerviosismo que le causaba la alegría que estaban viviendo. El hombre continuó.

-La alegría que hoy reina en este hogar se lo debemos al Joven de Monteverde, Anselmo, que ha sido elegido por el destino para hacer de enlace rescatando de su cautiverio a nuestra hija.

La justicia se ha hecho cargo de lo que a ella corresponde, castigando a los culpables por su delito con gran parte de su fortuna con la que yo quiero recompensar a nuestro héroe, y digo recompensar, porque no hay dinero en todo el mundo para pagar lo que ha hecho por mi familia.

Anselmo, decidido, se acercó al anfitrión.

-No, señor, no quiero dinero.

-¿Cómo dices? -preguntó sorprendido Luis.

-Ya lo ha oído usted, no quiero dinero, aunque sí quiero cobrar...

-Tú dirás, Anselmo, ¿cómo quieres cobrar?

El joven carraspeó aclarándose la garganta antes de seguir hablando.

-Señor Luis, quiero... quisiera pedirle la mano de su hija Aurora. Deseo casarme con ella. Si usted me la concede me hará el hombre más feliz de la tierra y el más afortunado.

Alba, enrojeció de vergüenza por la inesperada aclaración del joven, del cual, ella también estaba enamorada.

Luis, que ya había leído en los ojos de los jóvenes el amor que sentían el uno por el otro, sonrió dirigiéndose a los presentes:

 

-¿Verdad que hacen buena pareja?

Los invitados rieron y asintieron con la cabeza. Entonces Luis se dirigió a Anselmo y a su hija y cogiendo las manos de ambos los acercó entre sí entregándole la mano de Aurora. Anselmo la estrechó con la suya y los dos sonrieron de felicidad.

-Estoy seguro que cuidarás de ella -continuó el cabeza de familia-, que seáis muy felices. No solo he recuperado a mi hija, sino que también he ganado un hijo más.

 

Toda la familia los abrazan y felicitan y después los invitados. Luis pone orden en la sala y continúa hablando:

-Así son las cosas, primero me la trae y luego me la quita –bromea-. Hoy soy el hombre más feliz del mundo, tengo dos hijos más. Ahora vamos a disfrutar de ellos mientras Dios nos dé vida.

¡Que empiece la fiesta, comed y bebed hasta que os hartéis! ¡Que suene la música!

 

Y un acordeón empezó a sonar las canciones de moda. En ese mismo instante unos golpes suaves sonaron en la puerta de la casa. Daniel abrió franqueando la entrada a los recién llegados. Eran Felipe y Pedro, los criados de la casa grande que, al enterarse de lo acontecido, no pudieron por menos que ir a felicitar a la señorita Alba por la que sentían un gran cariño, uniéndose al grupo.

 

FIN

 

Piedad Martos.

 

 

 

 

7 comentarios:

Piedad dijo...

Hola a todos y a todas.

Con este capítulo hemos llegado al final de esta historia, aunque algunos creyeran que ya había terminado hace dos semanas.

Hoy os doy las gracias nuevamente por seguirme y por vuestros comentarios y os envito a que sigáis viniendo a este punto de encuentro y hablar un ratito, que eso es lo que más me gusta, jejeje.
También os deseo que tengáis un feliz año y la paz, salud y bienstar os sonría todos los días de vuestra vida.

Un fuerte abrazo y hasta el año que viene.

Conchi dijo...

Terminó la historia con boda, ¡un final feliz! como debe de ser cuando hay amor.
Amiga, te deseo lo mejor para el próximo año.
Te dejo un abrazo muy grandeeee.
Conchi

rosa mis vivencias dijo...

Piedad, por poco me pierdo el final de esta bonita historia, me encanta como escribes así que no dejes nunca de hacerlo.

Abrazos.
Rosa.

PEPE LASALA dijo...

Gracias por este final Piedad. te mando un abrazo muy fuerte, y en esta ocasión especialmente fuerte con todo mi apoyo por lo de tu hermano. Cuídate mucho amiga.

MARIA DEL CARMEN dijo...

Hola Piedad
Pasaba a saludarte y desearte de corazón que este nuevo año te traiga toda la felicidad que te mereces.
En mi penúltima publicación , tu blog fue uno de los que recomendé, y te repito lo que alli comenté.....escribes como los ángeles y eres un ejemplo de superación para mi y seguro que para
muchas más personas.
Te dejo un abrazo lleno de cariño
Besos
M. Carmen♥

Isabel Tejera dijo...

Hola Piedad.
No me olvido, no....
Un arño más tecleando en el blog y no quieo dejar que pase más sin desearte que por mucho tiempo sigas escribiendo.

Yo ando con otras teclas ya sabes.
Te dejo un fuerte abrazo.

isam dijo...

Bueno Piedad, hasta hoy no he podido leer el final de la historia, me ha gustado mucho.
A ver cual es la proxima.

Un beso Isabel.