lunes, 10 de diciembre de 2012

MI ÚLTIMO CUENTO DE 2012

LOS TRES PRÍNCIPES DEL BOSQUE



Había una vez tres niños llamados Martín, Gabriel y Bernardo, aunque a este
último todos le llamaban Bernardino. Vivían con sus padres en una pequeña
aldea, un poco apartada de la ciudad situada al otro lado de la montaña que
separaba a ambas localidades. Los tres eran de la misma edad y eran muy
amigos por lo que siempre estaban juntos jugando con la pelota o cualquier
otro entretenimiento que fuera de su agrado. Por las tardes, al ponerse el
sol, les gustaba jugar al escondite en el campo que había frente al
bosquecillo y cantar una canción que decía así:



"Jugando al escondite

en el bosque anocheció,

el cuco cantaba

y el miedo nos quitó."



Luego preguntaban con voz fuerte y segura:

-Cuco, ¿estás?

Y el cuco volvía a cantar, mientras los niños continuaban cantando.



Un día, cuando acababan de empezar sus juegos, algo hizo que estos no
llegaran a su fin, como era de costumbre.



"Jugando al escondite..."



Un destello de luz iluminó el lugar donde se encontraban y el bosque pareció
un jardín multicolor bajo aquel brillante resplandor. Los niños,
sorprendidos, callaron y miraron al cielo para ver de dónde venía aquel rayo
de luz. Entonces vieron una estrella gigante como jamás habían visto que se
movía lentamente. Los tres pequeños, con la mirada en alto, fueron caminando
por el sendero que ascendía a la cima alumbrado por el astro.

Cuando llegaron a lo alto de la colina vieron que al otro lado de la misma
había una gran ciudad iluminada por miles y miles de bombillas de colores.
Atraídos por aquella maravilla, la cual desconocían porque sus padres nunca
le habían hablado de tal belleza, decidieron llegar hasta ella para
contemplar de cerca el paisaje que tenían frente a ellos.



El descenso de la montaña fue fácil y rápido por lo que en pocos minutos
estuvieron en el centro de la ciudad, el cual estaba formado por un gran
círculo de donde salían todas sus calles dibujando un sol.

Un gran rótulo iluminado decía:

"Bienvenidos a la Plaza de la Amistad".



La plaza, redonda, era muy grande e igual que las calles estaba adornada con
estrellas, campanas y otros dibujos hechos con luces de colores que
anunciaban la Navidad. Las calles brillantes por su alumbrado, parecían los
rayos del sol así como los abetos parecían torres iluminadas. En el centro
se podía contemplar un Belén con figuras de tamaño natural donde la gente se
paraba para adorar al niño Jesús.

Los niños pasearon tranquilamente fijándose en todos los detalles
desconocidos para ellos, ya que en su aldea no se estilaba celebraciones tan
lujosas. Llegaron al otro extremo de la plaza y observaron a tres niñas que,
sentadas en un banco frente a un quiosco en el que vendían golosinas,
chocolate con churros y otras cosas, jugaban a ser princesas.

Los niños, parados a sus espaldas, escuchaban la conversación de las
pequeñas:



-¿Jugamos a princesas? -dijo una de ellas.



-Yo nunca podré ser princesa -contestó la que había sentada en el centro.



-¿Por qué? -preguntó la tercera.



-Ya lo sabes, ¿por qué preguntas? -contestó la segunda.



-Lo dices porque no puedes andar -añadió la primera-, las princesas también
están enfermas o tienen alguna discapacidad pero como tienen criados les
hacen todas las cosas y las llevan de paseo.



-Sí, pero yo no tengo criados ni tengo príncipe y, además, no puedo andar...



Los niños se miraron y con un gesto de complicidad rodearon el banco
colocándose frente a las tres niñas que, enrojecidas por la inesperada
presencia, enmudecieron.



-Somos los tres príncipes del bosque y venimos en son de paz, ¿queréis ser
nuestras princesas?



Las niñas contestaron con una sonrisa pues no se atrevían a hablar.



-¿Cómo os llamáis, princesitas? -preguntaron los niños.



-Beatriz -dijo la primera-, pero todos me llaman Bea.



-Yo me llamo Bernardo pero todos me llaman Bernardino, así que si quieres
que sea tu príncipe, con mucho gusto andaré el camino.

-Jajaja -rió la niña simpática.



-Yo me llamo Gabriela -dijo la tercera.

-Yo Gabriel, si quieres ser mi princesa, todos los días te vendré a ver.



Las tres niñas reían cada vez menos tímidas. Por último se presentó la del
centro un poco cohibida.



-Yo soy María.

-Y yo Martín, para servir a Dios y a ti. Una estrella del cielo me ha
iluminado el camino, me ha traído a tu encuentro porque quiere que sea tu
amigo.



Estas palabras en forma de verso, a María le hicieron dar confianza en
aquella amistad que acababa de encontrar. Una sonrisa fue su respuesta que
Martín interpretó como positiva. Entonces, los niños chocaron sus manos con
las de ellas diciendo:



-Tres príncipes para tres princesas. Ellas asintieron con la cabeza y
repitieron:



-Tres princesas para tres príncipes.



-Ahora nos tenemos que ir porque nuestros padres no saben dónde estamos,
pero mañana volveremos a esta plaza y jugaremos -propuso Martín.



María se apresuró a contestar:

-Yo no puedo andar...



Martín preguntó:

-¿Cómo has venido aquí?

-Cuando quiero venir con mis amigas me trae mi padre y luego viene a por mí.

-No te preocupes, jugaremos sentados y si no puedes andar, mis pies serán
tuyos también. Mañana nos vemos, adiós.



Los tres niños salieron corriendo y en unos segundos desaparecieron del
lugar pero, tal como había anunciado Martín, las visitas a la plaza se
repetían un día tras otro y los juegos con las niñas cada vez eran más
agradables y armoniosos. Martín cogía a María por la cintura poniéndole los
pies sobre los suyos y, abrazados los dos, el niño paseaba por la plaza
haciendo que las piernas de la niña se movieran al compás de las suyas.
Llegaban hasta donde estaba el Belén y, frente al niño Jesús, oraban
cantando.



Jesús, María y José,

Aquí venimos a orar

Con amor y buena fe

Para que María pueda andar.



De esta manera, los tres niños y las tres niñas se hicieron inseparables. Su
amistad era cada vez más grande y profunda hasta el punto que ya no podían
pasar los unos sin los otros, pero lo más bonito fue que un día, después de
acabadas las fiestas, cuando los encargados de retirar las figuras del Belén
lo estaban guardando, sucedió algo inesperado y maravilloso. María se soltó
de la cintura de Martín y empezó a andar ella sola. Todos gritaron a una
sola voz:

-¡María anda! ¡Un milagro! ¡María anda! ¡Nuestras oraciones han llegado al
niño Jesús!

¡Viva el niño Dios!



La gente que había en la plaza se acercaron apresuradamente felicitando a la
niña y a Martín por su insistencia de pasearla sobre sus pies cada día.



Piedad Martos.



1 DE DICIEMBRE DE 2012

11 comentarios:

Piedad dijo...

¡Hola, amigas y amigos!

Os dejo este cuento que nos anuncia que ya tenemos la Navidad a la vuelta de la esquina.

Últimamente no estoy muy inspirada ... pero aquí queda este.

Os dejo besos y abrazos para todos y todas agradecida por vuestros comentarios.

reser dijo...

Hola Piedad, bonito y emotivo cuento lleno de amistad. Si, ya estamos de nuevo en Navidad, pronto acaba este año, espero y deseo que el que llega sea mejor que este.
Felicidades por tú cuento amiga.
Un abrazo muy fuerte.
Roser

reser dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Beatriz dijo...

Un cuento maravilloso. Escribes muy bien Piedad. Felicitaciones y buena semana

rosa mis vivencias dijo...

Hola, Piedad.
Cada vez que leo tu cuento me gusta más.
El cuento esta lleno de ternura y bondad, ojala pudiera servir en estos tiempos de referencia.

Pues si, estamos otra vez en Navidad y eso hace sentirnos con mucha añoranza, pero la viviremos lo mejor que se pueda.

No dejes nunca de escribir, porque lo haces de maravilla.

Un beso.
Rosa.

Marina-Emer dijo...

Piedad un cuento lleno de ternura y amor como tendria que ser ahora ya qu la vida la han puesto boca abajo y nos ahoga la maldad la tirania el robo a los pobres y mayores ,,,los desahucios a las personas sobre todo mayores ..poreso tu cuento es entrañable gracias Piedad...
te deseo si no nos vemos que pases felices fiestas navideñas .
besossssssss
MARNA

isam dijo...

Que bonito el cuento si en la vida real pudieran suceder estas cosas. Feliz Navidad y buen Año para todos.

Isabel

Sabela dijo...

A ti te parece Piedad que no estás inspirada, pero la verdad es que es muy gratificante todo lo que escribes, las enseñanzas abundan, los sentimientos se suceden, las historias son bellas..., todo invita a la reflexión, gracias amiga por tener tan hermosos pensamientos.
Ya estoy en Coruña, venimos un día antes porque mi hija no va a estar, al salir recogí el correo ¡muchísimas gracias! te llamaré Dios mediante desde Lugo pues aquí no tengo tu número de teléfono.
Abrazos.

Milita dijo...

gracias PIEDAD por tan bellas palabras, viniendo de tu persona ya es mucho estando como estas, y yo me quejo por lo que tengo, el lunes me operan del otro ya veremos lo que pasa, tengo un poco olvidada a la gente que me quiere y yo la quiero. Besos de todo corazón Milita.

montse dijo...

Hola Piedad, no habia leido todavia tú cuento es muy bonito ,aunque se que estas muy atabalada con tus trabajos jajajajajaja,y no sabias como iba a salir tu cuento ha salido estupendo felicitaciones,un beso.

Driada dijo...

Hola Piedad.
Es muy gratificante leer tus historias . Los niños de hoy deberían poder tener muy a mano lo que tu escribes, siempre hay nobleza en los personajes y eso parece que empieza a escasear, de todas maneras bonitas letras para sembrar buenos principios para nuestros niños.

Un abrazo