sábado, 17 de julio de 2010

ENTREVISTA CON LA MÁQUINA DE LA VERDAD

Sentada en el cómodo sillón de la máquina de la verdad pero un tanto dudosa de que ésta adivine sus pensamientos, Pepita espera nerviosa que empiece el interrogatorio de la misma.
De pronto, el artefacto que tiene frente a ella, se le apagan las luces rojas para dar paso a otras de color naranja y acto seguido las verdes, indicando que la máquina está preparada para su entrevista. Se pone en marcha no sin antes hacer una breve presentación con voz pausada y dividiendo las palabras en sílabas.
-Ten-go fren-te a mí a la jo-ven de se-sen-ta-y-cin-co a-ños Pe-pi-ta Pin-ta, que vo-lun-ta-ria-men-te ha que-ri-do so-me-ter-se a mi en-te-rro-ga-to-rio.
Pepita al oír la expresión de la máquina no pudo evitar una irónica sonrisa. “¡La joven de sesenta y cinco años!” Se repitió mentalmente al tiempo que hacía una ligera mueca con los labios pensando que la máquina no llegaría a captar. Pero la inteligencia de la máquina estaba por encima de la suya llegando a leer sus pensamientos, y ésta le recriminó:
-No pon-gas en du-da la sa-bi-du-ría de na-die has-ta que no es-tes-se-gu-ra de e-llo.
Pepita cambió el gesto de su expresión un tanto guasón, por otro más serio y algo tímido. Entonces se encendió un foco verde y brillante y empezó el interrogatorio. Ahora, la voz de la máquina era más segura y menos pausada.
Pregunta número 1:
-¿Eres perfecta? -Antes que Pepita pudiera contestar a la pregunta, la máquina le hizo una severa advertencia-. Te advierto, que si mientes se te caerán los dientes. Y si lo tomas a risa envejecerás más de prisa. -Pepita contestó con otra pregunta.
-¿alguien es perfecto en esta vida? Un destello de luz color rojizo brotó del cerebro mecanizado enfocándose hacia el rostro de Pepita que acalorado enrojeció igual que la luz enfocada.
-Las preguntas las hago yo que soy la máquina. Tú limítate a contestar.
-¡No, no soy perfecta!
Pregunta número 2:
-¿alguna vez has ofendido con palabras o hechos a los que te rodean? -Pepita duda qué contestar.
-No sé, creo que no, pero tal vez sí. Quiero decir que sin querer es posible que en alguna ocasión haya podido ofender a alguien. A veces pasa, que haces o dices alguna cosa sin maldad, pero que a otro le puedes ofender.
Pregunta número 3:
-¿Has robado a alguien? -Pepita se irguió en el sillón toda sofocada al tiempo que gritaba:
-¡No, no, no, no soy ladrona!
-No te sofoques mujer, robar está de moda ¡Y qué se sabe...!
Pregunta número 4:
-¿Confías en la gente?
-Sí... no... Confío en los que me ofrecen confianza. Desconfío en los que me dan desconfianza porque en algunas ocasiones me he sentido engañada.
Pregunta número 5:
-¿Has mentido alguna vez?
-No... O quizá sí. Pero han sido mentiras piadosas. Es decir, he mentido alguna vez sin maldad, para no dañar la sensibilidad de los demás.
Pregunta número 6:
¿Te sientes joven?
-¡Por supuesto que me siento joven!
-Entonces ¿Por qué esa risita al presentarte como tal?
-¡Pero bueno! ¿Esto es una máquina o qué...? ¡Claro que me siento joven, pero evidentemente no lo soy!
-Sí, soy una máquina y como has podido comprobar puedo leerte el pensamiento...
Pero lo dejo aquí, Ya no hago más preguntas. Ahora doy paso al público aquí presente para que sean ellos los que comenten sobre tu actitud. Sólo me resta decir que Pepita ha dicho la verdad.
Acto seguido se apagaron las luces de la máquina y Pepita sonriente escuchó la opinión del público.

9 comentarios:

rosa mis vivencias dijo...

Creo que eres tu, la que servirías como cualquier máquina,llámese de la verdad, de la mentira o lo que quierassss,!te atreves con todo! desafiando con todo y a todos,¿dejarás algún día de sorprendernos con tus imaginaciones?,espero que no, dejarías de ser la PIEDAD.... que todos conocemos.Un besazo Rosa.

DRIADA dijo...

Vaya ... ¿Y ahora que digo yo? que como ande enchufada esa maquinita a más de una o unoooo le va a poner la cara roja.
Muy divertido tu relato , al principio pensaba que iba en serio pero veo que es otra de tus habilidades con el teclas.
Buen domingo

Conchi dijo...

Piedad, a mí me sientan delante de un artefacto de esos y me da algooooo. El corazón empezaría a latir tan de prisa qie se me saldría por la boca, jeje.
Qué ocurrencias tienes. Eres increíble (siempre te digo lo mismo, pero es lo que pienso!!!)
Sabes que se te da bien escribir, relatos, cuentos, poemas y hasta palíndromos!!!!
Yo no quiero preguntarle nada a Pepita, pobre mujer, que ya pasó el mal rato delante de la dichosa maquinita.
Bueno, una preguntilla: ¿te gusta el helado de turrón????, jaja

Un abrazo grande
Conchi

Piedad dijo...

Gracias en nombre de Pepita, ella sonríe siempre que oye vuestros comentarios jaja.

Conchi, me gusta el helado de turrón, de limón como a entre luces y me gustan todos... hasta de leche merengada que está riquísimo, lo que pasa es que luego la báscula me dice: Si no cuidas tu dieta te pondrás cuadrada como una carreta, jajaja.

Besos.

J. Teodoro P. G. dijo...

Tienes mucha soltura relatando admirable. Me imagino que en la Escuela harías muy buenas redacciones.
Además tienes una habilidad increíble; has hecho que Pepita le ponga las peras al cuarto a ese temible artilugio que es capaz de ponernos enfrente de nosotros mismos y destaparnos nuestras flaquezas. "Ella" ha sabido darle coba y salir victoriosa del posible atasco.
¡Sorprendente!
Mi reconocimiento.
JT.-

Piedad dijo...

J Teodoro, ante todo gracias por tu reconocimiento y admiración...ante tal, tengo que aclararte que nunca fui a la escuela. Eso sí, recibí algunas clases de un maestro antes de perder la vista, pero fueron tan pocas que a penas me dio tiempo de leer las tres cartillas que habían en aquella época y el primer libro...donde vivíamos no había otra escuela que la del campo, por lo que nunca tuve esa oportunidad y después de perder la vista aún fue más dificultoso para poder seguir unas clases que a penas cubrían tres horas semanales. Ha sido haora cuando tuve esa oportunidad de aprender o mejor dicho, de hacer lo que me gusta, es decir, leer y escribir.
Gracias nuevamente.
Saludos.

J. Teodoro P. G. dijo...

Piedad, ruego disculpes mi indiscreción. El que no pudieras ir a la Escuela no es ninguna desgracia. Las circunstancias de cada una son las que son. Tampoco yo fui nunca como alumno a la Escuela y luego deediqué mi vida a enseñar en ella. Mi madre, y un hombre al que le llamábamos "maestro" (estupendo, por cierto) que iba por los campos dando clases, llegaba a casa un par de días por semana y echaba la mañana con nosotros dándonos clase, tomándonos la tarea que nos había dejado la vez anterior , explicándonos y poniéndonos otras nuevas para hacer, incluso se quedaba a comer (era parte de sus emolumentos - tuve laocasión de visitarle en su cas con mi esposa y mis padres; creoq ue le di la alegría de su vida. Todos lloramos un poquitín-). Ellos fueron mis maestros. Después, ya mayorcito, preparé solo mi ingreso a Bachillerato, empollándome la Enciclopedia Dalmau Carles-Pla, que aún conservo.
La vida nos ha tratado a cada uno de una manera particular; quizá sea "nuestra manera". Pero en el fondo y, perdona la inmodestia, somos "todo terreno", hemos luchado, cada uno con sus armas y hemos perdido pocas batallas.
Así que ánimos y p'alante.
Que tengas un buen día.Besos.
JT.-

Piedad dijo...

J T, creo que todos hemos tenido un motivo u otro por el que luchar... y es que en aquella época era tan distinta la vida a la de hoy... los jóvenes de ahora lo tienen todo más fácil aunque siempre hay cosas para no estar satisfechos. Pero aunque ya soy mayor, estoy contenta de poder hacer lo que me gusta y es que dice el refrán que más vale tarde que nunca, así que aquí me encontrarás siempre que desees pasar por este espacio, intentando siempre mejorar y aprender cosas nuevas.
Saludos...

Blanca dijo...

Piedad, eres una artista con los palíndromos y con las palabras en general!
Un abrazo