lunes, 12 de abril de 2010

REFLEXIÓN.

Érase una vez un planeta llamado tierra, habitado por millones y millones de seres humanos, los cuales trabajaban duramente utilizando la fuerza de su cuerpo como si fueran máquinas. Para ir de un pueblo a otro siempre lo hacían a pie, en asno, mulos, o caballos aquellos que eran más pudientes y disponían de alguno. Pero el viaje se hacía inacabable, se tardaba mucho tiempo y llegaban agotados con los pies reventados de tanto andar. Después hacían el viaje en carruaje tirado por bestias, pero aunque ya no iban andando, también se hacía pesado ya que se necesitaba casi el mismo tiempo que cuando se iba a pie. Pero dios le dio el poder y la sabiduría para inventar el vehículo de combustible y el tren de carbón. ¡Aquello era una maravilla! Viajar era rápido y descansado, ya no se necesitaban las bestias como medio de trasporte al no ser que no se tuviera dinero para pagar el billete. Pero claro, los humanos aún querían ir más deprisa y a demás, el tren de carbón ensuciaba mucho, por lo que inventaron vehículos más rápidos y cambiaron los trenes de carbón por los de combustible que corrían más y eran más limpios. Y aunque se dice que el volar es para los pájaros, los humanos también quisieron volar, y volaron por encima de las nubes al inventar el avión. Pero todavía quisieron ir más rápido y volar por tierra haciendo competencia a los aviones, e inventaron el tren de alta velocidad para evitar subirse a las nubes aquellos que preferían tener siempre los pies en la tierra. Y así fueron cambiando los excrementos de las bestias de los caminos y calles, por el humo de los motores de los numerosos vehículos que cada vez iba en aumento.
Si los hombres trabajaban duro, las mujeres no se quedaban a tras, ya que su trabajo también lo era, a demás de sacrificar su vida para los suyos bajo las órdenes autoritarias de un marido machista. Lavar de rodillas en el río frotando con las manos, la ropa sucia de una semana o dos... o en un lavadero público era un trabajo penoso y poco considerado. Entonces la mujer pensaba: ¡Ay Señor, si yo pudiera lavar en casa...! Y a partir de ahí, las mujeres tuvieron su propio lavadero en su propia casa con agua potable siguiéndole después también agua caliente. Pero aunque ya no tenían que salir al frío ni al calor, seguía siendo incómodo lavar a mano porque aún así, era una pérdida de tiempo necesaria para otras cosas. Entonces Dios iluminó la bombilla de la inteligencia del hombre e inventó la lavadora, el lavavajillas y tantas y tantas cosas más de las que hoy se disfrutan. Y así, la mujer pudo ponerse al nivel del hombre en trabajos de responsabilidad superando en la mayoría de los casos las horas trabajadas por encima del hombre, ya que a demás de la casa también aportaban su jornal para ayudar al marido a pagar todas las comodidades de las que disponían.
También se pensó en el medio de comunicación. Comunicarte por carta con un familiar o un amigo, en aquellos tiempos se podía tardar una semana o más dependiendo del lugar donde se encontrara, pero por suerte llegó el teléfono cambiando las semanas por segundos. Un buen invento claro está, pero si no estás en casa cuando llaman no te encontrarán... Entonces inventaron el móvil para mayor comodidad y mayor rapidez.
Se cambió la cocina de carbón por la de gas y después por la eléctrica. La estufa de leña por calefacción de gas. El abanico por el aire acondicionado. ¡Y si todo esto era poco, llegó Internet con el que te puedes mover y llegar a cualquier rincón del mundo! Y es que Dios dio el poder y la inteligencia al ser humano para que nos llenara de comodidades, pero quisimos que nuestros quehaceres fueran tan rápidos, que a veces sería necesario parar el reloj del tiempo, ya que éste va tan rápido que antes de darte cuenta has llegado al final del camino...

El hombre logró con su inteligencia cubrir de comodidades a los habitantes del planeta, pero a pesar de todo, tampoco eran felices porque existía la preocupación, el sufrimiento, el dolor y la enfermedad, cosa que el hombre todavía no dominaba. Entonces rogaban a Dios con la esperanza de que atendiera sus ruegos:
“Señor, padre todo poderoso, haz que desaparezca la enfermedad y el sufrimiento, que los días de nuestra vida, los vivamos sanos y sin preocupaciones algunas”.
A lo que Dios contestó: “Hijos míos. Si no existiera la enfermedad, el sufrimiento y el dolor tampoco seríais felices y querríais más y más... Si no existiera el sufrimiento y la enfermedad, no sabríais apreciar lo que tenéis. Si no hay mal, no se valora el bien. Para ser felices solo se necesita conformidad, mirar hacia atrás, y valorar aquello que se posee. Pensad que el sufrimiento por amargo que éste sea, siempre tiene una parte positiva lo suficientemente importante para recibir de ella la conformidad, aunque no todos la sabéis hallar. Tened fe y confianza en mí y aprender a vivir con lo que os ha tocado vivir, y encontraréis la paz para apaciguar el sufrimiento”.
Y de esta manera, los humanos nos tuvimos que resignar y vivir con lo que el destino nos había asignado a cada uno de nosotros.

17 comentarios:

Piedad dijo...

Gracias a todas y todos los que por aquí pasáis, los que comentáis y los que pasan en silencio sin dejar su huella.
Como ya sabéis, soy invidente y eso también tiene su parte positiva y os voy a decir una de las muchas que tiene y es que por mucho que lea no se me cansa la vista jajaja.
Busca tú también lo positivo de tu sufrimiento y me lo cuentas.

Y aquí os dejo abrazos a tontas y ciegas como se suele decir, es decir, para aquellos que lo sepáis encontrar...

Besitos.

Beatriz dijo...

Me encantó tu reflexión Piedad. A cada situación habría que sacarle lo positivo que tiene, como haces tú. Si cada uno aceptara la realidad que nos toca vivir seríamos más felices. Y nos conformaríamos con lo que Dios nos dio. Estos temas son para reflexionar mucho. Te mando un beso y que tengas una buena semana.

Sílice dijo...

Querida Piedad, soy una persona que se siente privilegiada de haber nacido en esta época. De todos los inventos el que más agradezco es la lavadora de ropa porque nos libró de una tarea verdaderamente pesada. Y lo mejor de todo es que libró a mi madre de esta sacrificada labor aunque ella siempre pensó que la ropa blanca NUNCA quedaba blanca en la lavadora. Recuerdo que en mi niñez el día del lavado de mi madre, comenzaba el día antes : Hechar a remojar la ropa en la batea. El mismo día era refregar con escobilla sábanas, pantalones, manteles, camisas, calcetines, etc. Hervir las sábanas , toallas y ropa interior blanca. Hechar en cloro. Enjuagar. Estrujar. ¡Oooooh Dios, cuánto trabajo! Y en la noche no se podía quedar dormida de fatiga y cuando conciliaba el sueño, saltaba en la cama con un dormir intranquilo lleno de pesadillas. Solo con el tiempo llegué a darme cuenta de lo que era "ése día" para mi madre.

c dijo...

Muy bien tu reflexión.Es cierto a Dios gracias todo ha ido avanzando excepto la salud .Es cierto que nos tenemos que conformar con lo malo que a veces nos toca ,pero bien cierto es que asi aprendemos a valorar las pequeñas cosas, detalles ,muestras de cariño y un sin fin de etc.etc.En ti Piedad he visto un claro ejemplo de superación en medio de tantas dificultades.Eres una brillante luz para mi.

conxita dijo...

Muy acertada tu reflexión y en la que dices verdades como catedrales.Es cierto afortunadamente para bien de la humanidad todo han sido avances, excepto la salud y sus raices donde nada es 100 x 100 curable y una lucha que para el que le toca sufrir se convierte en un calvario, pero que en medio de todo ello hay estos pequeños rayos de luz que iluminan nuestra mente para que vayamos dandole valor a todo y mas aun a esas pequeñas cosas a veces insignificantes. Tu Piedad eres un claro ejemplo de luz para mi yo dudo mucho de que en tu lugar hubiera echo lo mismo.Soy mas cobarde y carente de optimismo ante las más duras adversidades.

Kety dijo...

Buena reflexión.
Piedad, eso es el progreso, pero hay sentimientos que no cambian.

Un abrazo

DRIADA dijo...

Pues yo ya he cazado uno de esos abrazos y me lo apreto fuerte fuerte.
Y afortunadaemente con lo que nos cuentas hoy sabemos y disfrutamos de bienestares gracias a los avances humanos , otra cosas es que no lo tenemos todo , la imperfección existe y hay que aguantarse, o resignarse para los que creen en ese ser superior.
¿¿¿¿¿ Que que hago pa coméeeeee ?????
jejejejeje
Un abrazo a ver si tu lo cazas también

Piedad dijo...

¡Cómo es esa canción que dice:? Gracias a la vida... ¡ahora no me acuerdo de la letra! Pero lo que quiero decir es Gracias a este medio de comunicación, que os ha traído a mi espacio.

Beatriz, que aunque visito tu blog no te puedo comentar por el estas cosas que tiene el sistema que yo utilizo.
Sílice, me alegro de volverte a encontrar por mi espacio después de tanto tiempo. Yo también recuerdo cuando mi madre lavaba la ropa sucia del campo, que era mucho peor que la que se lava hoy en día, que después de tenerla en remojo como tú bien dices, ella la frotaba con las manos sobre una piedra o una loza de madera y de rodillas en la acequia. después la estendía en el suelo sobre la superficie de piedras o hierba pero limpia de tierra y cuando se secaba la volvía a remojar rociándole agua de un cubo con las manos, y así hasta quedarse blanca como la nieve porque el sol se comía todas las manchas. Luego la aclaraba otra vez y ya estaba apunto para secar y planchar. ¡qué diferente todo aquello a lo que hay ahora, claro que si no fuera por todos estos adelantos, las mujeres no podrían trabajar todo lo que trabajan.
Anónimo C, ¿No serás Conchita... Conchita, no sé por qué, pienso que eres tú anónimo jajaja.
Keti, Un beso.
Driad, que que comeee.... mejor me callo, que luego lo tomas en serio jajajajaja.
Más abrazos.

Sabela dijo...

Piedad entro con la cabeza baja y te pido perdón por mi silencio, te doy gracias por tu interés y te agradezco de todo corazón tu gran amistad.
Abrazos.

Anónimo dijo...

Tita! Enhorabuena por el blog! Yo soy una de esas que de vez en cuando pasan sin dejar mensaje, pero hoy que tengo un poquitin de tiempo voy a dejar mi huella por aquí.

Ánimos y muchos besos!


Laura

Piedad dijo...

Sabela, me alegro verte por aquí ¡Pues te encontraba en falta! Deseo que todo marche bien. Un abrazo.
Gracias Laura, ¡Guapa! Otro besito para ti.

Conchi dijo...

Ay, Piedad, cuando una está bajita de ánimo debe de venir a tu rincón pues aquí estás tú, con tanta generosidad (dando abrazos a tontas y a locas, se dice aquí)que hasta nos haces sonreír.
Hiciste una reflexión exacta sobre el progreso. Todo ha pasado así y aún habrá más inventos, pero... el dolor, las enfermedades, eso nadie podrá quitarlo de este mundo, forma parte de nuestra condición de humanos.
Yo también doy gracias hoy por tener internet en casa y haber podido encontraros a vosotras. Me acuerdo de ti todos los días.
Te mando un abrazo muy grande, amiga. Cuidate mucho y no dejes de escribir.
Conchi

rosa mis vivencias dijo...

PIEDAD : Tú reflexción es fantastica, pero para eso están las nuevas tecnologias, la vida de tú reflexción es el pasado, ahora estamos en pleno siglo XXI.
Por el bién de todos es estupendo las comodidedes que hoy disponemos, se que si miramos hacía a tras, somos unos prebiligiados, pero es así la realidad nos guste o no.Pero siempre es bueno recordar tiempos pasados y comparar y siempre dar gracias.Un saludo ROSA.

Mayte dijo...

Fantastica reflexión, todo tiene su lado positivo o negativo.......porque no buscar el positivo. Si lo que te preocupa tiene solución ¿por que te preocupas? y si no la tiene ¿por que te preocupas?. Pues yo ya he encontrato tu abrazo y me lo llevo. Besinos

Conchi dijo...

Hola, Piedad. ¿Qué tal todo? Espero que bien, y que estés ocupada en tu próxima reflexión, cuento o lo que sea. Vendremos a leerte, sin duda.
Un abrazo, amiga.
Conchi

Sabela dijo...

Tu reflexión es para leer y volver a leer, lo difícil es encontrar lo positivo en el sufrimiento, pero tienes toda la razón, sólo es cuestión de mirar a nuestro lado y reflexionar. Muchísimas gracias Piedad por todo lo que me das.
Abrazos.

Patricia dijo...

Mi querida Piedad... cuántas verdades nos has regalado!
Claro que recibo tus abrazos, y te dejo los míos, por cierto!