lunes, 12 de enero de 2009

SIGO CON OTRO CUENTO.

¿DÓNDE ESTÁ LA RIQUEZA?


Fernando y Ricardo eran dos amigos de la infancia inseparables el uno del otro. Cuando se hicieron mayores y tuvieron edad de trabajar, cada uno de ellos salió de la aldea donde habitaban por caminos separados en busca de un trabajo digno que le proporcionara un próspero futuro.
Así fue, Fernando encontró esa prosperidad y al cabo de unos años su fortuna subió como la espuma y en poco tiempo era inmensamente rico. Se casó, tuvo hijos, los cuales vivían como verdaderos señores en una casa inmensa como él había soñado. Tenía chofer, jardinero y criada. Los negocios marchaban cada vez mejor, por lo que no tenía que preocuparse en absoluto del porvenir de sus hijos ni del suyo propio ya que nadaban en abundancia. El orgullo que sentía sabiéndose rico le complacía y creyó que su posición le daba derecho a tratar a la familia y a los empleados con gritos y órdenes, haciendo que su carácter cada vez fuera más áspero y odioso. Pues olvidó sus educados y bondadosos modales hasta llegar a ser insoportable. E igual que su fortuna fue subiendo, sus amistades fueron bajando hasta perderlas por completo, así como a su esposa e hijos y empleados de la casa, quedándose más solo que la una, sin más compañía que el orgullo de sus riquezas.

Un día tropezó casualmente con Ricardo cuando este viajó a su ciudad por asuntos del trabajo. Se miraron fijamente los dos y después de dudar unos instantes, Ricardo preguntó:
-Eres Fernando ¿Verdad?
-Y tú eres Ricardo. ¿Cómo estás amigo?
Los hombres estrecharon sus manos alegrándose de haberse encontrado después de 40 años. Y para celebrar su reencuentro, Fernando invitó a su amigo de la infancia a su casa y así tendría la ocasión de hablar de su vida, de lo bien que le había ido en sus negocios al mismo tiempo que podría lucir su mansión.
Ricardo aceptó de buen grado ya que se alegró mucho encontrarse de nuevo con él al cabo de tantos años.

Fernando sacó dos cervezas del frigorífico ofreciéndole una a Ricardo al tiempo que le indicaba tomara asiento en el sofá en el lujoso salón principal. Y ansioso porque su amigo conociera su posición empezó a contar como le había ido en su vida.
-Ya ves amigo mío, a mí la vida me ha sonreído y me ha sido grata. Soy rico, muy rico, enormemente rico. Tengo propiedades, fincas, casas, pisos alquilados, locales comerciales y más dinero del que yo había soñado tener. Y total para mí solo, porque mi mujer me abandonó, mis hijos se olvidaron de que tienen padre, así que después de darle su parte a cada uno de ellos, a mí me queda mucho más de lo que yo pueda gastar por muchos años que viva.
-Pues mi fortuna es inmensamente superior a la tuya. Contestó Ricardo que observaba a Fernando mientras éste le iba hablando de sus vienes gananciales.
-¿Sí? Preguntó Fernando sorprendido, ya que las ropas que vestía su amigo no eran de marca como las suyas-. ¿Tú también te dedicas a los negocios?
-No, no.
¿Tienes propiedades? Ya sé, te ha tocado la lotería y has invertido ¿Verdad?
Ricardo movió la cabeza negativamente.
-Mi familia y yo vivimos de mi sueldo. Trabajo de chofer de abastecimiento de una cadena de supermercados.
-¡Ah! Ya comprendo. Y entre viaje y viaje, traficas con drogas ¿No es así?
Ricardo se puso en pie con gesto disgustado y empezó a pasear por el salón al tiempo que exclamaba.
-¡Jamás traficaría con droga aunque me muriera de hambre y conmigo todos los míos!
Fernando dejó escapar una risita guasona.
-Amigo mío, veo que no has perdido el sentido del humor a lo largo de todos estos años, sigues igual que eras en ese sentido.
-Te equivocas, estoy hablando en serio.
-Pues no te entiendo nada.
En pie frente al ventanal, Ricardo percibía la frialdad que reinaba en la casa y la felicidad fingida de su amigo. Se giró y volvió a sentarse junto a Fernando y empezó a hablar.
-Sí amigo mío, te voy a decir cuál es mi fortuna. Estoy felizmente casado con una mujer maravillosa. Tengo dos hijos admirables que respetan a sus padres y probablemente pronto me hagan abuelo. Mi casa no es una mansión, sino un piso de noventa metros en el que reina la paz, armonía y amor. Cuando llego por la noche después de dar mi jornada y abro la puerta, siento aquel calorcito tibio que desprende el hogar cuando hay una familia a la que quieres por encima de todo, y ese olorcito de comida recién cocinada y a ropa recién planchada y al momento oigo una voz que me da las buenas noches con dulzura; eso es para mí la satisfacción más grande que un hombre puede tener.
Tengo amigos, muchos amigos de verdad que me aprecian por lo que soy y no por lo que tengo. Y por donde paso dejo las puertas abiertas, todo el que me conoce me quiere, y eso amigo mío, no se compra con dinero.

16 comentarios:

Adrisol dijo...

hola querida piedad!!!!!!

me encantó tu publicación!!!
que hermosa historia que nos sirve para reflexionar sobre los verdaderos valores de la vida......por supuesto que me quedo sin nada con tal de tener una linda familia y amigos para compartir........

gracias, reina por tu dulzura..
un abrazo enormeeeeeeee y buena semana

Adrisol dijo...

me olvidabaaaaaaaaaaaaaa

ya puze tu regalo en mi espacio...........gracias por tanto cariño!!!!!!!!!!

reser dijo...

Hola Piedad la historia es muy bonita. ¿De que sirve tener todo el dinero del mundo si estas solo?,
la felicidad esta en el amor de la familia y de la gente que te rodea, pero, por esto es tan importante cuidarlo, ser educado, leal, sincero,y sobre todo demostrar este amor.
Esto es lo más importante para mi. Un abrazo. reser

muxica dijo...

Querida Piedad: Tu relato es muy simbólico; cuenta la realidad de la sociedad actual que todo se valora por el “tener” olvidando valores y riqueza interior.
Redactas y das forma a una idea a la perfección, tendrías que dedicarte a escribir.
Besos guapa. Es un placer leerte.

AFRICA dijo...

Preciosa historia, además refleja la realidad. Que la felicidad no se encuentra en los bienes materiales y que no hay mejor bien y regalo que la familia y los amigos.

Un beso

DRIADA dijo...

Hola Piedad
Un cuento lo titulas tu , creo que es una realidad lo que tu relatas.
Todavia no hay muchas palabras pero si quiero dejarte mi afecto

entreluces dijo...

Hola Piedad!!, unos atesoran riquezas y otros atesoran afectos, pero todos buscan su felicidad aunque sea por caminos diferentes. Los que lo hacen de forma equivocada es porque no saben hacerlo de otra manera, pero la vida termina casi siempre enseñándote dónde te has equivocado, solo hay que estar atento y despierto para aprender.
Un fuerte abrazooo

victor Rocco dijo...

"Las letras que de mi hablan son tormenta fina que corta la noche"

noticias de mi salud

Conchi dijo...

Hola, Piedad. Paso a saludarte y a decirte que llevaba varios días sin visitarte y tú con un cuento nuevo, ayyy, perdónamee.
Ahora estoy supercansada y no me voy a parar a leerlo pues me gusta hacerlo despacito para saborearlo y me dormiría, jeje. Mañana vuelvo.
Te mando un fuerte abrazo. Que tengas un feliz fin de semana.
Conchi

Adrisol dijo...

hola querida piedad!!!!!!

ando paseando por las casas de mis amigos......no puedo dormir la siesta..hace casi 40º de calor y si no tienes aire acondicionado, aquí vas mal, asíque como no tengo, transpiro y escribo!!!!!!!!!

un abrazo y un buen fin de semana para tí.........

Conral dijo...

Piedad, por fin pude leer tu cuento. Me ha gustado mucho porque de forma sencilla dices verdades muy grandes. Cuando escribimos debemos transmitir nuestros pensamientos y sentimientos y tú lo haces estupendamente.
El tesoro más grande que podemos tener es nuestra familia y amigos, sin duda.
Un abrazo.
Conchi

Kety dijo...

A veces leemos textos muy sofisticados, que no nos dicen nada. Sin embargo tú, con palabras sencillas nos dices mucho.
Enhorabuena por tu cuento.

Un fuerte abrazo

Sabela dijo...

Tu cuento es, con frecuencia, demasiado real en los tiempos que vivimos, de todas formas gracias por recordarnos las prioridades de la vida y por proporcionarnos una entrada preciosa.
Abrazos.

Piedad dijo...

Contestación para todas.
Os agradezco vuestros comentarios, ya que para mí, ello significa una muestra de confianza y amistad a pesar de la falta de imágenes para complementar los textos más bien pobres de palabras, diría yo, a mi parecer, ya que no expreso lo que siento tal como yo quisiera. Pero vosotro/as lo comprendéis y me dáis ánimos para que siga adelante.

¡Muchas gracias!

Peque dijo...

Hola Piedad, hacia tiempo que no podia sumergirme en el mundo de los blogs, hoy que por fin he sacado ese tiempo, no puedo dejar de decirte que me encantó tu cuento, es como la vida misma, comparto plenamente aquello que quieres transmitir, yo no cambio a mi familia y amigos por anda en el mundo, para mi no hay nada peor que la soledad y mas por el orgullo y la soberbia. Gracias por este relato, disfrute mucho. Besos, te deje una cosa en mi blog, cuando puedas pasa a recogerlo.

victor Rocco dijo...

He vuelto a sembrar líneas que germinaran en los sentidos de quien las lean …bueno eso espero jajaja visítame, grandes saludos para ti.