domingo, 7 de diciembre de 2008

OTRO CUENTO.

DON SACO EL PREGONERO EN EL POBLADO DE LOS INRESPONSABLES


Corren rumores, de que un extraño personaje visita las calles, plazas y parques de la ciudad, pregonando no sé qué, que según él lleva en un grandísimo saco aparentemente vacío, que le cuelga de los hombros, cubriéndole toda la espalda hasta llegar al suelo, por el que arrastra gran parte del mismo.
Cada vez es mayor el número de personas que atraídas por la curiosidad de saber qué es lo que pregona, acuden a su encuentro.
El pregonero seguía lanzando sus pregones sin cesar.
-Señoras y señores, niños y niñas, jóvenes y mayores venid todos, que ha llegado el pregonero. No compro ni vendo, solo pregono aquellos valores que ustedes perdieron y que yo guardo en este saco con mucho esmero, y de ustedes espero que tengan la valentía de reconocerlo.
La gente lo observa sin saber todavía bien qué es lo que lleva en el saco y murmuran entre sí.
“es un chiflado, está loco perdido, ¿de donde se habrá escapado?”. “¡anda hombre vete por ahí con ese cuento, será posible!”. Pero un muchacho atrevido y descarado se acerca a él con guasa y le pregunta algo burlón.
-¿Y se puede saber qué valores son esos, que con tanto valor guardas en ese saco vacío? Jajajajaja, ¿Y el cencerro dónde lo guardas? Jajajajaja. ¿Por qué no te lo cuelgas donde te lo vean todos? Jajajajaja.
-Eso, ¿por qué no te lo cuelgas en el cuello que te identifiquen? –preguntaba otro guasón.
El pregonero no contestó a esas preguntas, pero sí, siguió hablando con voz grave y firme al tiempo que miraba a los ojos de sus visitantes, que parecían estatuas de piedra, pendientes a todo cuanto acontecía y lo que empezó siendo un pregón, acabó por ser un discurso.
-Sí señores, amigos míos, la mayoría de ustedes han perdido esos valores con los que se valoran al ser humano. Esos valores que hacen a la persona honrada, honesta, y formal. Esos valores que tanto valen y al mismo tiempo no valen nada usarlos y son: Vergüenza, educación, respeto, lealtad, sinceridad, honradez, fidelidad y tantos y tantos más….
Es cierto, que algunos de ustedes desconocen lo que es la responsabilidad y el valor de la palabra, ya que a menudo faltan a ella, olvidándose del compromiso que un día firmaron con el sello de la misma. Sello que el hombre debería valorar igual que se valora la firma sobre el papel, ya que pone en juego el valor de su persona. Muchas veces han incumplido el deber a sus servicios, dejando de acudir el día exacto como han prometido a esas personas que lo han solicitado, diciéndoles: la semana que viene, y cuando llega la semana que viene, dicen que a la otra, y así sucesivamente, hasta que esas personas que esperan y que son personas responsables de sus actos, formales y serias en su trabajo, pierden la paciencia y confianza, desvarolizando su personalidad.
También se sabe, que entre ustedes hay otras personas que aparentan ser perfectas y honradas, porque son cultas, con estudios superiores y ejemplares por el puesto que ocupa en sus trabajos, pero que en realidad, solo es una máscara para cubrirse de buenas apariencias, porque por dentro no son nada más que depredadores con uñas afiladas que recogen todo lo que encuentran a su paso y sin ser suyo y sin importarle quienes son sus víctimas, la mayoría de ellas son personas humildes que no tienen otra cosa que aquello que le arrebataron.
El pregonero seguía su discurso apuntando a todos aquellos que habían cometido faltas similares, como si hubiera estado presente. La gente no salían de su asombro, algunos asentían con la cabeza afirmativamente, otros negativamente mientras seguía hablando.
-Sí señores, en este poblado hay personas delincuentes y agresores callejeros que roban y destrozan lo que encuentra en la vía pública, mientras, otros atacan a los transeúntes que pasean sin maldad y con respeto hacia los demás.
El extraño personaje seguía con voz firme, mirando a todos los que le rodeaban formulando preguntas y más preguntas.
-¿Es que no saben ser honrados, formales, leales, educados?.... No, parece ser que estos valores, a ustedes les importan poco, como poco les importa respetar al prójimo y no olviden que respetar al prójimo, es respetarse a sí mismo.
Al llegar a este punto, los espectadores soltaron una lluvia de insultos sobre el pregonero.
“Vete de aquí hijo de tu madre.”. “anda y que te encierren chiflado”. “Vete al diablo loco mentiroso”. “Fuera fuera, fuera, fuera –gritaba un grupito de jóvenes que se abalanzó sobre él, entre los que iban los dos atrevidos que anteriormente se habían burlado sin respeto. Uno de ellos le daba patadas al saco haciéndolo subir por los aires una y otra vez como si jugara con una pelota, hasta que una vez de ellas al darle la patada, el saco se enredó en sus pies convirtiendo éste en un saco viejo, sucio y asqueroso que quedó tendido en la acera, por donde pasaban la gente pisando sobre él, limpiándose los pies y dándole patadas de un lado para otro.
Otro de los chicos se convirtió en un anciano tullido, que apenas podía moverse y dar paso.
Otro se les cayeron los dientes y la lengua se le paralizó y casi no se le entendía lo que hablaba.
El otro se le paralizaron las manos y todo aquello que con ellas se había apoderado sin ser suyo, le voló sin poder sujetarlo.
El pregonero desapareció como por arte de magia y el público se fue cada uno por su lado. Allí quedaron los jóvenes castigados por los errores cometidos, convertidos en mayores y discapacitados, lamentándose de su desgracia sin admitir su culpa.
El viejo saco lloraba sin consuelo.
-“¡ay de mí, yo que siempre fui un joven arrogante presumido, que me divertía vestir ropas de calidad, ahora me veo tirado por el suelo y mi cuerpo sirve de alfombra para los que en ella quieren limpiarse los pies!”.
El anciano tullido también lamentaba su desgracia.
-“Ay señor, que desgracia la mía, yo que fui un joven divertido que bailaba, jugaba al fútbol y corría la maratón divirtiéndome con todo ello, ahora me veo discapacitado para todo sin remedio!”.
El desdentado lanzaba sus exclamaciones en forma de quejido ya que no podía ni hablar.
-“¡Qué me ha pazado ceñol en ezta boquita mía, que palecía un luiceñol cantando y una cotorla hablando, y a las chicas las pilopeaba con gallardía! Ahora no pedo hacel nada de ezaz cozaz, ¿qué va acel de mí?”.
También se lamentaba el de las manos paralizadas, sin tener en cuenta todo el mal que había hecho a otras personas.
¡”qué desgraciado soy, yo que tanto tuve apenas sin trabajar, ahora lo he perdido todo y estas manos que tanto me ayudaron otras veces, ahora no me obedecen ni siquiera para comer!, ¿qué puedo hacer señor?”.
En sus caras se reflejaba el sufrimiento que les causaba el castigo recibido, y aquel orgullo de poderío y soberbia, les hizo un nudo en la garganta que tuvieron que tragar.

Pasó algún tiempo y los chicos seguían lamentando su desgracia, hasta que un día les llegó la noticia que en un lugar cercano al suyo había un sabio milagroso. Los desdichados dispusieron de ir a visitarle con la esperanza de hallar remedio para sus males que tanta pena les causaba. El sabio los recibió en su aposento y escuchó de sus labios la desgracia que les había llevado a su casa y la pregunta que con ansiedad les hacían, esperando que la respuesta les aliviara su angustia.
-¿qué podemos hacer, señor?
El sabio les contestó mirándoles a los ojos.
-reflexionar.
-¿reflexionar? –preguntaron todos a la vez.
-Sí, eso he dicho, reflexionar. Habéis perdido la vergüenza, la educación y el respeto a los demás, y tantas y tantas cosas más… en cambio habéis usado la violencia, la mentira, el engaño, el robo etcétera, fuerzas que nunca se han de utilizar, porque con ellas solo se alcanza maldad desvalorizando al ser humano. -El sabio se despidió diciéndoles -Lo siento, buenos días-. Y cerró la puerta desapareciendo tras ella.
Los jóvenes abandonaron la casa del sabio con mucha dificultad sobre todo el tullido y el saco que arrastraban por el suelo, uno los pies y el otro su cuerpo.
Llegaron a un parque próximo al lugar. Se sentaron en un banco y siguieron lamentándose de sus desdichas mientras contemplaban a la gente que por allí paseaban y a los niños que jugaban a la pelota y eso les entristecía aún más todavía, pues su corazón y su espíritu lo tenían joven en un cuerpo viejo que no respondía a sus deseos, en el que se sentían presos como si estuvieran entre rejas. Para ellos no había futuro y pensar en el presente era pensar en su desgracia, por eso quisieron huir de ella y refugiarse en el pasado no muy lejano, en el que se veían envueltos en egoísmo y maldad. O quizá no era maldad y egoísmo lo que le envolvía, sino la irresponsabilidad y la insensibilidad por la falta de sentimientos hacia los demás.
Dejaron ir su imaginación recordando todo aquello que ahora encontraban en falta y detuvieron la imagen de su memoria en aquello que según el pregonero fue su pecado, se pusieron en el lugar de aquellas personas agredidas físicas o síquicamente y sin saber porqué se ruborizaron de vergüenza, ¿he dicho vergüenza?, si ellos no saben lo que es vergüenza, educación y respeto. Pero sí, parece ser que se sienten avergonzados y arrepentidos de su culpa, por lo que reflexionan y quisieran dar marcha atrás para corregirse y conforme iban reflexionando, se iban trasformando en lo que eran antes. El saco se fue desapareciendo poco a poco al tiempo que se marcaba el cuerpo del joven arrogante y presumido. Mientras, el tullido movía sus pies como si quisieran bailar y su imagen era la de aquel joven juguetón de pelota.
El desdentado movía su lengua y los dientes se mostraban al reír de felicidad, al comprobar que volvía a ser aquel joven alegre como los ruiseñores.
Las manos paralizadas del otro joven también se movían y aplaudían felices al ver a sus compañeros recuperados del todo igual que él. Volvieron a ser jóvenes y alegres como antes, pero de comportamiento distinto, ya que conocieron y utilizaron los valores humanos.

Enero 2006.

11 comentarios:

Piedad dijo...

Hay muchas cosas en esta vida que no me entran en la cabeza y una de ellas es esta. ¡No comprendo cómo puede haber gente tan inresponsable a la hora de dar su palabra en cuestión de trabajo o otra cosa de importancia! Más de una vez me ha pasado que cuando he necesitado hacer algún arreglo en casa como puede ser poner un cristal en una ventana o algo parecido, me han dicho: la semana que viene sin falta no tendrá puesto,y de esa semana se pasa otra y otra, y así pasan los meses, hasta el punto que le tengo que decir: Si dieran premio a la informalidad, tú estarías en la lista de candidatos. Pues ese tema me llevó a escribir este cuento entre fantasías y algunas realidades vividas en mis propias carnes.

Adrisol dijo...

hola piedad!!!!

me sobrepasa la informalidad, me parece una falta de respeto hacia el otro. si digo que voy, voy, sino prefiero decir no..........
es una falta de responsabilidad!!!!
gracias por compartir este escrito y un abrazo grande........

Sabela dijo...

Piedad bonita historia que acabo de leer gracias a ti, veo que está datada, enero 2006 y ahora la sacaste de tú baúl de los recuerdos, seguro que tienes muchas más, por lo que espero les des luz verde y nos las hagas llegar.
Abrazos.

muxica dijo...

Oye pues... Los catalanes aun van siendo formales a la hora de currar.
Cuando viví en Barcelona, me asombraba su puntualidad y formalidad de horarios.
Me ha gustado tu cuento, eso que leí muy encima, es muy tarde, pero por la mañana lo veré con calma.
Biquiños

DRIADA dijo...

Hola Piedad , no ando muy ispirada pero te dejo un abrazo

Piedad dijo...

Adrisol, estoy de acuerdo contigo, la palabra es la palabra y esta debe estar por encima de todo.

Sabela, tienes razón, este cuento lo escribí cuando aprendí el método Braille y ahora lo he pasado al ordenador, y sí, tengo algunos más.

Muxica, es verdad que los catalanes son muy cumplidores en su trabajo, pero en Cataluña hay mucha gente de otros lugares, e igual que en otros sitios hay de todo, y los que tienen un negocio, quieren acudir a todo y aveces no les da tiempo, pero yo prefiero que digan: no puedo venir, a que diga: la semana que viene y de ahí nos pasamos a otra y otra. En todas partes hay delincuencia callejera y estafadores, eso ya se ve en la tele.

Driada espero que vuelvas con más ánimos, o más tiempo que seguro que es lo que te falta.

A todas: gracias por vuestra visita.

Un beso.

isabel dijo...

Bueno, pues parece ser que aprendieron la lección, y con ello, ecuperaron sus vidas. Seguro que en adelante serían ya respetuosos y honrados. Un beso

Yeli dijo...

Sin duda un cuento que nos obliga a reflexionar sobre la pérdida de los valores y la falta de sensibilidad...
Un abrazo
Yeli

Conchi dijo...

Piedad, hacía días que no te visitaba y veo que tienes un cuento. Me disculpo porque ahora no puedo pararme a leerlo, pero prometo hacerlo (no te digo día por no parecerme a los operarios, jeje).
Te dejo mi abrazo cariñoso.
Conchi

Kety dijo...

Piedad, casi todos los cuentos e historias estan basados en hechos reales. Has hecho muy bien en contarlo. Al menos para reflexionar.

Un abrazo.

Conral dijo...

Hola, Piedad. Volví a leer tu cuento, ya tuve tiempo!, jeje.
Me ha encantado no sólo por lo que transmites sino por la forma tan sencilla y simpática que tienes de hacerlo. Escribir el párrafo del desdentado es hacer que nos metamos más en el cuento.
Aunque lo escribiste hace dos años es tan actual... esa es la magia que tienen los buenos escritores, que sus obras no tienen fecha de caducidad.
Te agradezco que te decidieras a publicarlo, así podemos disfrutar contigo de este cuento lleno de verdades.
Te mando un fuerte abrazo y te deseo lo mejor.
Conchi