domingo, 25 de enero de 2026

LA ROCA ENCANTADA

EL DORMILÓN

 

De pronto se vio en un monte que no era el suyo. Dio unos pasos a su alrededor mirándolo todo asombrado por lo que veía, pues no conocía nada.

Estaba encima de una colina de donde se divisaba todos los alrededores. Como podía ser que hubiera andado tanto, si apenas había salido de él. No había árboles ni leña para llevar a su casa y el camino que lo llevaría a su pueblo tampoco estaba. En su lugar había una carretera con mucho tráfico. Comenzó a buscar el burro y tampoco lo encontraba, por lo que se puso muy nervioso sin saber que le había pasado.

Miraba a su alrededor y no encontraba nada conocido, nada orientativo que pudiera llevarle a su pueblo. No podía haber andado tanto, además, por aquellos alrededores él se los conocía todos. Se sentó en un puntal de donde se veía todo con más claridad y a veces veía algo que quería conocerlo, pero de pronto pensaba que no podía ser, porque al lado había casas y carreteras.

Llegó a pensar que se había vuelto loco, que había perdido la razón. Pero luego pensaba de nuevo, "estoy bien, no me pasa nada, pero ¿entonces que es todo esto?

Echó a caminar por la orilla de la carretera sin rumbo dirección a ninguna parte, hasta llegar al pueblo. Observó a dos hombres que iban delante de él y en la conversación que mantenían conforme andaban. Él los seguía, pues como iba sin rumbo fijo le daba igual ir para un lado que para otro.

-Parece que va a cambiar el tiempo. A lo mejor llueve, porque a mí me duelen las rodillas, y cuando a mí me duele algo es porque va a llover.

-Dios te oiga, porque hace tiempo que tenía que haber llovido.

-Yo me acuerdo, que en el tiempo que estamos, hace años, hacía un frío que pelaba y ahora tenemos unas temperaturas de verano. Todavía no he puesto el aire acondicionado para el frío.

-Toma, ni yo he encendido la calefacción, pues con el precio que tiene el gas…

-Sí, todo lo han subido tanto, que no sé a dónde vamos a llegar.

-Bueno, Luis, yo me voy por aquí, que tengo que comprar unas cosas que me hacen farta.

-Adiós, Raúl, hasta mañana.

Me parece que estoy en otro país con cosas que no he visto en mi vida. ¿Qué será el aire acondicionado? Será para calentarse como la calefacción, aunque nunca lo había oído antes.

Avenidas, calles anchas, coches, muchos coches diferentes a los que él había dejado y ningunas bestias con leña y aperos de trabajo. En cambio, la gente andaba por la calle con unos aparatos en las manos, que lo mismo hablaban con él, que escuchaban música o miraban no sé qué. Eran tantas cosas las que veía, que ya no sabía lo que le pasaba.

Hasta que llegó al casco antiguo y entonces conoció la Iglesia de san Juan y algunas casas y algunas calles. Buscó la suya y la encontró trasformada en un restaurante. Se fijó en la puerta de entrada y era totalmente diferente a la que él había dejado. Anteriormente era de madera con un llamador con la forma de una mano. La puerta tenía unos barrotes y entre barrote y barrote tenía un cristal opaco.  Ignoraba del material que estaba hecha. La miraba fijamente con los ojos muy abiertos, cuando salió una joven, que al verlo preparado para entrar le preguntó.

-¿Que desea?

-Nada, yo vivo aquí.

-Se ha equivocado, señor, la que vive aquí soy yo -la mujer cerró la puerta y se fue de prisa.

Sin duda era su casa, pero ¿qué le había pasado? Estaba desorientado, y ya no pudo más. Cayó al suelo desmayado. Las personas que entraban al restaurante lo vieron caer y acudieron en su ayuda.

Era un hombre joven… parecía joven, pero llevaba unas ropas antiguas, que le hacían verse mayor.

-¿Que le ha pasado, señor? ¿se ha mareado?

El hombre no contestó a las preguntas que le hacían y se echó a llorar como un niño. La gente se amontonó a su alrededor, esperando oír su procedencia, que entre sollozos decía.

-¿Que han hecho con mi casa, que han hecho con mi casa, Dios mío de mi alma? ¿Qué me ha pasado? ¿Alguno de ustedes me pueden decir Dónde está mi familia?

-Yo no sé quién es su familia -le decían los que allí se habían acercado, y poco a poco se iban retirando, cada cual a sus quehaceres. Al final, solo se quedó un joven, que le daba ánimo para que se levantara del suelo, donde había caído.

-Póngase de pie y venga a mi casa, que hablaremos.

-Yo salí ayer de mi casa… como pueden haber desaparecido mi mujer y mis hijos y trasformar mi casa y las cuadras en un restaurante o lo que sea, porque no entiendo nada -decía el hombre con lágrimas en los ojos.

-No se preocupe, señor, que todo lo averiguaremos, aunque nos lleve algún tiempo. ¿Cómo se llama usted?

-Perdone. Me llamo Francisco.

-Francisco, ¡qué más?

-Francisco Fernández Sepúlveda.

-Fernández, como yo. Yo me llamo Daniel Fernández García.

-¿Usted también se llama igual que yo?

-Eso parece. A lo mejor somos familia y todo -los dos hombres rieron y francisco parecía más aliviado.

-Mi hijo también se llama Daniel.

-Lo bueno abunda -volvieron a reír los dos-. Ya hemos llegado. Pase, por favor.

Daniel le hizo pasar a una salita y llamó a su padre mientras él hablaba con su primo, médico neurólogo, para contarle lo que había pasado.

-Me ha dicho mi hijo, que busca a su familia y no la encuentra.

-Así es. Salí ayer mañana a primera hora y   cuando he venido hoy han desaparecido y mi casa se ha convertido en una casa de comidas, que le llaman "restaurante" o qué sé yo.

El padre de Daniel lo observaba cuidadosamente, sin encontrar en él nada extraño, sino las ropas que llevaba puestas que parecían del siglo pasado. Sin embargo, tenía algo que le recordaba a su padre, ya fallecido.

-¿Y dice usted que salió ayer y que los dejó en su casa?

-Así es.

-Como se llama su mujer, sus hijos, algo que nos pueda ayudar para localizarlos.

El padre de Daniel quería decirle, que aquella casa que él decía que era suya, pertenecía a su familia desde hace muchos, muchos años, pero tuvo miedo a su reacción y prefirió esperar.

-Mi mujer se llama María y mis hijos se llaman, el mayor Paquito, la niña, que es la segunda, se llama Encarnita y el pequeño se llama Daniel, como su hijo.

El padre de Daniel palideció al oír a Francisco decir los nombres de su familia en el mismo momento que entró su hijo acompañado con su primo, el médico.

-¿Te encuentras mal, papá? Has cambiado de color.

-No, no me pasa nada, solo que me he preocupado al saber de este señor…

Los dos hombres se sentaron y siguieron la conversación. El padre de Daniel le preguntó a Francisco.

-Y dice usted que salió ayer de su casa. ¿Qué día era ayer?

-Veintiocho de octubre de 1925 -se apresuró a decir, para demostrar que no estaba mal de la cabeza- y hoy es veintinueve de octubre.

-Sí señor, hoy es veintinueve de octubre, pero un siglo más adelante, o sea, 2025.

-Me quieren tomar el pelo con el día de los santos Inocentes, pero para ese día faltan dos meses menos un día.

-No, le decimos la verdad -le dijo el médico-. ¿Sabe usted leer?

-Muy poco. Firmar y poco más.

Daniel le acercó un calendario. Francisco lo cogió en sus manos y leyó el año. Entonces se puso a llorar de nuevo.

 

-Mi mujer y mis hijos estarán muertos.

-Así es -le contestó el padre de Daniel-. Mi padre se llamaba Daniel, como su hijo pequeño, que por cierto le parece mucho a él. Sus padres se llamaban Francisco y María, y tenía dos hermanos, mejor dicho, un hermano que se llamaba Paco y una hermana que se llamaba Encarnación, madre del doctor aquí presente y yo que me llamo Francisco, como mi abuelo.

-El restaurante se llama "El leñador" y lo lleva un nieto de Paco Fernández

-Yo era leñador y salía a buscar leña para venderla. Ese día hacía mucho frío. Ya tenía la leña preparada para cargar en el burro y de pronto vi algo que me llamó la atención. Me acerqué un poco más para ver lo que parecía un trono.  Cuando estuve cerca vi que eran unas piedras bien formadas, que vistas de entre los árboles, parecía un sillón. Estaba de cara al sol y me vino ganas de fumarme un cigarro. Me senté un momento mientras me lo liaba y me encontraba tan a gusto, que hasta se me quitó el frío. Parece ser que me dormí un poco y cuando desperté… -Francisco se echó a llorar- cuando desperté ayer me encuentro que no tengo nada, ni familia, ni casa donde vivir, ni dinero para pagarme una habitación y un plato de comida.

-No llore, por favor. Me imagino lo duro que debe ser para usted encontrarse tan de repente así, sin nada… sin su mujer ni sus hijos. Para usted es como si los hubiera perdido ayer y, ahora tiene que pasar el duelo, pero me tiene a mí, que soy su nieto. Mi casa es su casa y mi familia es la suya. Yo le pondré al corriente de todo y usted nos contará como ha pasado un siglo en esa roca encantada.

 

Piedad Martos Lorente

 

miércoles, 31 de diciembre de 2025

Me despido del año 25 y le doy la bienvenida al 26

2025-2026

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Hoy despido el año 2025 con una palabra de gratitud.

"GRACIAS." Gracias por todo lo que tengo pues me basta con poder salir a la calle (siempre acompañada) y tener paz, salud, mi familia, mis amigos y la amistad de ustedes. ¿Qué más puedo pedir? Nada. Solo pedirle al 2026 que me conserve lo que tengo hoy.

Y deseo paz y salud para todos ustedes y que la amistad se conserve de igual manera. Y lo mismo pido para el resto del mundo, que se acaben las guerras y puedan vivir en paz.

¡Feliz año nuevo!

 

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LA INCONFORMIDAD

 

La inconformidad, se halló exponiendo sus quejas ante el sordo, el ciego, el inválido, el manco y el demente. Habló con la boca de un sordo, que estaba sentado en un sillón con una radio en las manos.

-Si en lugar de ser sordo fuera ciego, podría escuchar la radio, las conversaciones de mis amigos y hasta podría bailar al con par de la música, porque para ello no se necesita ver.

Después se fue al cojo que estaba sentado en una silla de ruedas y de igual manera exclamó.

-Si en vez de ser cojo fuera manco, podría andar, correr, chutar una pelota… Y hasta podría ir al campo porque para ello no se necesitan las manos.

Acto seguido habló con la voz del manco, que estaba sentado a la mesa frente a un plato de comida, esperando que alguien le ayudara para comer.

-Si en lugar de ser manco, yo fuera sordo, podría vestirme, asearme, comer y coger todo lo que necesitara, porque para ello, el oído no es necesario.

Después pasó al ciego que se ayudaba con un bastón e igual que en los anteriores, expuso su pesar.

-Si yo fuera cojo en lugar de ciego, sentado en la silla frente a la ventana, podría contemplar el paisaje al otro lado de la misma. La puesta de sol, el amanecer en el horizonte, el cielo azul o con nubes, los pajarillos volando de árbol en árbol, las flores en los jardines, la gente paseando o con prisas, el tráfico de la calle cuyos motores contaminan la atmósfera, etcétera. Porque para ver todo eso no se necesitan las piernas.

Así fue pasando de uno a otro hasta llegar al demente y, cuál fue su sorpresa al quedarse muda frente a él ya que sus labios no hicieron ningún gesto para exponer su queja. La mirada ausente, perdida, sin expresión Y sus palabras incoherentes avergonzaron a la inconformidad, que calló de inmediato cerrando la boca de los demás.

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Piedad Martos Lorente

lunes, 8 de diciembre de 2025

NAVIDAD 2025

 

Apreciables amigos todos, efectivamente. La protagonista de "La voz del destino" soy yo y aquí os mando el premio. Tomadlo como lo que es, (una broma)

*

El premio que os prometí

es algo que yo puedo hacer,

aquí os mando estos versos

envueltos en este papel.

Y un abrazo muy grande

lleno de paz y amor,

recibirlo con cariño

que yo lo mando de corazón.

*

Os deseo felices fiestas de Navidad llenas de paz, amor y bienestar. Que la salud no os abandone, ahora y siempre.

*

BUSCANDO LA NAVIDAD

*

Hojas caídas

árboles desnudos,

son las imágenes

de un invierno crudo.

Abetos verdes

y nieve en las montañas,

el manto blanco se extiende

hasta llegar a sus ramas.

Y caído sobre ellas

como el que se pone una capa,

se ven bonitos y llamativos

como la mejor estampa.

Que busca la navidad

para obsequiar a los seres queridos,

deseándoles salud y paz

y que en todo sean enriquecidos.

Que la felicidad le acompañen

todos los días de sus vidas,

que no hallan armas ni puñales

y la paz esté escrita.

Que las manos del hombre

respete la naturaleza,

y la vea linda y hermosa

con toda su grandeza.

Porque en cualquier época del año

la pueden admirar,

con la belleza por delante

para poderle cantar.

En invierno nieve y árboles desnudos,

en primavera se visten de verde y flores,

en verano se buscan las aguas

y en otoño las hojas de colores.

Me gusta la naturaleza

en invierno y verano,

en otoño y en primavera

todas las épocas del año.

*

Piedad Martos Lorente

lunes, 10 de noviembre de 2025

LA VOZ DEL DESTINO

Quiero darle las gracias a Juan Ramón Santana Vázquez, Daniela Silva, Rajani Rehana, por sus visitas en mi blog y decirles que no he podido entrar en el suyo. Pues como ya saben, se trabaja diferente, aunque el ordenador es lo mismo que cualquier otro. Así, que si les ha gustado la puerta está abierta para todo el mundo, que quiera venir y yo les quedo muy agradecida. Igualmente, dejo un ramillete de besos y abrazos para todos y todas, con un lazo de amistad y un letrero que dice: aquí estaré siempre mientras las circunstancias me lo permitan.

Y ahora disfruten leyendo.

Ha, si adivinan a quien va dirigido el relato se han ganado un premio, que consiste… ¡En la próxima entrada os lo digo, jajaja!

*

LA VOZ DEL DESTINO.

 

Un día, el destino, fiel a su deber de no dejar a nadie sin visitar, pasó lista a los seres que habían sido concebidos, para colgarles la etiqueta que tendrían que llevar durante su andadura por la vida. Se paró a conversar con uno de ellos que ya se preparaba para iniciar su llegada.

 

-Eh, tú, despierta. Pronto llegarás a la vida.

-¿a la vida? ¿Qué es eso?

- La vida es… Bueno, eso lo sabrás cuando llegues a ella. Nacerás y serás un ser más en la tierra. Serás niña, tendrás el cabello castaño oscuro, ojos grandes y tez fina y tierna. Serás muy querida por todos aquellos que te rodeen  y, tú, debes ser dulce, alegre y obediente en todo. Crecerás entre la naturaleza y serás una criatura sana.

-¿Qué es la naturaleza?

-La naturaleza es algo muy hermoso que tienes que saber respetar y cuidarla igual que  te cuidarán a ti. Con mucho amor, porque ella nos da la vida.

-Pero si no me explicas como es, yo no la conoceré.

-Sí, porque vivirás con ella. Vivirás en el campo entre plantas, árboles, cereales, flores, mariposas, pájaros, todo ello muy bonito. Tendrás dos piernas fuertes para correr y jugar, dos brazos para abrazar, dos manos para coger flores y dos ojos para ver los colores, los astros del cielo en la oscuridad de la noche  y la belleza que te rodee hasta el horizonte. No tendrás juguetes pero serás una niña muy feliz. Y cuando hayas conocido todo lo que te he dicho, yo volveré otra vez a hablar contigo.

-Vale.

 

Así fue. A los nueve años de edad, la voz del destino se hizo escuchar y de nuevo conversó con ella.

 

-Veo que has cumplido todo lo que te dije… Dime, ¿qué te gustaría ser de mayor?

-Cuando sea mayor quiero ser peluquera. Me gusta mucho cortar el pelo… Bueno, también quiero ser modista porque cuando mi madre cose mi ropa, yo también coso y lo hago muy bien, de verdad. También lavo la  ropa cuando mi mamá lava y por eso, también voy a ser lavandera.

-Muchos oficios son esos… Pero me has demostrado que tú eres capaz de hacerlo todo. Te voy a poner a prueba. Tú vas a ser cuidadora y serás admirada por todo el mundo que te conozca, porque lo harás sin vista.

 

La niña no conocía las intenciones del destino, hasta que un día, algo llamó su atención. Era un objeto desconocido, que la niña cogió con sus manos después de verlo varias veces.

Allí estaba la clave. El destino había cumplido su objetivo después de anunciar su propósito, al explotar el objeto entre los dedos de la pequeña llevándose con él la luz de sus ojos.

Pero aquella niña, jamás se rindió ante la oscuridad que la envolvía. La esperanza siempre le acompañaba y estaba segura que un día, los médicos pondrían fin a su noche sin estrellas. Y entonces sería modista, peluquera o lavandera, porque eso era lo que deseaba. Coser vestidos para las muñecas que no tenía.

 

Como siempre, el destino volvió a intrometerse en su vida manifestándole sus deseos.

 

-Serás cuidadora porque ese es mi deseo y no quiero que hagas otra cosa más, sino cuidar a personas que dependerán de ti.

 

La niña creció, y el destino la llevó a una casa donde tendría el deber de cuidar a tres niños, dos niñas y un niño entre tres y cuatro años, porque los dos pequeños eran mellizos. En esa casa fue tratada con afecto y cariño, al que ella correspondió de igual modo.

 

Los niños crecieron y ella se casó con un hombre que la quería y admiraba al máximo. Entonces, solo cuidaba de su casa y de su familia, pero el destino, empeñado en acompañarla siguió tras ella.

 

-Veo que eres fuerte y pasas todas las pruebas que te pongo. Ahora te voy a poner otra un poco más difícil. Cuidarás a tu madre que quedará inválida en una silla de ruedas con otras complicaciones graves en su piel, por lo que tendrás que tener mucho cuidado al cogerla, para no darle ningún golpe que pueda acarrear otras consecuencias.

 

Veinticuatro años después, Cuando tenía sesenta y dos, el destino se impuso ante aquella mujer y sus deseos de disfrutar de la vida, empeñado en seguir poniéndola a prueba.

-Prueba superada. Tu madre ha llegado al final de su camino tal y como ella deseaba, acompañada siempre y cuidada por su hija preferida, sin ningún percance destacado.

Aunque ya te haces mayor, todavía estás fuerte y tienes fuerzas para seguir cuidando, así que ahora te va a tocar cuidar de tu marido. Su enfermedad degenerativa lo llevará por diversas etapas, pasando por la agresividad, la inmovilidad y la demencia, para quedar como un niño indefenso. Tendrás el consuelo de su amor, que a pesar de todo, te querrá siempre derrochando cariño y dulzura y sabrá quien eres.

Cuando termines esta prueba ya veremos si te pongo otra o no, pues todos dicen que ya tienes el cielo ganado… Aunque eso lo dispongo yo, que soy el destino,  y nadie más, no lo olvides nunca.

*

Piedad Martos Lorente.

miércoles, 15 de octubre de 2025

OTRO CUENTO

La fantasía no me falta, jajaja.

*

EL HIJO DEL VIGILANTE

**** 

Jesús era un niño de cuatro años de edad que vivía con sus padres, Juan y Mercedes. Le pusieron el nombre de Jesús porque nació el día de nochebuena y, como era tan bonito… ¡parecía un niño Jesús recién nacido! Sus padres estaban tan felices que daban gracias a Dios por el regalo tan grande que habían recibido. El nacimiento de su hijo… El tesoro de su vida. Era sangre de su sangre y amor de sus amores.

Juan y Mercedes tenían razón. Jesús era un niño muy bonito, alegre y simpático, que se ganó el cariño de todos aquellos que lo conocían. Tenía el cabello rubio y rizado. Sus ojos azules desprendían la luz que iluminaba la casa y, la sonrisa de sus labios la llenaban de alegría.

Juan trabajaba en un museo de cera como vigilante y encargado del mantenimiento del local. Su vivienda estaba adosada al museo por la parte trasera. Se comunicaba con el edificio a través del jardín interior de la casa.

Cuando no tenía colegio, Jesús se escapaba de su casa y se iba con su padre a su puesto de trabajo. Juan le advertía:

-Pórtate bien y no me hagas enfadar. Si mi jefe te encuentra por aquí, me puede despedir y entonces perdería mi trabajo. Y si pierdo mi trabajo no tendremos dinero, y si no tenemos dinero, no podremos comprar comida, ni tú tendrás juguetes. ¿Entendido?

-Sí, Papá.

-Si vienen turistas, quédate inmóvil, como esas figuras de cera. No respires ni parpadees siquiera.

-Sí, papá.

El niño correteaba por los pasillos entre personajes y personajes, fijándose en cada posición de las figuras imitándolos de igual forma.

 

Un día de verano, Jesús se bañaba en una piscina inflable que su padre había instalado en el jardín. A pesar de que le gustaba mucho el agua, pensó buscar entre sus juguetes alguna cosa que le entretuviera, al tiempo que se refrescaba. Así pues, removió los cachivaches de una caja y cuál fue su sorpresa, al encontrar en su interior una flecha que atravesaba un corazón. Ya no recordaba aquel objeto, complemento del disfraz de cupido con el que se disfrazó el año anterior.

Loco de alegría por su hallazgo, se introdujo en el pasillo que conducía al museo con el fin de enseñarle a su padre su nuevo juguete. Entró en la sala como un torbellino, pero al instante quedó inmóvil al oír voces desconocidas. Recordó la advertencia de su padre y con la flecha en sus manos, desnudo y descalzo, se quedó plantado en una esquina del pasillo como una estatua sin apenas respirar ni parpadear. Desde allí observó cómo un grupo de gente se acercaba hacia donde él estaba. Al parecer, todos eran miembros de una sola familia.

-Mira, mamá, ¡un cupido! Dijo una joven adolescente.

-No grites, niña, que nos van a llamar la atención –dijo la madre.

"¡Arrea, ya me han visto! Si me descubren estoy perdido, entonces… mi padre… ¡No tendremos dinero ni me comprarán juguetes!" –pensó el pequeño al verse sorprendido.

-Es verdad, está allí, ¿no lo ves? ¡Está apuntando con la flecha hacia mí! ¡Eso quiere decir que aquí está el amor de mi vida!

-¡Pero qué tonterías estás diciendo, hija!

El niño sigue en la misma posición deseando que la familia desaparezca lo antes posible.

"Ay, ay, tengo ganas de hacer pipí y me parece que me lo voy a hacer encima" –se decía el niño, reprimiendo las ganas de salir corriendo.

-Mamá, yo quiero ese cupido.

-No seas caprichosa y calla. Pareces una niña pequeña, en lugar de una mocita.

"¡Qué pesada es… y yo me estoy haciendo pipí!"

-Pero es que no ves, mamá, que bonito es. Parece que me mira y me sonríe.

"¡Y dale otra vez con lo mismo! Que me me…ooo."

 

A pesar de su esfuerzo, el pequeño ya no pudo aguantar más y dejó escapar un hilito suavemente por su miembro viril, que ante la mirada de la muchacha, salió de entre sus piernas dispuesto a regar el suelo formando un arco como el de cualquier surtidor.

El resto del grupo observaban atentos algunos personajes importantes que habían llamado su atención, ignorando la presencia de Jesús. Mientras, la muchacha seguía insistiendo que quería aquel cupido.

-No insistas, hija. Esto no es una tienda en la que se puede comprar su contenido. Es un museo, así que compórtate como una señorita.

-Ya sé que es un museo. Pero ese cupido es especial y yo lo quiero. Ha hecho pipi y todo.

-¿Cómo que ha hecho pipi?

-Sí, bueno, creo que era pipi… ¿Volvemos a verlo?

-Ya lo hemos visto.

-Pero…

-No hay peros que valgan –respondió la señora bruscamente, cansada ya por la actitud de su hija.

Si el grupo se hubiese vuelto, no habría podido comprobar lo que la joven afirmaba. Cuanto Jesús se vio libre de aquellos ojos, se escapó corriendo por donde había venido. Dejó la flecha en la caja de los juguetes y con aquella sonrisa simpática, se metió en la piscina como si no hubiera ocurrido nada.

*****

 

Piedad Martos Lorente

miércoles, 17 de septiembre de 2025

SEPTIEMBRE

Poco a poco hemos ido dejando a tras el verano con sus temperaturas altas y agobiantes, que parecía que no tenían fin. No solamente a llegado septiembre, sino, que el verano está a punto de decirnos adiós para darle paso al otoño y a todo lo que este tiempo conlleva.

Deseosa que hayáis pasado unas vacaciones fabulosas, me despido hasta otro día, esperando veros sanos y con ganas de distraernos.

.

CANSADA Y RESIGNADA

 .

El destino cambió mi camino

aquella mañana de invierno,

cuando se escureció la luz del día

y todo se volvió negro.

Pero a pesar de todo

yo sigo adelante,

con el corazón triste

y la sonrisa por delante.

Cansada, eso sí

de no tener libertad,

de no salir cuando quiero…

y tenerme que esperar.

Cansada de que mis ojos no tengan luz,

de que mis ojos no vean tu cara,

de que mis ojos no vean…

lo que los tuyos   me callan.

Estoy cansada de la vida que me ha tocado vivir

sin llamarla ni quererla,

cuando yo tenía ilusiones por cumplir

en una edad muy tierna.

Pero la ilusión desapareció

aquella mañana temprano,

cuando todo se empañó

y me llevaban de la mano.

Estoy cansada de no ser quien yo soy

por el capricho del destino,

por encontrar obstáculos

a lo largo del camino.

Estoy cansada pero también pienso

que hay otros peores que yo,

así que retiro lo que he dicho

y aquí sigo con mis ojos al sol.

Que, aunque no lo veo

siento sus rayos sobre mi cuerpo,

y los saludos de la gente

a los que yo contesto.

Y qué importa si estoy cansada o no

si salgo todos los días,

con la sonrisa por delante

llena de bondad y alegría.

. 

Piedad Martos Lorente

 

 .

17 de septiembre de 2025

 

domingo, 24 de agosto de 2025

Relato número 2

EN UN TREN DE CERCANÍA

 

 

Hoy no viaja tanta gente. Al parecer todo el mundo se ha ido de vacaciones, se decían dos amigos que volvían de un pueblo cerca del suyo, cuando se dieron cuenta de una mujer que estaba en el andel para subir en el tren. Era una mujer mayor… bueno, no se sabe si en realidad era mayor o era la forma de vestir y el peinado, pero llamaba la atención. Se subió al vagón y se sentó frente a los dos amigos, no sin antes saludarlos con respeto y educación.

-Buenas tardes. ¿Está ocupado?

-No. Puede sentarse si lo desea.

Los dos hombres cogieron dos bolsas que había sobre los asientos y se disculparon. La mujer no era una mujer mayor, sino todo lo contrario. Era joven y muy guapa.

-Perdone. Como no había nadie lo hemos hecho servir nosotros, pero ya está.

El hombre que hablaba se quedó impresionado por la belleza que tenía frente a él y tubo que disimular para que su amigo no se diera cuenta. La mujer sacó un abanico y empezó a hacerse aire. El hombre comentó.

-Hoy hace mucho calor y el aire acondicionado del tren se ha estropeado y no funciona.

-Siempre pasa eso, que cuando lo necesitamos se estropea -dijo la mujer-. He venido de prisa porque si no es así lo hubiese perdido y ahora estoy acalorada por el esfuerzo.

El otro hombre observaba a su amigo y a la mujer y pensaba en la conversación tan simple que habían sacado. Y todo para hablar de algo y mirarla mientras hablaba, porque de guapa tenía un rato… valla, que era bonita y joven como a su amigo le gustaba.

-¿Vas lejos? -proseguía el hombre.

-No, voy aquí cerca por asuntos de trabajo.

-Ah. Pensaba que eras de aquí y resulta que vienes en busca de trabajo.

-Sí, empiezo en septiembre de maestra.

-¿De maestra? -preguntó el hombre que hasta entonces iba callado-. ¿No Irás a la pobla?

-Sí. ¿Ustedes también van al mismo sitio?

-Somos y vivimos en la Pobla -se apresuró el hombre primero antes que su compañero contestara, con la alegría en la cara sin poderla disimular.

-A lo mejor tendremos la ocasión de vernos cuando valla a buscar a mis hijos.

-Pues si tiene hijos lo más probable es que nos veamos.

Los tres rieron como si se conocieran toda la vida.

-Me voy a presentar. Me llamo Alberto y mis hijos Iván y sara.

-Yo me llamo Javier y soy soltero.

-Yo me llamo María y… soy viuda.

-Valla, cuanto lo siento.

Contestaron los dos amigos a la vez. La sonrisa de María desapareció de su rostro que dio paso al de la tristeza, que le acompañaba siempre desde aquella noche que jamás olvidaría.

-¿De enfermedad? -preguntó Javier.

-No. Murieron de accidente de tráfico nuestro hijo y él. Yo tenía reunión en el colegio y mi marido fue a casa de sus padres. Al volver un camión se le echó encima…

-Esto sí que es triste -añadió Alberto-, por eso, vamos a cambiar de tema y darle la bienvenida a esta hermosa mujer, que además de bonita es buena y se merece nuestro apoyo, que aunque no lo olvide, se sienta bien con nuestros hijos y pueda enseñarles y educarlos como si fueran suyos.

-Sí, eso me ayudará. He pedido el traslado aconsejada por el psicólogo, a ver si me siento mejor y lo olvido un poco.

-Con nuestra ayuda lo va a conseguir. Con nuestra ayuda y la ayuda de mi amigo Javier, aquí presente, que es una buena persona y simpático.

Tan entusiasmados estaban, que no se dieron cuenta que se habían pasado de estación.

 

Piedad Martos Lorente